Capítulo 30
Al caer la tarde, la sala de coordinación había quedado casi vacía.
Alba trabajaba al otro lado de la sala con el expediente abierto y el teléfono junto al teclado.
El requerimiento de preservación y entrega de originales, historiales de versiones y soportes de copia de la empresa ya había sido comunicado por el cauce correspondiente.
Elena no necesitaba conocer todos los detalles procesales; le bastaba con saber que, desde aquel momento, el material técnico relacionado con Valdorna debía conservarse y que cualquier examen posterior tendría que respetar esa cadena.
Volvió a las fotografías que Tomás se había enviado a sí mismo.
Las había ordenado por fechas y códigos, aunque algunas seguían sin encajar en una secuencia limpia.
Había imágenes de una libreta, de la pantalla de un controlador, de un plano doblado y de varias anotaciones captadas deprisa, probablemente para conservar una copia mientras trabajaba fuera de la oficina.
En una de ellas, casi fuera del encuadre, aparecía una lista manuscrita que no había considerado importante durante la revisión de la mañana.
Amplió la fotografía.
V-17.
V-21.
V-34.
Debajo figuraban dos referencias de equipo y una palabra menos clara que las demás.
brAÑUCA.
Elena aumentó la imagen hasta que el grano empezó a deshacer los trazos. La palabra seguía siendo legible y aparecía acompañada de una fecha abreviada y una anotación que podía parecer copia o campo . No intentó resolverla por intuición.
Buscó otras imágenes tomadas el mismo día.
Encontró una segunda fotografía de la libreta, hecha desde otro ángulo, en la que se veía algo más de margen.
La anotación completa decía:
brAÑUCA · copia campo / rev.
—Alba.
La sargento levantó la cabeza.
—¿Qué tienes?
—Todavía no lo sé. Mira.
Alba se acercó y leyó la línea sin tocar el ordenador.
—La Brañuca.
—Nicolás nos dijo que a veces dejaban allí baterías, controladores o alguna carpeta temporal cuando trabajaban varios días seguidos en la parte alta.
—Sí. Lo recuerdo.
Elena observó de nuevo la fotografía.
—Entonces era una rutina de trabajo y puede seguir siendo solo eso. Pero Tomás escribió «copia campo» junto al nombre del refugio precisamente durante los días en que estaba revisando estos tres puntos.
Alba volvió a leer la anotación.
—¿Copia de qué?
—Eso no lo sabemos. Podría ser una impresión, un archivo guardado en un equipo, fotografías, una carpeta o simplemente una nota para acordarse de llevar algo allí. La frase no permite concretar más.
—¿Y «rev.»?
—Podría significar «revisión», pero no tengo una leyenda que lo confirme. No lo utilizaría para sostener nada.
Elena regresó a las hojas en las que habían encontrado abreviaturas utilizadas habitualmente por Tomás. Había coincidencias para referencias de campo, pero ninguna aclaraba aquella en concreto.
Lo importante no era completar una palabra dudosa, sino algo mucho más sencillo: La Brañuca aparecía asociada a una copia de campo en las fechas en que Tomás estaba comprobando V-17, V-21 y V-34.
Alba tomó el teléfono.
—Voy a hablar con Ramiro antes de mover nada.
—Mejor. Primero necesitamos comprobar que ese uso era realmente habitual y no convertir una anotación en un escondite solo porque ahora nos convenga.
Ramiro llegó poco después. Había pasado el día entre propietarios y trabajos relacionados con los accesos y todavía llevaba humedad en los hombros de la chaqueta. Cuando Alba le preguntó por La Brañuca, necesitó unos segundos para situar el contexto.
—El refugio viejo. Sí. No tiene nada especial.
—¿Quién lo utilizaba? —preguntó Elena.
—Quien estuviera trabajando arriba y tuviera acceso. Gente de mantenimiento, alguna cuadrilla, los topógrafos cuando pasaban varios días por allí. No es una oficina.
—¿Qué solían dejar?
