El bosque que ardió dos veces (Las huellas de la tierra 2) Capítulo 35
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Capítulo 35

Cuando Alba llamó de nuevo, el monte ya había perdido la luz más clara de la tarde.

Elena y Javier estaban terminando de guardar el equipo en el vehículo. Las tres piquetas de la reconstrucción habían quedado documentadas desde todos los ángulos necesarios y los registros estaban duplicados.

La sargento no le pidió que subiera a La Brañuca. Le explicó que el refugio estaba asegurado, que la actuación inicial había terminado y que el material recuperado permanecería bajo custodia hasta que pudiera examinarse sin comprometer la cadena de evidencia.

—Hay cosas que vas a tener que identificar tú —dijo—, pero no aquí y no ahora. Nos vemos en coordinación cuando termine el traslado.

A Elena le pareció lo adecuado.

Había pasado buena parte del día insistiendo en separar la reconstrucción técnica de la actuación policial y no tenía sentido abandonar ese criterio precisamente cuando el caso empezaba a estrecharse.

Durante el trayecto de regreso evitó imaginar qué podía contener el material recuperado o cuánto había llegado a dañarse.

Sabían ya demasiado como para necesitar que un objeto encontrado en el último momento reorganizara toda la investigación.

Cuando llegó a las dependencias de coordinación, Alba la esperaba junto a dos agentes y una mesa despejada.

El material procedente de La Brañuca no estaba mezclado con las carpetas de Elena. Cada elemento había sido embalado, identificado y documentado antes de su llegada, y Alba dejó clara su función desde el principio.

—Necesito que nos ayudes con la relevancia técnica. Qué pertenece al trabajo de Valdorna, qué archivos merece la pena priorizar y qué relación pueden tener con lo que ya has reconstruido.

—No voy a hacerme cargo de la extracción ni de la cadena.

—Ni te lo voy a pedir.

Entre los elementos preservados había un controlador GNSS con daños visibles en la carcasa y un soporte de almacenamiento independiente.

Elena reconoció el tipo de dispositivo por su función, no por la marca.

Equipos semejantes podían contener proyectos, observaciones de campo, exportaciones, configuraciones y copias temporales, aunque la organización concreta dependía del software y de la forma de trabajar de cada técnico.

Alba esperó a que terminara de observarlos.

—Nicolás estaba intentando inutilizarlos cuando llegaron los agentes.

La frase no necesitó énfasis.

Elena volvió la vista hacia ella.

—¿Los dos?

—El controlador y el soporte. La intervención se interrumpió y ambos quedaron preservados. No necesito que entres ahora en cómo intentaba hacerlo.

—¿Dijo algo?

—Eso pertenece a otra parte de la investigación.

Elena aceptó el límite.

Tampoco quería que una posible explicación de Nicolás condicionara el examen del material. Si los archivos podían compararse con lo que ya habían reconstruido, prefería empezar por ahí.

Uno de los agentes trabajaba con una copia forense preparada para examen, no con los soportes originales.

Alba señaló la pantalla.

—Dinos qué deberíamos buscar primero.

Elena pidió que no comenzaran por nombres de archivo que parecieran prometedores. Los últimos días habían demostrado que las etiquetas podían engañar y que una versión importante no tenía por qué llevar un nombre evidente.

—Primero proyectos relacionados con Valdorna. Después registros de campo y observaciones originales. Y luego exportaciones o planos de las fechas en las que Tomás estuvo revisando V-17, V-21 y V-34.

La búsqueda devolvió varias carpetas.

Muchas no tenían relación con el caso: trabajos anteriores, configuraciones del equipo, campañas de otros clientes. Elena fue descartándolas por fecha y estructura, explicando cada decisión para que la selección técnica no pudiera confundirse después con una interpretación penal.

Cuando apareció una carpeta de Valdorna con fecha anterior al primer incendio, pidió que la abrieran sobre la copia de trabajo.

Había registros de observaciones, tablas de puntos y varios archivos auxiliares.

Entre ellos aparecieron tres códigos que Elena conocía demasiado bien.

V-17.

V-21.

V-34.

No necesitó acercarse a la pantalla.

—Esos tres. Quiero ver los valores y las referencias asociadas.

