Capítulo 28
—¡Maldita sea, no se puede! —gruñó la encargada de recolectar los especímenes masculinos de nivel alfa, requeridos para la procreación de una nueva raza de lobos poderosos que solo obedecerían a la voz de su amo. Un arma biológica caminante que pocos tendrían para el dominio de los reinos.
Por capricho de su amo, que, a pesar de ellos haber sufrido muchas bajas al ser atacada la fortaleza, debían llevarse a uno que el mar no pudo tragarse, pero les costaba por la cantidad de guardaespaldas que había por esa zona boscosa.
Hacerse de dicho alfa les resultaría como si ellos pretendieran secuestrar al mismo Soberano; siempre tenía docenas de ojos sobre este, vigilándolo y protegiéndolo.