El bosque que ardió dos veces (Las huellas de la tierra 2) Capítulo 34
89%

Capítulo 34

Elena oyó alejarse los vehículos por la pista y volvió a la tabla de campo.

No sabía quién había utilizado la credencial de la empresa para abrir la barrera, qué encontraría la Guardia Civil al llegar al refugio ni siquiera si aquella entrada reciente tenía relación con la posible copia de Tomás.

No podía trabajar con ninguna de esas posibilidades.

Sí podía terminar lo que tenía delante.

Javier había colocado la cámara sobre un trípode bajo y revisaba las fotografías tomadas desde el mismo eje. Elena comprobó las referencias de cada imagen, añadió la hora y la orientación y comparó los puntos con la hoja completada durante la mañana.

El procedimiento era deliberadamente poco espectacular: repetir medidas, documentar márgenes y dejar claro qué información procedía de Tomás y cuál había sido obtenida durante la reconstrucción.

Precisamente por eso era útil. Si otra persona revisaba el trabajo más adelante, debía poder seguirlo sin depender de lo que Elena recordara o interpretara.

—Nos falta la serie desde el muro —dijo Javier.

Elena consultó la carpeta.

—Y una fotografía de V-34 con la zanja completa. En la anterior no se ve bien el cambio de dirección.

Javier cogió la cámara y avanzó por la ladera.

Elena se quedó junto al portátil.

En la pantalla había dos versiones del mapa. Una mostraba únicamente la línea reconstruida desde las referencias estables. La otra añadía las áreas del segundo incendio. Si alguien viera solo la segunda, podría sospechar que habían buscado los vértices precisamente donde ya sabían que había ardido.

Por eso el orden de trabajo importaba.

Primero habían reconstruido las posiciones de Tomás.

Después habían superpuesto el fuego.

Aquella separación seguía permitiéndole pensar con claridad mientras esperaba noticias.

Incluso si La Brañuca estuviera vacía, la parte esencial de la reconstrucción no dependía del refugio.

Los datos de Tomás existían antes de su muerte y habían llegado a la investigación por una vía independiente.

V-17, V-21 y V-34 podían reproducirse sobre el terreno mediante el afloramiento, el muro y la zanja.

La versión utilizada en la operación se apartaba precisamente de esas tres posiciones y ninguna transformación general permitía obtenerla sin alterar también otros puntos.

Para llegar a ella había que modificar los tres vértices de forma individual.

La alteración técnica estaba demostrada.

El segundo incendio añadía otra línea independiente.

Sus tres focos exteriores coincidían con los lugares donde aquella alteración podía comprobarse físicamente y la caseta aportaba el espacio donde Tomás había trabajado y guardado documentación.

Ninguno de los focos se explicaba bien por continuidad, calor residual o una concentración especialmente favorable de combustible.

El patrón tenía sentido como selección.

A partir de ahí empezaban los elementos que acercaban aquella lógica a una persona concreta: el interés económico de Nicolás, su conocimiento profesional, la versión final dentro de su circuito de trabajo, la credencial compartida utilizada durante la noche del segundo incendio y la compra de combustible con una tarjeta de la empresa.

Pero cada una de esas piezas conservaba sus límites.

Elena no necesitaba convertirlas en una conclusión antes de tiempo.

Javier regresó y conectó la cámara al equipo.

—Ahora sí entra toda la zanja.

Elena abrió la imagen.

—Esta vale. Guarda también la anterior.

—¿Aunque esté peor?

—Sí. Se ve dónde estaba colocado el equipo y ayuda a documentar la secuencia.

—Ya la tengo duplicada.

Continuaron unos minutos sin hablar.

La humedad empezaba a levantarse de las zonas más expuestas y el suelo cambiaba ligeramente de tono con el avance de la tarde.

Elena agradecía disponer de tareas concretas.

Esperar noticias de una actuación que no presenciaba podía llenar con demasiada facilidad los huecos de escenas que no había visto.

El teléfono vibró sobre el capó.

Era Alba.

Elena respondió enseguida.

—Dime.

Al otro lado se oyeron voces durante un momento. Después llegó la de la sargento, más baja.

—Estamos en La Brañuca. Hemos localizado a Nicolás aquí.

Elena apoyó una mano en el borde del capó.

—¿Está todo controlado?

—Sí. El lugar está asegurado.

No preguntó cómo lo habían encontrado, qué estaba haciendo cuando llegaron ni qué había ocurrido antes de la llamada. Si esos datos podían compartirse y tenían valor dentro de la investigación, los conocería después.

—¿Necesitas algo de mí?

—Ahora no. Solo quería que supieras que la apertura con la credencial estaba relacionada con el refugio.

Elena tardó un instante.

—Entonces La Brañuca era el destino de esa entrada.

—Sí.

Eso era todo lo que permitía afirmar la llamada.

Haber considerado el refugio un lugar que debía protegerse no significaba haber anticipado lo que la Guardia Civil encontraría allí ni por qué Nicolás había acudido.

Alba continuó:

—Hay material técnico de la empresa. Vamos a preservarlo y analizarlo. No voy a adelantarte nada más hasta que podamos trabajar con ello correctamente.

—De acuerdo.

—Termina la reconstrucción. Te llamaré cuando sepa qué puede revisarse y cuándo.

La llamada terminó.

