El bosque que ardió dos veces (Las huellas de la tierra 2) Capítulo 36
95%

Capítulo 36

La noche había cerrado por completo cuando Elena volvió a sentarse frente a la pantalla.

En la sala de coordinación permanecían Alba, el técnico encargado del análisis de la copia forense y Javier, que había preferido esperar a que terminara la primera revisión del material recuperado en La Brañuca.

El cansancio empezaba a notarse en los movimientos y en los silencios, pero la concentración era distinta a la de los días anteriores.

Ya no buscaban una explicación posible.

Querían comprobar hasta dónde podía sostenerse, con fuentes independientes, la explicación que el terreno y los documentos habían ido construyendo.

Alba colocó una hoja impresa junto al teclado.

—Ya tenemos la trazabilidad autorizada.

Elena no tocó el documento.

—¿Qué dice?

—Las ediciones que afectan a V-17, V-21 y V-34 están asociadas a la cuenta profesional de Nicolás.

La frase no produjo en Elena una sensación de descubrimiento repentino. Miró la secuencia que el técnico había abierto en pantalla: fechas, entradas de archivo, versiones, identificadores de usuario y referencias de equipo.

No necesitaba interpretar cada registro informático para entender la estructura.

Los tres vértices habían sido modificados dentro del flujo de trabajo asociado a Nicolás y las versiones posteriores habían heredado los cambios hasta llegar al plano utilizado en la operación.

—¿La cuenta estaba asignada únicamente a él? —preguntó.

—Era su cuenta profesional —respondió Alba—. Y no nos apoyamos solo en el usuario. El análisis vincula las operaciones con su equipo habitual y con la secuencia de trabajo de esos días.

Elena miró al técnico.

—¿Existe alguna operación automática que pueda explicar los cambios?

—No. Son ediciones sobre puntos concretos. No hay una transformación general aplicada al conjunto.

Eso coincidía con lo que ella y Javier habían demostrado antes de recuperar los soportes. La diferencia era importante: la manipulación técnica ya estaba probada y ahora la trazabilidad permitía relacionar las modificaciones con la cuenta y el equipo profesional de Nicolás.

Alba pasó a la siguiente hoja.

—También se ha recuperado una nota de Tomás.

El técnico abrió un archivo breve.

No parecía una denuncia ni un texto pensado para terceros. Tenía la misma concisión que otras anotaciones de trabajo de Tomás: referencias a versiones, puntos pendientes y tareas por completar.

Entre ellas aparecía una indicación suficientemente clara.

Detener la entrega hasta revisar las discrepancias.

Elena la leyó dos veces.

—¿Menciona a Nicolás?

—No —respondió Alba—. No acusa a nadie.

—Entonces no le hagamos decir más.

—No hace falta.

La nota confirmaba algo que ya habían reconstruido por otras vías. Tomás había encontrado diferencias suficientes para negarse a dar por buena la versión que estaba circulando y pretendía detener la entrega hasta comprenderlas.

No necesitaba haber escrito el nombre de nadie para que aquella decisión tuviera consecuencias.

Elena apoyó los antebrazos sobre la mesa.

—Entonces ya podemos separar dos hechos. Las modificaciones salen de la cuenta y del equipo de Nicolás, y Tomás había decidido que la versión no siguiera adelante hasta revisar esas diferencias.

—Sí —dijo Alba—. Y eso nos permite volver a la muerte.

Desplegó la cronología del primer incendio.

Elena conocía casi todos los elementos, aunque verlos ordenados dentro de una sola franja temporal producía un efecto distinto.

La reparación de la maquinaria ofrecía una explicación sólida para el origen accidental del incendio. Bruno había manipulado posteriormente la hora del parte para ocultar la negligencia, pero no existían motivos para convertir aquel primer fuego en una acción planificada contra Tomás.

Eso simplificaba la secuencia.

Tomás se encontraba trabajando en la zona alta.

Nicolás también desarrollaba trabajo relacionado con Valdorna y la cronología dejaba un intervalo en el que podía haberse desplazado hasta donde estaba su socio.

La disposición del equipo de Tomás no encajaba de forma sencilla con una evacuación directa y Sonia había establecido que existía un traumatismo craneal vital anterior a las lesiones producidas por la caída.