Parte de la estructura del archivo estaba dañada y el técnico necesitó trabajar sobre una copia reparada para recuperar la información legible. La espera duró varios minutos.

Elena repasó mientras tanto las posiciones reconstruidas aquella mañana. No recordaba todos los decimales, pero no los necesitaba: sabía dónde habían quedado V-17, V-21 y V-34 en relación con el afloramiento, el muro y la zanja, y sabía cuánto se apartaban de la versión final.

Cuando la tabla apareció, no encontró una solución nueva.

Eso era precisamente lo importante.

Los valores recuperados coincidían con las posiciones que habían reconstruido a partir de las fotografías de Tomás y de las referencias físicas. El archivo contenía más decimales, campos técnicos y metadatos de observación que las imágenes enviadas por correo, pero la geometría era la misma.

Elena pidió abrir V-17.

Comparó los valores con la tabla de campo que había llevado consigo. La posición reconstruida aquella mañana quedaba dentro del margen esperable.

Repitieron la operación con V-21.

Después con V-34.

Alba observaba la pantalla.

—Son los datos de Tomás.

Elena matizó:

—Son registros brutos compatibles con su trabajo, con las fotografías que se envió y con las posiciones que hemos reproducido hoy. Para atribuir cada archivo a una persona concreta habrá que revisar usuario, fechas, procedencia y el análisis informático.

—Pero la geometría coincide.

—Sí. La línea de campo es la misma.

Javier había llegado poco después y permanecía al fondo de la sala. Elena le hizo una señal para que se acercara.

Él comparó primero V-21 con sus propios registros y después V-34.

—No cambia nada de lo que hemos medido.

—Eso es lo importante —dijo Elena.

La copia recuperada en La Brañuca no sustituía el trabajo de la mañana.

Lo confirmaba.

Alba pidió después que revisaran las versiones de plano almacenadas en el mismo conjunto.

Encontraron varias, algunas incompletas y otras con nombres casi idénticos.

Era la misma clase de organización que había complicado la cadena documental desde el principio: archivos que parecían sucesivos sin que el nombre indicara con claridad cuál reemplazaba a cuál.

—¿Puedes identificar la versión final? —preguntó Alba.

—Puedo identificar la que coincide con la utilizada en la operación. Reconstruir la secuencia de edición es otra cuestión.

Localizaron un archivo con la geometría alterada.

V-17, V-21 y V-34 aparecían desplazados en el mismo sentido funcional que ya habían documentado.

Tener dentro del mismo conjunto los registros de campo y una versión con los tres cambios permitía ver la diferencia con una claridad mayor, pero no respondía todavía a quién había introducido cada modificación.

Alba se inclinó hacia la pantalla.

—¿Estaban guardados juntos?

—Dentro del mismo conjunto recuperado, sí. Eso no significa que los archivos se crearan al mismo tiempo ni por la misma persona. Para eso necesitamos la trazabilidad.

—Bien.

Elena prefirió detener ahí cualquier avance hacia la autoría.

La cuestión técnica ya podía formularse sin ir más lejos: en La Brañuca habían sobrevivido datos de campo compatibles con los de Tomás y varias versiones del proyecto.

Los datos brutos coincidían con la reconstrucción independiente realizada aquella mañana, mientras que la versión utilizada en la operación contenía los mismos tres desplazamientos que ya habían demostrado por otras vías.

Además, Nicolás había sido sorprendido intentando inutilizar los soportes antes de que los agentes los preservaran.

Aquella conducta tenía un evidente interés policial.

Pero no creaba la explicación técnica.

—Quiero que esto quede muy claro en mi informe —dijo Elena.

—¿El qué?

—Que este material confirma. No descubre.

Alba apoyó las manos en el respaldo de una silla.

—También nos interesa a nosotros. La reconstrucción estaba hecha antes de abrir estos archivos.

—Exactamente.

Javier señaló las tablas.

—Y se puede repetir. Las fotografías de Tomás, las referencias físicas y las mediciones de esta mañana siguen produciendo la misma geometría aunque esta copia no hubiera aparecido.

—Eso es.