Javier había permanecido a cierta distancia. Se acercó cuando Elena dejó el teléfono.

—¿La Brañuca?

—Sí. Han localizado allí a Nicolás. El refugio está asegurado y Alba dice que hay material técnico de la empresa que van a preservar.

Javier esperó.

—¿Sabemos qué material?

—No.

—¿Y qué hacía Nicolás allí?

—Tampoco.

Elena volvió al portátil.

—No necesitamos saberlo para terminar esto.

La noticia modificaba el contexto, pero todavía no debía modificar las conclusiones técnicas.

Nicolás estaba físicamente en el lugar que Tomás había asociado a una posible copia de campo, y eso tenía un peso evidente.

Sin embargo, Elena no sabía qué material había en el refugio, en qué estado se encontraba ni qué estaba haciendo Nicolás cuando llegaron los agentes.

Convertir su presencia en una explicación completa habría sido llenar demasiados huecos de una sola vez.

Abrió de nuevo el mapa sin las áreas del incendio.

—Quiero cerrar V-17 antes de que cambie más la luz.

Javier cogió el jalón.

—Vamos.

Trabajaron otra media hora.

Elena volvió a medir la distancia desde el afloramiento y comprobó que el margen coincidía con el registro de la mañana. Fotografió la relación entre la piqueta reconstruida y los puntos de control. Repitieron después el procedimiento en V-21 y V-34.

No había nada espectacular en aquello.

Precisamente por eso le resultaba convincente.

La parte técnica del caso tenía que permanecer en pie aunque Nicolás se negara a hablar, aunque el material de La Brañuca resultara inutilizable o aunque nunca apareciera una explicación escrita de lo ocurrido.

Cuando terminaron, se sentaron unos minutos en el borde de la pista con las carpetas abiertas. Javier bebió agua y señaló la copia de la síntesis técnica.

—Ahora que lo han encontrado allí, ¿cambiarías algo?

Elena volvió a leer el párrafo central.

—No.

—¿Nada?

—Todavía no. Esto explica la modificación topográfica y el segundo incendio a partir de los datos y del terreno. La presencia de Nicolás en La Brañuca pertenece a otra línea hasta que sepamos qué ocurrió allí.

—Pero encaja.

—Mucho. Por eso hay que esperar a saber exactamente qué encaja.

Javier sonrió.

—Siempre llegas tarde a las conclusiones.

Elena lo miró.

—Procuro llegar cuando no tengo que volver atrás.

La respuesta salió con naturalidad, aunque reconocía algo que ella sabía de sí misma.

Durante años había preferido guardar sus hipótesis hasta disponer de una seguridad casi completa.

En Valdorna había intentado corregir esa tendencia y compartir antes las posibilidades útiles para que otros pudieran comprobarlas.

Pero verbalizar una hipótesis provisional no era lo mismo que aumentar artificialmente el valor de un dato reciente.

Guardaron las últimas fotografías en dos soportes y comprobaron los nombres de archivo. Elena anotó la hora de cierre de la reconstrucción.

Por primera vez desde su llegada a Valdorna, podía considerar terminada una parte importante del trabajo técnico.

El primer incendio tenía una explicación accidental sólida, probablemente ligada a una reparación mal controlada. La manipulación de la hora había servido para esconder esa negligencia, no para explicar la muerte de Tomás.

La modificación de los tres vértices sí pertenecía a otro núcleo del caso.

Los datos de Tomás demostraban que había vuelto al terreno para comprobar posiciones que no coincidían con la versión final.

Su muerte había dejado de poder interpretarse como una simple caída desde que Sonia identificó el traumatismo previo.

Después había llegado el segundo incendio.

Tres focos sobre los sectores capaces de conservar físicamente la discrepancia y un cuarto en la caseta donde Tomás trabajaba y guardaba documentación.

Todo aquello podía sostenerse aunque La Brañuca no aportara nada más.

Esa independencia era importante.

También permitía distinguir con claridad lo que seguía fuera de las competencias de Elena. Su reconstrucción podía demostrar cómo se habían modificado los tres puntos y qué función cumplía el segundo incendio respecto a las huellas que Tomás estaba dejando.

No podía decidir quién había golpeado a Tomás ni convertir la presencia de Nicolás en el refugio en una atribución penal.

Eso correspondía a Alba y a las diligencias que todavía quedaban por completar.

El teléfono volvió a vibrar.

Esta vez era un mensaje.

Zona asegurada. Material técnico preservado. Te aviso cuando podamos revisarlo.

Elena enseñó la pantalla a Javier.

—Eso es todo por ahora.

—¿Nos vamos?

Miró las tres piquetas.

Habían repetido las medidas, fotografiado las referencias y duplicado los registros. No había ninguna razón profesional para quedarse en el monte esperando el final de una actuación que pertenecía a otro equipo.

—Sí.

Mientras recogían, Elena guardó la síntesis en la carpeta rígida y comprobó que no quedara documentación expuesta en el vehículo.

La Brañuca había dejado de ser un lugar hipotético dentro de una anotación de Tomás. Nicolás estaba allí cuando llegó la Guardia Civil y en el refugio había material técnico pendiente de examinar.

Aquello importaba.

Pero todavía no era la respuesta.

Si el material conservado servía para algo, tendría que confirmar una historia que los datos y el terreno ya permitían sostener sin él.