Capítulo 27
Se ve a simple vista en cuanto lo miras con esa intención, porque las entradas están alineadas con la columna y esta no. Está escrita atravesada, ocupando las cinco columnas, con la misma pluma pero con más tinta, como se escribe cuando uno apoya de más.
Dice, entero:
Octubre. Llevado a la parroquia. Cuatro folios. Que lo guarden.
Nada más. No hay una fecha exacta, no hay un nombre, no hay ninguna instrucción, no hay ningún acertijo. Mi abuela no dejó pistas para nadie porque mi abuela no estaba jugando: estaba apuntando una gestión, en el sitio donde ella apuntaba las cosas, que era ese cuaderno.
Cuatro folios.
Me quedé mirándolo con el pulgar encima.
Y entonces pensé tres cosas seguidas, y las pongo en el orden en que llegaron porque el orden importa.
La primera fue: existe un documento.
La segunda fue: en octubre de 2025 alguien firmó que en esa parroquia no hay ninguna documentación que contradiga la versión oficial de este pueblo.
Y la tercera llegó como llegan las cosas que uno se ha guardado en un cajón: el legajo 12, varios, se encuentra actualmente en proceso de reorganización.
Eso me lo enseñó Diego en el móvil el jueves 29 de enero, sentado en la mesa del fondo, y yo le dije que Encarna tiene setenta y tres años y un radiador de aceite y que si dice que está reorganizando es que está reorganizando.
Lo defendí. Con argumentos buenos. Y los argumentos eran verdad.
Aquí es donde la pregunta cambió, y a partir de aquí ya no volví a preguntarme lo que me había estado preguntando durante un mes.
Dejé de preguntarme qué pasó en 1959.
La pregunta pasó a ser: hay cuatro folios que mi abuela llevó a la parroquia en octubre de 1991. ¿Dónde están, quién los ha consultado, quién los ha movido y quién ha firmado que no existen?
Y la última parte de esa pregunta ya tenía respuesta desde el 30 de enero, y la respuesta estaba escrita con su nombre y sus dos apellidos, y yo llevaba diez días llamándola formalidad.
No fui a hablar con Encarna.
Estuve toda la tarde pensándolo y decidí que no, y decidirlo me llevó tres horas y me dejó una cosa en el cuerpo que no me quito.
Porque si voy a hablar con ella y le pregunto y me dice que no hay nada, se acabó. No tengo manera de comprobarlo. Es su archivo, es su llave, es su firma y es mi tía.
Y si voy después de haberlo comprobado, ya no le estoy preguntando.
Lo que hice el lunes por la noche fue escribirle un correo a don Julián.
Don Julián Cepeda lleva tres parroquias, vive en Setenil y viene a Cañadulce los domingos y los jueves. Es el titular del archivo. Encarna lo lleva por delegación suya, y eso lo sé desde siempre, como se saben las cosas de un pueblo, sin haberlo pensado nunca.
Le pedí consulta del legajo 12, varios, por escrito, con el motivo, y le pedí que estuviera él delante.
Contestó el martes a las siete y media de la mañana. Dijo que sí y que a las once.