Si la Guardia Civil hubiera llegado demasiado tarde y aquellos soportes hubieran quedado inutilizados, la alteración de V-17, V-21 y V-34 seguiría demostrada mediante fuentes independientes. Lo mismo ocurría con la relación entre esos puntos y el segundo incendio.

El material de La Brañuca aportaba una corroboración de mucha calidad.

No era la pieza que hacía existir el caso.

Elena revisó otra tabla. Había tiempos de observación y parámetros técnicos que podrían ser útiles en un análisis posterior, aunque no necesitaba interpretarlos en ese momento.

Lo que sí reconocía era la coherencia con la manera de trabajar de Tomás: los códigos, la estructura y las referencias se parecían a las que habían aparecido en sus fotografías y hojas.

—¿Esto demuestra que Tomás dejó aquí la copia? —preguntó Alba.

—No por sí solo. Demuestra que los soportes contienen datos coherentes con su trabajo. La nota «Brañuca · copia campo / rev.» hace compatible que fuera él quien dejara material aquí, pero la atribución tendrá que apoyarse también en la trazabilidad.

—De acuerdo.

Elena agradeció que Alba no buscara una formulación más contundente.

Continuaron con un segundo grupo de archivos. Había exportaciones parciales, planos y una memoria de proyecto. Algunas copias estaban dañadas y otras podían abrirse sin dificultad. Elena identificó una geometría anterior a las tres modificaciones y otra que reproducía la versión final.

No intentó reconstruir todavía qué usuario había producido cada cambio ni en qué equipo.

Ese análisis vendría después.

—¿Hay algo que contradiga lo que ya teníamos? —preguntó Javier.

Elena recorrió otra vez los valores antes de responder.

—No. Hasta ahora todo lo refuerza.

—¿Y algo nuevo?

—Más detalle y mejores datos. No una explicación nueva.

La diferencia era importante.

Durante los primeros días, cada hallazgo había obligado a revisar alguna parte de la hipótesis. En La Brañuca ocurría lo contrario: cuanto más material conseguían leer, menos necesitaban cambiar.

La reconstrucción se mantenía porque había sido construida antes.

Alba recibió un mensaje y se apartó durante unos minutos.

Elena aprovechó para redactar una relación técnica de lo que consideraba prioritario dentro del material preservado: registros brutos de V-17, V-21 y V-34; versiones anteriores y finales del plano; archivos de proyecto correspondientes a las fechas de revisión de Tomás; y cualquier metadato que permitiera reconstruir después la secuencia de edición, las cuentas utilizadas y los equipos desde los que se habían realizado cambios.

No pidió copias para llevárselas.

Era suficiente con que aquellos elementos quedaran identificados dentro del material bajo custodia.

Cuando Alba regresó, leyó la relación.

—Todo esto entra en el análisis completo.

—Perfecto.

—Mañana podremos revisar lo que esté autorizado y procesado.

Elena no preguntó si esperaban encontrar el nombre de Nicolás asociado a los cambios.

La investigación ya había avanzado demasiado como para necesitar desear una respuesta concreta antes de que apareciera.

Antes de marcharse pidió una última comparación.

El técnico colocó juntos los registros brutos de V-17, V-21 y V-34. Elena abrió al lado su tabla de campo y compararon las posiciones reconstruidas aquella mañana con los valores recuperados del material de La Brañuca.

La correspondencia era clara.

Había pequeñas diferencias derivadas de la precisión limitada con la que habían tenido que trabajar a partir de fotografías parciales, pero ninguna modificaba el trazado ni el sentido de los tres vértices.

V-17 mantenía la posición que impedía dar por bueno el corredor representado en la versión final. V-21 conservaba la superficie que Tomás había medido realmente. V-34 cerraba la geometría sin la conexión artificial que aparecía después en el documento entregado.

Elena cerró su carpeta.

Durante días habían intentado reconstruir lo que el fuego parecía destinado a borrar.

La copia recuperada en La Brañuca no devolvía una verdad perdida. Esa verdad ya había podido reproducirse sobre el terreno antes de abrir los soportes.

Ahora sabían algo más sencillo y, precisamente por eso, más sólido.

Tomás había medido los mismos puntos que ellos.

Y alguien había intentado impedir que aquellos datos sobrevivieran.