El Despertar del Lobo Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

—¡Planificábamos! —lo gritó—. Anna Morris nos importa, no íbamos a permitir que la esclavizaran.

Pero corriste como un loco; no sé si eres un lobo con suerte o un demente, pero tendrás que agradecer a los dioses de que Kerenor no te haya destrozado.

—Aún no le sacaba en cara la misión que él cumplió para salvarlo—.

La manada trabaja unida, y más cuando se trata de afrontar a esos vampiros.

Ellos saben bien lo que es trabajar en equipo; el que va por su cuenta, es el primero que cae en batalla.

Los planes se trazan con antelación, se distribuyen las funciones, se determinan las posiciones…

»En cambió tú… Fuiste presa de la desesperación y de tu estupidez.

Jamás lo habrías logrado por tu cuenta o con ayuda de Zafira, por mucho que la suerte les hubiese estado de su lado.

Los vampiros nos superan en tácticas de guerra, en astucia y malicia; te tuvieron consideración por ser mi hijo, porque de ser otro, te habrían desollado para convertirte en alfombra.

—¿Qué sucederá con Anna y con Zafira?

—Anna ha pasado por mucho, como para añadirle más castigos. Pero Zafira será despedida.

—¡¿Despedida?! —Estrujó la botella de plástico y la arrojó lejos por el cabreo—. ¡Ella solo me cuidaba! Es amiga. No puedes despedirla por mi culpa.

—Que esto te sirva de escarmiento: tus acciones afectan a otros.

—¡¿Y qué será de ella ahora?! —inquirió de inmediato—, ¿quién la contratará si, el mismo Soberano la despidió?

—La mandaré lejos donde nadie la señale.

—¿Adónde?

—Lejos.

—¿Adónde, papá?

—Lejos.

—¡Maldita sea tus castigos!

—¡¡Maldita sea tu insensatez!! Ocho de mis hombres murieron por tener que cumplir con las condiciones de «rescate».

Jadeó.

—¡¿Ocho?! —Su expresión afligida—. ¿Quiénes fueron?

—Luego te enteras cuando seas el que le dé el pésame a cada familia que perdió a un pariente.

¡Le darás la cara a todos en sus respectivos funerales!

—Cada cuerpo de sus guerreros fue recogido del campo de batalla y apilados en los maleteros de los Land Rover.

A ninguno dejaron atrás, sin importar si de estos solo quedaba un brazo o una pierna.

—Papá, no quería que eso pasaría. Yo no pensé...

—¿Y qué crees que iba a pasar si tú y aquella tonta se las dieron de superhéroes?

—lo cuestionó—. ¿Sabes por qué no los mataron?

¿Por qué esa consideración…? Tuve que ayudar a ese vampiro a derrotar a un enemigo —finalmente le reveló lo que su impulsividad de enamorado causó—.

Nos hemos inmiscuido contra nuestra voluntad en una guerra que no nos concierne, y todo por salvar a un lobato que se cree adulto.

Cada palabra increpada por el padre era un duro golpe al orgullo del muchacho, que, a pesar de las bajas sufridas por su causa, Erik justificaba sus acciones como si fuesen de mérito.

Lo había hecho por amor, no habría soportado un minuto más de vida sin Anna Morris, quien ha sido desde su niñez, los brazos y el corazón donde el suyo reposaba seguro.

Por ese motivo, sus piernas corrieron veloces en dirección hacia donde ella peligraba; pavimentando por delante un camino que los conduciría a la aniquilación.

Solo pensó en su propio sufrimiento, que ni le importó que otros la pasaran peor que él.

Su egoísmo afectó a familiares, amigos y al reino canidae de esas tierras que se extendían desde los glaciares del norte hasta los del sur.

—Asumo mis culpas, me comporté como un idiota, y si tengo que sufrir cien latigazos, por mi imprudencia, yo mismo llevaré la cuenta mientras me revientan la espalda con el látigo.

Tío Damir se puede encargar de ello. Pero Zafira no debe pagar por mi desobediencia, ella trató muchas veces de hacerme razonar.

Arriesgó su vida por mí; actuó según lo que consideró fue lo más conveniente para mantenerme a salvo.

Everett no replicó ni apaciguó la preocupación por la amiga de su hijo. Se mantuvo hermético de lo que pensaba hacer con respecto a esa hembra, pues esta seguiría en contacto con su familia, y a él ya no le agradaba.

Sus hombres retornaron al cabo de una hora. Sanderson cargaba acuestas un búfalo macho de buen tamaño, que sirvió para que los dos miembros de la realeza se alimentaran.

Everett se llenó el estómago, para que su sistema regenerativo se activara enseguida.

En cambio, Erik, le daba igual si se mantenía por más tiempo con la cara amoratada y las extremidades adoloridas, había perdido el apetito, por las bajas de los hombres de su padre y por el despido de Zafira.

Pero fue obligado a consumir una ración grande de carne cruda.

Los huesos del animal se esparcieron en los matorrales, y, antes de partir a Montana, Everett le pidió a uno de sus hombres, de recoger la botella vacía de agua, que su hijo había arrojado a unos metros de allí.

El sol aumentó su fulgor, y el aire acondicionado de los Land Rover a todos los refrescó del sudor. La caravana emprendió camino a velocidad moderada hacia el aeropuerto, ya era hora de tomar un vuelo a casa; si los muchachos quedaron con hambre; al llegar a la villa que asaltaran la cocina.

Everett le marcó a Isabel, y esta atendió a su llamada, tras dos repiques del móvil.

El acuerdo entre los dos fue que, él se comunicaría con ella, para evitar que una alerta de mensaje o audio, delatara su ubicación, o que algún vampiro se apoderara del móvil. Prohibido atender si no lo escuchaba a él, hablar primero.

Hubo dos buenas noticias que intercambió el matrimonio.

Everett: Erik ya estaba con él, a salvo y sin heridas que lamentar.

Isabel: Jevrem estaba vivo.

—¡Alabado sea Licaón! ¡¡Es una excelente noticia!!

—¿Qué sucede? —Erik, sonreía sin saber, del porqué este explotaba de júbilo. Lo más probable, su mamá estaba de nuevo embarazada.

Tras un «te amo», «ya estamos en camino a casa», «él está bien, no sufrió rasguño», «qué bueno saberlo», «dale mis saludos, pronto iré a allá…», su padre colgó y luego guardó el móvil en la guantera.

—¿Tendremos un nuevo hermanito? —Erik agradecía a todos los santos lobunos por esa noticia que a dicho rey le disipó el cabreo.

—Me encantaría que fuese así, pero es otro acontecimiento que a todos alegran.

—¿Y cuál es?

—Jevrem está vivo.

Como si hubiese recibido un fuerte puñetazo en la cara, Erik dejó de sonreír.