Ramiro se quitó la chaqueta antes de responder.
—Cosas temporales. Herramientas, baterías, cargadores. Alguna carpeta o un plano para no bajar todo al final del día. La cobertura falla bastante según la zona y, si iban a seguir trabajando a la mañana siguiente, a veces dejaban allí material.
La explicación coincidía con lo que Nicolás había contado al principio.
Precisamente por eso Elena la consideró útil. La Brañuca no aparecía de pronto como un lugar secreto descubierto en el tramo final de la investigación. Formaba parte de una rutina conocida desde antes de que tuvieran motivos para prestarle atención.
—¿Tomás la utilizaba?
—Sí. Él y Nicolás. No todos los días, pero sí.
—¿Había algún registro de entrada?
Ramiro negó.
—No. Varias personas autorizadas tenían llave y había otra disponible para determinados trabajos. Si alguien dejaba allí una carpeta, nadie lo anotaba.
—¿Sabes si alguien entró después del primer incendio?
—No. La zona estuvo restringida al principio y después se fue abriendo por sectores. Tendría que revisar quién tenía autorización cada día, pero el refugio no tiene un registro propio.
Alba anotó algo.
—¿Está cerrado ahora?
—Con llave, si nadie ha forzado nada.
—¿Quién podría abrirlo?
Ramiro enumeró responsables de la comunidad, personal de algunas contratas y técnicos que habían trabajado en la zona. La lista no permitía individualizar a nadie, pero confirmaba algo relevante: acceder al refugio no habría requerido necesariamente una acción extraordinaria.
Elena volvió a la fotografía.
—Entonces, lo que tenemos es esto: Tomás escribió «copia campo» junto a Brañuca antes del incendio.
Puede significar que dejó algo allí, que pensaba llevarlo, que lo recogió después o incluso que la nota se refería a otra parte de su trabajo.
No sabemos si esa copia llegó a existir ni, mucho menos, si continúa en el refugio.
—Y no vamos a averiguarlo entrando esta noche por nuestra cuenta —dijo Alba.
—Claro.
La sargento hizo un par de llamadas.
Elena no escuchó los detalles. Mientras Alba hablaba, continuó preparando el material para la reconstrucción del día siguiente.
Las fotografías de Tomás quedarían separadas de la versión final.
Primero situarían V-17, V-21 y V-34 mediante sus datos y las referencias estables; solo después compararían el resultado con el documento presentado para la operación.
Si La Brañuca contenía alguna copia, tendría que reforzar algo que ya pudieran demostrar por otras vías.
No sustituirlo.
La distinción le parecía importante después de varios días en los que documentos aparentemente decisivos habían acabado explicando verdades laterales.
La firma de Celia había aclarado una manipulación destinada a sostener la venta.
La documentación de Irene había permitido entender una mala práctica administrativa.
Incluso el combustible adquiría sentido solo dentro de un patrón demostrado por otros medios.
Una posible copia en La Brañuca tendría que soportar el mismo criterio.
—¿Qué estás preparando? —preguntó Ramiro.
Elena desplegó el plano.
—Mañana vamos a reconstruir los tres puntos utilizando los datos de Tomás y referencias del terreno que puedan repetirse sin depender de la cerca actual. Después los compararemos con las posiciones de la versión final.
Ramiro miró el mapa.
—¿Eso dirá quién los cambió?
—No.
—Pero sí cuál era la línea buena.
Elena corrigió la formulación antes de que adquiriera más firmeza de la que podían defender.
—Nos dirá qué posiciones se obtienen a partir de los datos de campo de Tomás y de las referencias que podemos reproducir.
Establecer una linde con todos sus efectos jurídicos exigiría otro procedimiento.
Aquí lo que necesitamos comprobar es si la versión presentada para la operación se aparta de esos datos.
Ramiro asintió, aunque Elena no estaba segura de que la distinción le resultara del todo importante.
Alba terminó la segunda llamada y regresó a la mesa.
