Capítulo 28
—Encarna hoy no viene, que tiene lo de la residencia.
—Ya lo sé.
Lo sabía. Los martes va a la residencia de Olvera desde hace años. Lo sabía y por eso pedí el martes.
Eso también lo escribo.
Don Julián se sentó en la silla de la puerta con el móvil y me dijo que tenía hasta la una y que de allí no salía ni un papel.
Uno. El libro de reorganización.
Se lo pedí primero porque es lo que hay que pedir primero. En un archivo pequeño, cuando alguien lo reordena, deja un libro. Aquí es un cuaderno grande de tapa dura, y en la primera hoja pone Reorganización del archivo parroquial. 1994 , y está firmado al pie de cada página.
E. Pinto. Página por página, ochenta y siete páginas.
En la sesenta y dos, en el bloque de la balda de varios, hay una entrada escrita con su letra:
Legajo 12. Varios. Declaración de A. B. P., cuatro folios, en sobre. Se archiva.
Se archiva , no se recibe . Se archiva lo que ya tienes en la mano.
Dos. El sobre.
Estaba en la caja, con lo demás. Es un sobre grande, de los de antes, amarillo. Está abierto por el lado largo, con corte limpio de abrecartas y no rasgado.
En el ángulo superior derecho, a bolígrafo azul: E. P. 94.
Eso es lo que hace un archivero cuando abre algo y lo clasifica. Pone sus iniciales y el año. Lo hacen en todos los archivos del mundo y lo hizo aquí.
Tres. El libro de consultas.
Es una hoja por mes con cinco columnas: fecha, legajo, quién lo saca, motivo y firma.
Enero de 2026 tiene tres líneas. Dos son de una señora que está haciendo el árbol de su familia, del día 12 y del 19.
La tercera dice:
30 de enero. Legajo 12. Reorganización interna. E. Pinto.
El 30 de enero.
La respuesta que le dieron a Diego, la de que el legajo estaba en proceso de reorganización, es del 29 de enero al mediodía.
Al día siguiente.
Cuatro. El cordel.
Los legajos de esa balda están atados con bramante. Todos tienen el color que coge el bramante en una habitación con humedad y sin ventilar en treinta años, que es un tostado sucio.
El del doce es blanco.
Cinco. La etiqueta.
Todas las etiquetas de esa balda son de cartulina, con el borde amarillo y escritas a plumilla con una letra de los años cincuenta.
La del doce es de cartulina nueva, escrita a bolígrafo, con la misma numeración y la misma abreviatura que usa ella en el libro de reorganización. La misma letra que hay ochenta y siete veces en el cuaderno de 1994.
Seis. El polvo.
Y esto es lo que a mí me convenció, y no sé si convencería a nadie más.
Esa balda tiene polvo de treinta años. En el sitio donde estaba el legajo 12 hay un rectángulo limpio, con el borde marcado, del tamaño de la caja.
Y el legajo 12 no está ahí. Está dos baldas más abajo, al final, detrás de dos cajas de cuentas de cofradía, en un hueco que no le corresponde según el propio libro de reorganización de 1994, que dice en qué balda va cada cosa.
Lo movieron. Y lo movieron hacia abajo y hacia el fondo, que es donde se pone lo que no se quiere que se vea desde la puerta.
Y dentro estaban los cuatro folios.
Manuscritos, por las dos caras, con una letra que yo conozco mejor que la mía.
No los leí allí. Se lo di a don Julián y le pedí copia.
—¿De todo?
—Del libro de reorganización, la página sesenta y dos. Del libro de consultas, enero. Y de los cuatro folios.
Me hizo las copias en la fotocopiadora de la sacristía, y en cada una escribió a mano Copia auténtica del original obrante en este archivo , la fechó, la firmó y la selló, que es lo que puede hacer él porque es el titular y yo no.
Los originales se quedaron allí.
Salí a la una y diez con una carpeta y me senté en el banco de la plaza a pesar el frío, porque necesitaba escribirlo antes de que se me mezclara.
PROBADO. Que Encarna Pinto tuvo esos cuatro folios en las manos en 1994, que abrió el sobre, que lo marcó con sus iniciales y que lo archivó.
Que el 30 de enero de 2026, un día después de que se le denegara la consulta a Diego, sacó ese legajo y lo cambió de sitio.
Que en octubre de 2025 firmó una certificación diciendo que en este archivo no hay documentación que contradiga la memoria histórica.
INFERIDO, con mucha fuerza y sin prueba. Que sabe lo que ponen esos cuatro folios. Nadie abre un sobre, cuenta los folios para escribir «cuatro folios» y lo cataloga sin leerlo. Pero eso es lo que yo creo que hace una persona, no lo que dice un papel.
NO PROBADO Y NO INFERIBLE. Por qué.
Subrayé la última línea.
Y luego me di cuenta de una cosa que me dejó sentada en ese banco diez minutos más.
Lo que yo tenía en aquella carpeta no demostraba absolutamente nada sobre 1959.
Demostraba lo que había hecho una mujer de setenta y tres años en las últimas cuatro semanas.