El Despertar del Lobo Capítulo 18
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Capítulo 18

A Zacarías Yates le daba mala espina la camioneta negra que lo seguía.

No se trataba de paranoia; desde hacía varios kilómetros el todoterreno circulaba detrás de su auto, a pesar de los desvíos y los semáforos en rojo que él pasaba por alto.

A través del espejuelo del parabrisas, Zacarías mantenía una vigilancia constante con su perseguidor, no podía ver quién era el que se empeñaba en cagarlo del susto, el vidrio polarizado impedía observar al conductor.

Se planteó confrontarlo, pero lo haría fuera de ese pueblo que desconocía; ese día debía presentarse en la asamblea de Alfas Comunales donde tratarían sobre las invasiones que sufrían entre las manadas locales que no respetaban las zonas señaladas.

Observaba cómo la aguja de su velocímetro aumentaba, al pisar a fondo el acelerador, y el sujeto de la camioneta seguía pegado a su auto.

Ahí se dio cuenta de que aquel deseaba matarlo, porque dudaba que fuese tan idiota de asaltarlo. Si es que era humano…

Conducía veloz para salir del pueblo; una vez se halle en un lugar más abierto, por donde él después sea capaz de huir sin problemas, cambiaría su anatomía y le daría una paliza.

Y, sin esperárselo, otra camioneta se atravesó en su camino.

Al frenar abrupto, Zacarías golpeó su frente contra el volante. ¡Hijo de…! Escupió una increpación, por lo visto tendría que arrancarle a ese sujeto la piel que envuelve su esqueleto.

Por desgracia, no tuvo tiempo de reaccionar cuando, el de la camioneta atravesada, disparó hacia él.

Un balazo le perforó el pecho. La herida fue tan grave que perdió el conocimiento.

Instantes después se halló en la parte trasera de una de las camionetas negras, encadenado de brazos y piernas.

Y, para cuando quiso protestar, una rubia le inyectaba un líquido en el cuello.

Esta sonrió a sus compañeros, resultó sencillo como las anteriores veces.