Capítulo 17
Treinta consumos registrados en lo que va de temporada. Nueve sin efecto.
Nueve de treinta.
Los siete salieron de bandejas mías.
Lo escribí y me quedé mirándolo, y luego escribí debajo, porque llevo tres años dando clase de esto a Rocío y me lo he dicho a mí misma mil veces: siete de siete no es una conclusión cuando yo hago la mitad de las bandejas y llevo doce días de registro.
Con doce días y siete casos no se demuestra nada. Se apunta y se sigue.
Lo apunté y seguí.
Lo del formulario, mientras tanto, había cogido vida propia.
En doce días había repartido diecinueve hojas de incidencia, que son quince más que reclamaciones ha habido, porque la gente pide la hoja por si acaso. Se han llevado hojas dos guías, la chica de turismo, un señor que quería una para su cuñado y Encarna, que se llevó tres sin decir para qué.
La casilla libre, la de Descripción de la incidencia , ha dado lo siguiente:
«Nada.»
«Yo esperaba otra cosa.»
«Mi mujer sí y yo no.»
«Se acordó pero de una cosa mala.»
Y la mejor, de una señora de Écija: «No es que no funcione, es que a mí me ha salido regular.»
El viernes vino un hombre a pedir una hoja de incidencia para reclamar que la hoja de incidencia no tenía una casilla donde poner lo que había recordado.
Le dije que esa casilla se había quitado a propósito.
Me preguntó por qué y le dije que porque el ayuntamiento no puede reconocer por escrito que aquí pasa lo que pasa.
Se quedó pensando y me dijo que eso era muy fuerte. Y lo es.
Charo me pidió la copia mensual el día 26, cinco días antes de que acabara el mes, y me la pidió por escrito.
Y a las once de la noche de ese martes hice lo que llevaba tres semanas sin hacer, que fue leerme el expediente entero.
Yo firmé la adhesión y el reglamento de uso. Eso lo leí en noviembre y lo leí bien. Pero hay una pieza que yo no firmé, que la firmó Merche, y que no me había leído nunca: la memoria histórica.
Son cinco puntos y no llega a un folio.
El primero, el segundo y el tercero son la historia de siempre, escrita en administrativo, que es la manera más fría que hay de contar una mentira.
El cuarto dice esto:
El Ayuntamiento solicita la titularidad de la marca y propone al obrador Berrocal como único productor autorizado, por ser la familia Berrocal depositaria exclusiva de la receta y del procedimiento tradicional.
Depositaria exclusiva.
Lo leí tres veces, como leo yo las cosas.
En Cañadulce saben hacer esa masa, tirando por lo bajo, cinco personas.
Rocío la hace todos los días. La hija de Angustias la hacía cuando trabajó aquí en los noventa.
Hay dos mujeres en la calle Nueva que la hacían para las fiestas de su cofradía y que la hacen mejor que yo el hojaldre.
Y está la de la panadería de arriba, que no la hace porque no le da la gana.
La receta no la inventó ninguna casa. La escribió mi abuela una tarde de febrero de 1959 para que dos personas comieran tres días.
Y ahora había un papel del ayuntamiento, firmado en octubre, que decía que esa receta y ese procedimiento son de mi familia en exclusiva. Y ese papel llevaba tres meses en un expediente y yo no lo había leído porque no era mío firmarlo.
Aquí es donde la gente espera que yo diga que me indigné.
Lo que hice fue coger la memoria, meterla en la carpeta de gomas del cajón de los pedidos y darme cuenta, al cerrar el cajón, de que dentro estaban ya las dos cartas de Ginés Ocaña, mi adhesión firmada y la carta del banco.
Las cuatro cosas en la misma carpeta.
Eso no lo había organizado nadie. Se había ido juntando solo.