—Ya está en marcha la solicitud para asegurar y comprobar La Brañuca. No se toca nada hasta que esté cubierto por el procedimiento correspondiente.
—Bien.
—Puede tardar.
—No afecta a lo de mañana.
—Eso quería saber.
Elena señaló los tres puntos del plano.
—La reconstrucción no depende de que aparezca ninguna copia. Tenemos las fotografías de Tomás, las referencias físicas y la secuencia de versiones. Si el refugio aporta algo, será corroboración.
Alba pasó una mano por el borde de la carpeta.
—¿Y si está vacío?
—No cambia lo que ya tenemos.
La investigación había avanzado demasiado para depender de una pieza encontrada al final.
Si La Brañuca no aportaba nada, seguirían teniendo la reconstrucción de Tomás, la modificación progresiva de los tres vértices, la relación con las condiciones de la venta y los sectores seleccionados por el segundo incendio.
Ramiro volvió a mirar la ampliación de la fotografía.
—¿Crees que alguien puede acordarse de que dejó algo allí?
La pregunta abría una línea de especulación que Elena no quería seguir.
—No sé quién sabía qué guardaba Tomás fuera de la oficina. Tampoco sabemos si dejó realmente una copia en el refugio, qué contenía o si alguien sabía de su existencia. Solo tenemos una anotación y una rutina de trabajo confirmada.
Alba la observó.
—Y Nicolás ya ha recibido el requerimiento de preservación.
—Sí, pero eso no nos permite imaginar cómo va a reaccionar.
Ramiro no insistió.
Elena agradeció que la conversación terminara ahí.
Una anotación en una libreta, una orden de conservar originales y un socio situado cada vez más cerca del centro técnico del caso podían combinarse con demasiada facilidad en una historia convincente.
Ninguna reacción futura pertenecía todavía a los hechos.
Guardó la fotografía de La Brañuca en una carpeta aparte y regresó al trabajo del día siguiente.
Preparó una tabla sencilla con tres filas —V-17, V-21 y V-34— y cuatro columnas:
Referencia estable | Dato de Tomás | Posición reconstruida | Posición de la versión final
Debajo dejó espacio para observaciones de campo.
Quería que el resultado pudiera entenderse sin conocer toda la investigación y, sobre todo, que la comparación quedara documentada paso a paso.
Javier llamó poco antes de que terminaran.
Elena le explicó el procedimiento. Empezarían por el afloramiento rocoso, continuarían con el muro y terminarían en la zanja.
Él llevaría el equipo GNSS y el material necesario para documentar las posiciones.
Alba estaría presente para que los resultados pudieran incorporarse después a la investigación sin confundir la medición técnica con una diligencia policial.
—¿Y La Brañuca? —preguntó Javier.
—Tomás dejó una anotación que puede referirse a una copia de campo.
—¿Puede?
—Eso es todo lo que sabemos.
—Entonces mañana medimos igual.
—Exactamente.
Cuando colgó, la sala había quedado casi en silencio. Ramiro ya se había marchado y Alba recogía sus papeles.
Elena repasó una última vez el material preparado para la mañana siguiente. La fotografía con la anotación de La Brañuca estaba entre las copias autorizadas, pero en una carpeta separada de la reconstrucción principal.
La jerarquía era importante.
Si al día siguiente conseguían reproducir los puntos de Tomás a partir de sus propios datos y de las referencias del terreno, cualquier material encontrado después en el refugio serviría para confirmar algo que ya pudiera sostenerse sin él.
Alba cerró su carpeta.
—Te aviso en cuanto esté autorizada la actuación en La Brañuca.
—Perfecto.
Elena guardó el portátil y miró por última vez el plano extendido sobre la mesa.
Los tres vértices seguían siendo el centro del trabajo, aunque ahora hubiera otro lugar pendiente en la montaña.
A la mañana siguiente empezarían por V-17, V-21 y V-34.
La Brañuca tendría que esperar a que el procedimiento y lo que hubiera realmente allí decidieran qué lugar ocupaba en el caso.