Ahora se añadían dos datos que no conocían al principio: Nicolás estaba vinculado técnicamente a las modificaciones que Tomás estaba comprobando y este había decidido detener la entrega.

—No podemos reconstruir cada minuto —dijo Elena.

—No necesitamos hacerlo —respondió Alba.

Elena miró la línea temporal.

—Pero sí podemos establecer una secuencia compatible con las pruebas.

No intentó inventar una conversación.

Los datos permitían sostener que Tomás y Nicolás pudieron encontrarse en la parte alta durante el desarrollo del incendio. Existía un conflicto profesional inmediato: las coordenadas no coincidían, Tomás estaba revisándolas y no iba a permitir que la versión siguiera adelante sin aclararlas.

En algún momento anterior a la caída se produjo el traumatismo que Sonia había identificado.

Después, Tomás terminó ladera abajo en una escena que, dentro del caos de un incendio real, había sido interpretada inicialmente como un accidente.

Nada permitía reconstruir las palabras que intercambiaron ni el objeto exacto utilizado para golpearlo.

Tampoco hacía falta inventarlos.

Javier había permanecido callado.

—Y el primer incendio sigue siendo accidental.

—Sí —dijo Elena—. La reconstrucción no necesita convertirlo en otra cosa.

Aquello llevaba días pareciéndole cada vez más importante.

Al principio, dos incendios y una muerte ocurridos en el mismo monte invitaban a buscar una única planificación.

La investigación había demostrado una secuencia menos ordenada y, precisamente por eso, más coherente con los hechos: el primer incendio tenía una causa propia.

Había creado una situación caótica en la que después pudo producirse y ocultarse otra acción.

Alba señaló la segunda mitad de la cronología.

Días más tarde, la barrera había registrado la apertura nocturna con la credencial compartida de la empresa.

En las tres zonas exteriores y en la caseta aparecieron residuos compatibles con un acelerante hidrocarbonado corriente.

Una tarjeta empresarial había pagado la tarde anterior un pequeño envase de combustible compatible.

Esos elementos seguían sin identificar por sí solos a Nicolás.

Ahora, sin embargo, podían incorporarse a un dato mucho más específico: las zonas quemadas correspondían a los tres puntos que él había modificado y a la caseta vinculada a la documentación con la que Tomás podía demostrar la discrepancia.

—El segundo fuego afecta exactamente a los lugares que podían conservar esa comparación —dijo Alba.

—Los tres vértices y la caseta.

—Y después de recibir el requerimiento de conservar originales y soportes, entra de nuevo en el monte y lo encontramos en La Brañuca intentando inutilizar el material.

Elena miró la pantalla.

La conducta en el refugio no servía para demostrar por sí sola lo ocurrido durante el primer incendio ni para inventar una intención anterior. Pero se integraba en una secuencia que ya estaba construida antes de que la Guardia Civil llegara a La Brañuca.

Eso era lo que le daba peso.

Los registros de Tomás y la trazabilidad de las versiones podían demostrar la manipulación sin utilizar el segundo incendio.

A su vez, el patrón de los cuatro focos podía demostrar una selección deliberada de elementos topográficos aunque no hubieran recuperado la cuenta desde la que se editaron los archivos.

Ahora ambas líneas coincidían en Nicolás.

—¿La nota puede fecharse antes del primer incendio? —preguntó Elena.

—Sí.

—¿Y después de que ya se hubieran introducido las modificaciones?

—Sí.

Elena volvió a leer la cronología.

La relación temporal quedaba suficientemente estrecha: Nicolás había intervenido sobre los tres vértices; Tomás había detectado discrepancias y pretendía detener la entrega; el primer incendio había creado un contexto imprevisto en el que ambos podían encontrarse; Tomás recibió un golpe antes de caer; días más tarde, las zonas capaces de conservar la comparación fueron incendiadas; y, cuando la policía exigió preservar los soportes, Nicolás acudió al lugar donde existía una copia y trató de inutilizarla.

Cada tramo podía sostenerse por una vía distinta.

Alba alineó las hojas.

—Se ha acordado su detención.

Elena levantó la vista.

—¿Ya?

—Sí.

No preguntó por interrogatorios ni por decisiones que pertenecían a la Guardia Civil y a la autoridad judicial. Tampoco necesitaba saber si Nicolás había hecho alguna declaración.

Una confesión no podía sustituir el trabajo que ya estaba hecho.

