El bosque que ardió dos veces (Las huellas de la tierra 2) Capítulo 29
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Capítulo 29

El informe de Javier ocupaba cuatro páginas y no señalaba a nadie.

Elena lo agradeció antes incluso de terminar de leerlo.

Habían quedado en la sala de coordinación a primera hora de la tarde.

Alba llegó unos minutos después con una carpeta distinta, más fina, y la dejó cerrada junto al plano que seguía abierto desde el día anterior.

Durante un rato nadie habló de la comisión de setenta y dos mil euros, de la apertura nocturna de la barrera ni de los tres vértices modificados.

Elena quería saber primero qué podía aportar el fuego sin apoyarse en ninguna de esas líneas.

Javier se sentó frente a ella.

—Las cuatro muestras presentan residuos compatibles con un acelerante hidrocarbonado de uso corriente. Eso es lo que puedo sostener.

El laboratorio había trabajado con material recogido en las tres áreas del segundo episodio y en la caseta.

La composición recuperada no era idéntica en todos los puntos —el fuego, el agua y el tiempo habían afectado de manera distinta a cada muestra—, pero en los cuatro aparecían compuestos compatibles con un producto ligero de origen hidrocarbonado capaz de facilitar una ignición.

Alba levantó la vista.

—¿Gasolina?

—Podría ser. También podría tratarse de otro producto de características semejantes. No puedo daros una marca, una formulación comercial ni un envase concreto.

—¿Podría proceder de maquinaria?

Javier apoyó un dedo sobre el informe.

—Si apareciera en un único lugar y fuera de contexto, habría que contemplarlo.

En cambio, tenemos indicios de la misma clase en tres sectores separados y en la caseta, todos pertenecientes a un episodio que ya sabemos que no se explica bien por reactivación ni por propagación superficial.

Eso aumenta mucho su interés, pero no convierte la analítica en una firma individual.

Elena asintió.

Aquello era exactamente lo que necesitaban: un resultado capaz de sostenerse sin fingir una precisión que el laboratorio no tenía.

—¿Se puede distinguir si el producto se vertió directamente o llegó allí por transferencia?

—No con la seguridad que necesitaría para afirmarlo de forma general. En la caseta, la distribución es más compatible con una aplicación localizada. En los focos exteriores hay demasiada degradación por combustión, extinción y lluvia.

Elena volvió a la conclusión escrita.

—Entonces, ¿cómo lo formularías?

—Que los residuos recuperados en los cuatro puntos son compatibles con el empleo de un acelerante hidrocarbonado corriente durante el segundo episodio. La intencionalidad debe salir del conjunto, no de esta analítica aislada.

—Bien.

Alba abrió entonces la carpeta que había traído.

—Porque tengo otro dato que tampoco identifica a nadie por sí solo.

Sacó dos copias: un movimiento asociado a una tarjeta de empresa y el justificante de una compra obtenido por el cauce correspondiente.

Elena reconoció el nombre de la empresa de topografía.

La fecha era la tarde anterior al segundo incendio.

—¿Qué se compró?

—Un pequeño envase de combustible de uso corriente. La descripción comercial es compatible con la clase de producto de la que habla Javier.

Él acercó el justificante.

—Compatible, nada más. Esto no permite decir que el contenido de ese envase sea el que apareció en las muestras.

—Lo sé —respondió Alba—. No hay trazabilidad química desde la compra hasta el monte.

Elena revisó el documento.

—¿La tarjeta identifica al usuario?

—No. Está emitida para la empresa.

—¿Firma, autorización individual, imagen de cámara?

—Nada que nos permita atribuir esta compra concreta a una persona.

—Entonces lo que tenemos es que una tarjeta de la empresa pagó un envase de combustible compatible la tarde anterior.

—Exactamente.

A Alba no pareció molestarle la limitación. A esas alturas habían aprendido que cada precisión que mantenían desde el principio evitaba tener que retirar conclusiones después.

Elena dejó el justificante junto al informe de Javier, aunque evitó unirlos todavía en sus notas.

Dos datos distintos procedentes de vías distintas: residuos compatibles con un acelerante en los cuatro lugares del segundo episodio y una compra de un producto compatible con una tarjeta vinculada a la empresa pocas horas antes.

Juntos resultaban sugerentes.

Precisamente por eso necesitaban conservar sus límites.

—Si no tuviéramos el resto del patrón, esta compra tendría mucho menos valor —dijo.

Alba la miró.

—Pero tenemos el resto.

