El corazón de Cañadulce Capítulo 16
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Capítulo 16

Le pedí el archivo a Encarna el domingo, después de misa, en la puerta de la iglesia, delante de cuatro personas.

—¿Y tú qué buscas en el archivo?

—Cosas del cincuenta y nueve.

—Ay, hija.

—Es para lo de la marca. Hay que documentar la parte histórica.

Eso último era mentira y me salió sola, y salió bien, porque Encarna no volvió a preguntar.

—El lunes a las diez. Y con los guantes puestos, que ese papel está como está.

El archivo parroquial de Cañadulce es una habitación de tres por cuatro detrás de la sacristía, con una ventana alta, estanterías de obra hasta el techo y un radiador de aceite que Encarna enchufa media hora antes por el papel, no por las personas.

Está ordenado. Eso lo primero. Está mucho mejor ordenado que mi almacén.

Los libros sacramentales van por siglos en la pared del fondo.

En la de la izquierda, los expedientes matrimoniales, atados en legajos por décadas con un cordel y una etiqueta escrita a mano.

En la de la derecha, cofradías, cuentas de fábrica y una balda entera de cajas rotuladas Varios con un número.

Encarna se sentó en una silla junto a la puerta con el abrigo puesto y no se movió en dos horas.

—¿Qué año?

—Cincuenta y nueve.

Se levantó, fue directa a la balda de la izquierda y bajó un legajo sin dudar, como se baja algo que se ha bajado antes.

—Toma.

El expediente matrimonial es un cuadernillo de cuatro hojas grapadas con una grapa oxidada. Encabezado impreso, huecos rellenos a mano con tinta que se ha vuelto marrón.

Expediente matrimonial número 3 de 1959.

Contrayente: don Fernando Lisón Guzmán, de cincuenta y un años, propietario, natural y vecino de esta villa.

Contrayente: doña Remedios Otal Ruano, de diecinueve años, natural y vecina de esta villa.

Fecha de incoación: 2 de febrero de 1959.

Me quedé quieta un rato largo.

Yo iba buscando una confirmación. Angustias me había dicho que la muchacha estaba prometida con uno mayor, y yo iba a comprobar si eso era verdad. Y lo era, y estaba escrito, y tenía nombre.

Cincuenta y uno y diecinueve.

—Encarna.

—Dime.

—Aquí pone que iba a casarse con don Fernando Lisón.

—Sí.

Así, sin más. Sí.

—¿Tú lo sabías?

—Yo tenía seis años, hija.

—No te he preguntado si te acuerdas. Te he preguntado si lo sabías.

Encarna se recolocó el abrigo con las dos manos, en dos tiempos.

—En un pueblo se sabe todo. Sigue mirando, que a la una tengo que cerrar.

Seguí mirando.

La segunda hoja tiene las amonestaciones. Tres casillas para tres domingos, con la fecha y la firma del párroco. La primera está rellena: 8 de febrero de 1959. Las otras dos están en blanco.

Y en el margen izquierdo de la última hoja, en horizontal, con la misma tinta y la misma letra, hay una anotación de tres líneas.

Cancelado el presente expediente por haberse ausentado de la localidad la contrayente. Cañadulce, 20 de febrero de 1959. Á. Terrones, pbro.

La leí. Pasé a otra cosa. Volví.

Y a la tercera vez me di cuenta.

Vamos despacio, porque esto es lo único que he encontrado en toda esta historia que se sostiene solo, sin que haya que creerse a nadie.

La versión oficial de Cañadulce, la que está en la placa, en el folleto, en la web y en la parada tres de la ruta, dice que los encontraron al tercer día y que estaban vivos. Salieron la noche del 14. Los encontraron el 17. Eso lo cuenta el pueblo, no lo cuento yo.

Y si los encontraron vivos el 17 y los bajaron, entonces el 20 de febrero Remedios Otal estaba en Cañadulce.

Estaba en su casa, con los pies fastidiados, en el pueblo, a doscientos metros de la iglesia.

Y ese día el párroco escribió que se había ausentado de la localidad.

No omitió. No calló. No dejó una casilla en blanco, que es lo que deja un archivo cuando no quiere mojarse. Cogió la pluma y escribió un motivo que era falso el día que lo escribía, y lo firmó, y lo fechó.

Miré a Encarna. Encarna miraba la ventana alta.

—¿Puedo hacer una foto?

—Fotos no.

—¿Y copia?

—Copia te la hace don Julián si se la pides por escrito. —Se levantó y empezó a recoger—. Y no la vas a necesitar, Candela, que eso es un papel de una boda que no se celebró. Aquí hay ciento y pico así.

Salí a la plaza a la una y diez con las manos vacías y con tres cosas en la cabeza. Que Remedios tenía cincuenta y un años sentados enfrente. Que las amonestaciones se leyeron una vez y no dos. Y que el hombre que llevaba el archivo de este pueblo en 1959 mintió por escrito y firmó.

Lo que no tenía, y esto lo apunté esa noche para no engañarme, era una sola línea que dijera que a Remedios Otal la obligaran a nada.

Un expediente matrimonial no prueba coacción. Prueba que había un expediente matrimonial.