El corazón de Cañadulce Interludio VI
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Interludio VI

Yo, Aurora Berrocal Pinto, de cincuenta y cuatro años, con obrador abierto en la plaza de esta villa, escribo esto de mi puño y letra y lo llevo a la parroquia para que se guarde.

Lo escribo separado, porque no todo lo que sé lo sé igual.

Lo que yo vi.

Lo que me contó Remedios.

Que su padre debía dinero a don Fernando de varios años. Que había un papel firmado y que la deuda se perdonaba el día que ella se casara. Que a ella no le preguntaron.

Lo que me escribió Ginés.

Dos cartas, en marzo de 1959, desde Sabadell.

Que a Remedios no le debía más que el camino y que lo que él quería se quedaba aquí.

Que le pusieron condiciones para dejarle marchar: irse, no volver, y que si volvía había quien lo denunciaba por llevarse a una muchacha menor de veintitrés años, aunque ella hubiera querido irse.

Y que don Fernando puso como precio que se contara que ellos dos se querían.

Lo que me contó mi tío Rafael.

Que entró en la choza con Sebastián Quirós el martes 17 por la mañana.

Que estaban vivos, con los pies mal. Que no estaban abrazados, que estaban cada uno contra una pared con la lumbre en medio.

Que fuera esperaban once o doce hombres y que esos los vieron salir, pero no vieron cómo estaban dentro.

Lo que yo he sacado en claro.

Que la historia de que se querían no la inventó el pueblo. La puso don Fernando como condición y los demás la aceptaron porque a todos les venía mejor.

Lo que no he podido comprobar.

Qué se habló en el ayuntamiento la noche del lunes 16, que sé que se reunieron los tres porque lo vio un niño en el pasillo, pero no sé qué se dijo.

Ni quién decidió que en la ruta se dejara de nombrar a don Fernando.

Dos condiciones.

Primera. Que esto no se haga público mientras yo viva. Después de mi muerte, entréguese copia a mis herederos y al ayuntamiento en cuanto se intente registrar la receta, ceder oficialmente su nombre o volver a modificar la versión institucional de febrero de 1959.

Segunda. Que el nombre corazón de Cañadulce no se conceda en exclusiva a ninguna persona ni a ninguna familia, y que la receta no se reserve de manera permanente a una sola casa.

Aurora Berrocal Pinto