El Despertar del Lobo Capítulo 49 #2
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Capítulo 49 #2

»¡Esto es lo que a él fortalecerá! —A apuntó al líder yakaramath con la extremidad sangrante del humano—, no ayunos de señorita de estómago delicado.

¿Quién le metió esa tonta idea en la cabeza?

¿Usted? Lárguese a fumar sus pipas de paz a otra parte, Jevrem tragará lo que es conveniente para su salud.

—Yo así lo quise.

—Habló el muerto de hambre…

—Damir —Radojka se enojó por el modo tan despectivo en cómo llamó a su hijo. Él lo amaba, pero a veces su severidad se pasaba—. Jevrem ha tenido sus crisis y ha logrado salir de estas. Pero lo que él, está viviendo, requiere de algo más que una dieta calórica.

—¿Meditar en una gruta? ¡Mírenlo como luce! Está en los huesos, le cuesta hasta para sostenerse en pie.

»Lo dejaré que medite, todo lo que quiera, pero deberá consumir carnes frescas —señaló el cadáver del excursionista, para que se recupere—.

No se va a comportar como Everett. ¿Qué ganó él cuando se accidentó del jet?

Casi pierde su nombramiento como Alfa de Kenai. —Lo que fue malo para él y para Ranko.

«Desgárrale la garganta a ese Nativo entrometido», Noé ansiaba probar la carne cadavérica del humano.

Jevrem sacudió la cabeza; se removía desesperado. ¿Cómo se atrevía a ordenarle matar al que ha sido su mentor por muchos años? Era como un padre para él.

«Ya no, ¡escucha lo que dice de ti!, eres débil para él. Un microbio que se pierde en el universo. ¿Vas a dejar que ese ignorante se aproveche de ti? Vino a apoderarse de todo lo que es tuyo, ¡hasta de tu hembra! ¿Lo vas a permitir?

—No —Jevrem miró con rabia a Ma-cheil, y este le sostuvo la mirada.

«¿Viste? Te está retando. Primero te hará ver ante los demás como un alfa en decadencia que debe ser despojado de su rango y de sus bienes. ¿Lo vas a permitir?

—No.

«¿Y qué piensas hacer?»

Nada. Macheil no es…

«¡Es malo! Quiere a tu hembra, lo demostró al mantenerla apartada de ti en su propia casa. Los yakaramath no hacen eso, no se meten en líos de falda. Esa disputa requiere de un duelo, y este es un cobarde. Te apuesto mi estadía en tu cuerpo a que ya se la folló y a esta le gustó».

—¡No!

«El nativo te está retando. ¡Míralo!, ¡míralos a todos!, observa cómo planean despojarte de todo lo que es tuyo. ¡Libérate de esos payasos, acaba con ellos!».

—¡NO!

«¡Mátalos!».

—¡¡Cállate!! ¡Arrggh…!

Damir se volvió hacia su hijo. ¡¿Con quién discutía?! Presentaba la misma reacción extraña de antes, como si fuese…

Intercambió miradas interrogantes con Radojka. ¿Era algún caso de clarividencia psicópata?

Esta se encogió de hombros.

—Enfóquese en su hijo —Ma-cheil le pidió a la progenitora—, ¿qué ve en él?

—¿Qué es lo que debe ver ella? —Damir inquirió al líder del poblado de Kuvani y luego dirigió su atención mortificada para observar la indumentaria sucia de Jevrem: su esbeltez, sus pómulos chupados, su palidez… ¿Su esposa qué debían ver: su decadente apariencia? Eso era bastante notable.

—Sujétenlo bien.

«¡Que se aparte esa bruja!», Noé percibió el peligro que esa hembra, ataviada en oro, representaba, pues sería capaz de leer sus pensamientos más ocultos.

Jevrem se movió y le gruñó a Radojka, acurrucada frente a él.

—Shhhhh… Tranquilo, soy mamá. No te haré daño.

«¡Que se aparte! Ella también confabula contra ti».

Las manos de Radojka acunaron las mejillas de Jevrem, que luchaba por liberarse del agarre rudo de los hombres de Damir. Afuera se hallaban los que velaban por el joven alfa, pero no intervenían, conscientes de que era por su bien.

Los ojos de Radojka puestos en los de Jevrem.

—Abre tu mente a mí, hijo. Muéstrame lo que te perturba…

«¡No lo permitas, te manipulará!».

Radojka tuvo que golpear fuerte para tumbar las barreras mentales que le impedían percibir los sentimientos de su único hijo.

No podía ver su pasado ni el futuro, y del presente, este apenas se dilucidaba.

Sostenía su rostro para inmovilizarlo; «¿qué ocultas de mí?

», le preguntaba al subconsciente de Jevrem, a la parte que él no dejaba ver, la que lo atormentaba.

Jevrem, renuente, le mostraba los colmillos.

«Muerte, perra».

—Cá-lla-te… —la poca consciencia de Jevrem luchaba para callar a esa voz que cada vez más lo dominaba.

—¿Qué ocultas?

«A mí».

Y la mirada de Jevrem se tornó oscura.

Podrida.

Arcadas golpearon el estómago de Radojka, quién se arrojó a un lado para vomitar.

—Mamá…

¿Qué le hizo Noé a ella?

«Eso le pasa por metiche».

—¿Qué percibió, señora Radojka? —Ma-cheil observaba la segunda sombra que se extendía más allá de la del joven alfa. Manifestaba su presencia. A ver…, ¿qué van a hacer para detenerlo? Era un claro signo de posesión.

—No es… —ella lloró—. No es mi hijo. Él no es mi hijo.

*****

—¡Cómanse esta mierda! —A causa de la frustración, el cadáver del excursionista fue pateado por Damir a sus hombres, que aceptaron gustosos el alimento.

Vernon arrancó el brazo que aún pendía del torso del humano. Hoffman se apoderó de la pierna derecha. Rice de la izquierda. Field abrió el estómago, con sus garras, y hurgó hasta hallar avaricioso el páncreas y el hígado.

Marvin arrancó las partes íntimas.

Se llevó el pene del cadáver a la boca, y lo saboreó con una delicadeza mientras miraba insinuante al Alfa Regional.

Este arqueó las cejas, y su propio pito palpitó.

Mmmmm, se le había antojado correrse en la boca de ese guardaespaldas, quien parecía expresarle con esa acción: «Mira lo que te haré cuando esté arrodillado frente a ti».

Los compañeros no se daban cuenta porque se abocaron a su festín con el cadáver humano, pero Marvin hacía que le daba una mamada al pene arrancado. «Así te lo mamaré», sus ojos pícaros puestos en el miembro duro de su amo. Y Damir medio le sonreía, con esa mirada cómplice de, «hoy».

Dejó a los muchachos de ambas comunidades para que resguardaran a Jevrem, que se empecinó en estar postrado en esa gruta hedionda.

Radojka y Ma-cheil se habían largado a la cabaña, conversaban de manera cordial.

Mientras tanto, Damir los dejó que se alejaran, no le importaba eso dos.

Meditaba en lo que iba a hacer a continuación, llamaría al mejor psiquiatra para que evaluara a su hijo, era claro de que este sufría de un trastorno postraumático severo.

Por lo pronto, necesitaba de una hembra caliente que lo abrigase por las noches, y él tenía a la candidata perfecta.