—La investigación no depende de que reconozca nada —dijo.

—No.

Javier se movió en la silla.

—¿Se sabe con qué golpearon a Tomás?

Alba negó.

—No hay una identificación concluyente del objeto.

Elena aceptó el dato sin sentir que dejara un hueco capaz de desmontar la reconstrucción.

Sonia había acreditado la existencia de una lesión vital previa a la caída.

El escenario no concordaba de forma sencilla con una huida accidental.

La cronología permitía el encuentro con Nicolás, y ahora existían tanto un conflicto inmediato como un interés económico concreto: la comisión privada de setenta y dos mil euros dependía del cierre de la operación que Tomás pretendía detener.

Después habían llegado las acciones de encubrimiento.

No necesitaban recuperar cada objeto ni cada segundo para que las distintas pruebas conservaran su sentido.

Alba se levantó y fue hasta la pizarra en la que durante los últimos días habían ido apareciendo nombres, horarios y conexiones provisionales.

Bruno seguía asociado al primer incendio. Celia, a la venta y a la utilización indebida de la página firmada. Irene, a la pérdida de trazabilidad municipal. Mateo, al conflicto de la linde y a la entrada no autorizada después del incendio.

Alba borró algunas flechas.

Elena observó cómo las líneas secundarias dejaban de mezclarse con el núcleo del caso.

—Ahora se ve mejor —dijo la sargento.

—También es más preciso.

Cada una de aquellas personas había mentido.

Bruno para esconder una probable negligencia. Celia para mantener viva una operación de la que necesitaba obtener dinero. Irene para evitar reconocer una mala gestión que había comprometido la trazabilidad del expediente. Mateo para ocultar que había entrado en una zona restringida.

Sus mentiras habían complicado el caso, pero terminaban en problemas distintos.

Nicolás era el único cuya actividad conocida enlazaba la modificación de los vértices, el conflicto inmediato con Tomás, el segundo incendio y el intento posterior de inutilizar los soportes.

Alba volvió a la mesa.

—Necesito una formulación final de tu parte para incorporar al expediente.

Elena sabía exactamente hasta dónde podía llegar.

—La versión final de Valdorna contiene modificaciones puntuales en V-17, V-21 y V-34 que no proceden de los datos de campo ni de una transformación técnica global.

La trazabilidad disponible relaciona esas ediciones con la cuenta profesional y el equipo habitual de Nicolás.

Los registros conservados por Tomás reproducen las posiciones anteriores y una nota de trabajo demuestra que había decidido detener la entrega hasta revisar las discrepancias.

Alba escribía mientras Elena continuaba.

—El segundo incendio afecta a los tres sectores donde esas diferencias podían comprobarse sobre el terreno y a la caseta vinculada con su documentación.

Posteriormente, tras el requerimiento de preservación, Nicolás fue localizado en La Brañuca mientras intentaba inutilizar soportes que contenían datos compatibles con el trabajo de Tomás.

Alba dejó de escribir.

—¿Y la muerte?

—Eso debe quedar separado de mi conclusión pericial.

La investigación dispone del traumatismo vital anterior a la caída, la reconstrucción espacial de la escena, la oportunidad de encuentro durante el primer incendio, el conflicto inmediato por la entrega y la conducta posterior de ocultación.

Todo ello es compatible con un enfrentamiento previo a la caída, pero atribuir penalmente el homicidio no me corresponde.

Alba asintió.

—Así lo dejamos.

Elena cerró la carpeta.

Por primera vez desde que había llegado a Valdorna, los dos incendios y la muerte de Tomás podían ordenarse dentro de una misma cronología sin obligar al primero a adquirir una intención que los hechos no sostenían.

El fuego inicial había nacido de una negligencia.

Dentro de ese caos se había producido el encuentro que la investigación relacionaba ahora con la muerte de Tomás.

El segundo incendio era distinto. Su distribución solo tenía sentido en relación con los tres puntos modificados y con la documentación que permitía reconstruirlos.

Elena volvió la mirada a la pantalla.

V-17, V-21 y V-34 aparecían en distintas versiones, unidos por fechas y registros que unos días antes parecían poco más que pequeñas diferencias técnicas.

Sobre el terreno habían conducido siempre a las mismas posiciones.

Ahora la investigación sabía también desde qué cuenta y desde qué equipo se habían cambiado.