El Despertar del Lobo Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

—Te has rendido sin siquiera luchar —le decepcionaba la gallardía que se esfumaba en su compañera. A él tendrían que dominarlo entre varios para que no fuese capaz de enfrentarse a unos paliduchos que se debilitaban bajo el sol.

—¿Hay alguna posibilidad de librarnos de esta? —El dedo señalando airado el collarcito que les «obsequiaron» a las malas, y luego el entorno donde los dos se hallaban encerrados—. Me parece que de este lugar de mierda nos sacarán en bolsas negras.

—Luchamos —la miró, determinado a fracturas cuellos y partir colmillos.

—Y nos harán explotar.

—Entonces, ¿esperamos a que nos hagan pedazos? Si tú no pretendes hacer nada, por salvar tu culo, yo sí. De aquí salgo vivo, de un modo u otro.

Zafira rio.

—Digamos que lo consigues: sales de esta celda, te bajas a unos cuantos chupasangres.

Pero ¿tendrás la fuerza suficiente para combatir a un batallón?

Quién sabe cuántos de estos seres hay en esta edificación, tal vez unos cincuenta o cien…

, se multiplican como ratas, cada vez son más y más.

¿Cuántas mordidas serás capaz de aguantar antes de sufrir una convulsión?

—Tendré más posibilidad si cuento contigo. Te mueves bien.

—Pero no tengo la fuerza de cien hombres, y con este collar…

—¡Al carajo el collar! —abandonó la pose de antes, para confrontarla—. Parece que tuvieras miedo, Zafira

—¡LO TENGO! —Sus ojos llamearon—. Ni alcanzaremos a salir de aquí antes de que nos despedacen. Por mi culpa estamos en esta situación, debí detenerte, pero opté por ayudarte.

—Porque eres mi amiga.

—Lo que es más reprochable —masculló, llorosa, mientras se deslizaba cuesta abajo por el muro, para volver a sentarse en el piso.

Sus piernas se resistían a seguir sosteniéndola—, debí anteponer mi deber de protegerte en vez de actuar como una lobata ena…

—enmudeció por lo que estuvo a punto de revelar.

Erik se mantenía atento a esa palabra inconclusa, la terminaba con cierta angustia en su mente; no sabía qué sentir al respecto—.

Có-cómo una impulsiva. Debí darte un porrazo en la cabeza.

Él medio le sonrió, y, una vez más, seguía imitando las posiciones que la joven adoptaba a causa de su inquietud.

—Qué bueno que no lo hiciste —dijo con una socarronería que no causaba gracia—. Anna tiene más posibilidad de ser rescatada, porque los Spencer…

—¿Y a nosotros quién nos rescatará si no lo conseguimos? —Abrazó sus piernas dobladas hacia su pecho, como si fuesen un escudo que la protegería de ser lastimada por los vampiros.

El dorso de la mano de Erik acarició el brazo colindante de Zafira a su costado derecho.

—Zafira, ¿qué prefieres? —le inquirió en un tono conciliador para captar su atención, ya que parecía ida, por estar analizando a profundidad todo lo que él le expresaba; y funcionó, porque enseguida sus ojos rodaron, a su brazo, por donde él la tocó, y luego lo miró directo a los ojos—: ¿Esperar a que nos torturen o escapar de este lugar?

Si no tienes fe de que ese vampiro nos intercambie por algo que necesite a su favor, la pasaremos mal.

Así que, no nos queda otra alternativa que afilar las garras.

—Salimos y nos largamos sin mirar atrás.

—Sin Anna, no.

—¡Sin Anna!

—Escapas tú. Yo iré por ella.

—¿Adónde, Erik? ¿Estás seguro de que en este lugar la tienen? Escaparemos sin mirar atrás. Se lo debo a tus padres. —Por el honor de ella frente a su familia y la de la villa. No serían objeto de burlas.

Gruñó.

—¡Maldita sea, Zafira! Tú no eres la líder aquí. ¡Soy yo! En estos momentos soy tu alfa, tu amo, y obedecerás. Rescatamos a Anna, ¡cueste lo que cueste!

Al momento en que Erik, la gritó, Zafira había cerrado los ojos, pues el mandato hipnótico la hubiese doblegado.

Asintió, reticente, esquiva en su mirada y bastante contrariada. Así todo saliese bien…, ¿qué le aguardaría a ella en la villa? Lo suyo carecía de perdón, fue negligente como protectora.

El chasquido en la hendidura de la puerta aceleró el corazón de los jóvenes lobos. Ni alcanzaron a trazar un plan por estar discutiendo.

Erik se puso en pie y se envaró.

Zafira se tensó y reptó su espalda por el muro, para levantarse con rapidez. Se mantuvo detrás de Erik ante el inevitable ingreso de sus carceleros.

Eran cuatro sujetos, bastante corpulentos y con cierta ascendencia mediterránea. Apestaban a sudor y burdel, sus amarillentos colmillos –a falta de aseo bucal– se perfilaron amenazadores.

—Tú, acompáñanos. —El que le había advertido de no quitarse los collares-bomba, le ordenó con rudeza a Zafira.

—¿Adónde la van a llevar? —Erik se mostraba preocupado por su compañera de celda. Zafira lucía pálida.

—A divertirnos, ¿a qué más? ¡Vamos!

—¡Erik! —La loba chilló por el golpe que este recibió en cuanto se arrojó contra el vampiro, para derribarlo. Sin embargo, tanto Erik como Zafira, habían olvidado la velocidad superior de los chupasangres, en comparación a los metamorfos.

El líder logró evadirlo y al instante entre dos le cayeron a Erik.

Las garras de este, arañaban el aire al no hallar destino, y sus colmillos comieron polvo. Lo pateaban, lo golpeaban y mordían. Erik gritaba adolorido, pero seguía defendiéndose.

—¡Malditos! —Zafira se abalanzó hacia uno de grasosa cabellera rubia; entre dos tenían más posibilidades de sobrevivir.

Pero los superaban en número, y el vampiro en cuestión ya volaba un puño hacia ella.

Su cabeza impactó en el muro, dejándola atontada que hasta sus pensamientos se borraron de golpe.

Perdió por un instante la conciencia, y al segundo siguiente descubrió que la agarraron de los tobillos para arrastrarla fuera de la celda.

—¡ERIK!

—¡Déjenla, ella nada sabe! ¡¡Déjenla!! —Erik gritaba mientras lanzaba zarpazos a los vampiros.

Logró herir a uno en el pecho y en el brazo, pero esto provocó a que otro de los carceleros, le rociara un líquido disparado por un spray, que le hizo arder los ojos y le costara respirar.

Estrellas vio ante el impacto de su rostro en el suelo. Sus brazos flácidos, sus piernas entumecidas, su boca seca y jadeante. Sus ojos sin luz y ardiéndole como si tuviese llamaradas internas. Zafira se sintió mal por ser pésima estratega, pero él era pésimo en todo, que ni pudo protegerla.