—Sí. Tenemos los tres sectores coincidentes con los vértices modificados, la caseta, el registro nocturno de la barrera y el interés económico de Nicolás.

Lo que no quiero es que el combustible se convierta en una prueba de autoría simplemente porque llega cuando todo lo demás empieza a apuntar en una dirección.

Javier cerró su copia.

—Mi informe no identifica a nadie.

—Ni sabemos quién utilizó la tarjeta —añadió Elena.

—No.

—Ni quién llevaba el mando que abrió la barrera aquella noche.

—Tampoco —dijo Alba.

Elena miró la superposición de capas en la pantalla.

Los tres pequeños focos aparecían dentro del perímetro del primer incendio y sobre los sectores donde los documentos topográficos se separaban.

La caseta quedaba más abajo. A eso se añadían ahora un acceso de la empresa registrado en la franja compatible con el segundo fuego y una compra previa de un producto capaz de facilitar igniciones breves y localizadas.

Ninguna pieza necesitaba ser perfecta si todas procedían de fuentes independientes y seguían describiendo el mismo episodio.

—Eso es lo que hay que conservar —dijo—. Convergencia. No una identificación química que no tenemos.

Alba apoyó los codos en la mesa.

—La convergencia empieza a dejar pocas explicaciones alternativas.

Elena no respondió de inmediato.

Nicolás conocía el trabajo topográfico y las discrepancias.

Había gestionado la versión final. Sabía utilizar los datos y localizar los puntos sobre el terreno.

Tenía una comisión privada de setenta y dos mil euros condicionada al cierre de la operación.

Después de la muerte de Tomás seguía siendo la persona que dirigía una empresa cuya credencial compartida había abierto la barrera durante la noche compatible con el segundo incendio.

Ahora aparecía además una compra realizada con una tarjeta de esa misma empresa.

No era poco.

Tampoco era aún una prueba única de autoría.

—Las alternativas se reducen —dijo—. No han desaparecido.

Alba aceptó la precisión.

—Hay otra cuestión.

Sacó una segunda hoja.

—Esta mañana se ha notificado formalmente a la empresa el requerimiento de conservación y entrega de originales, historiales de versiones, soportes de copia y dispositivos relacionados con Valdorna.

Elena dejó de mirar el justificante.

—¿Quién recibió la notificación?

—Nicolás. Es quien continúa al frente de la empresa.

Javier levantó la cabeza.

—¿Sabe qué estáis buscando exactamente?

—Sabe que debe preservar y entregar la documentación y los soportes relacionados con el proyecto. No conoce nuestro mapa ni las conclusiones internas.

—Pero sabe que vais a revisar originales —dijo Elena.

—Sí.

El dato no añadía una prueba sobre lo ya ocurrido, pero modificaba las condiciones presentes de la investigación.

Hasta ese momento Nicolás podía desconocer cuánto material había sobrevivido fuera de la caseta.

Las fotografías que Tomás se había enviado estaban preservadas.

El respaldo municipal había permitido seguir la cadena de versiones hacia atrás.

Ahora, además, la policía exigía formalmente conservar cualquier soporte capaz de contener archivos intermedios o datos originales.

Elena percibió enseguida la inferencia tentadora y la frenó antes de escribirla.

—Que haya recibido el requerimiento no significa que vaya a hacer nada.

—No.

—Ni que exista necesariamente una copia que le preocupe.

—Tampoco.

—Solo sabemos que, desde hoy, conoce que los originales y los soportes van a revisarse.

—Eso sí.

Javier los miró.

—Y si no tiene nada que ocultar, conservará lo que haya y lo entregará.

Elena asintió.

No necesitaban anticipar la conducta de Nicolás. Bastaba con reconocer que la documentación técnica había dejado de ser un asunto interno de la empresa y estaba sometida a una obligación formal de preservación.

Alba regresó al justificante de compra.

—Quiero saber cuánto valor das al combustible dentro del conjunto.

Elena pensó unos segundos.

—Para identificar al autor, poco por sí solo. Para explicar la mecánica del segundo incendio, bastante más.

—¿Por qué?

—Porque ya sabemos que esos lugares no ardieron por continuidad desde un foco anterior.

Son igniciones separadas y selectivas, además dentro de zonas con poco combustible superficial después del primer incendio.

Un producto ligero ayudaría a iniciar combustión rápidamente justo donde se necesitara, sin pretender crear un frente amplio.

Javier asintió.

—Es coherente con fuegos pequeños y dirigidos. Se utiliza suficiente producto para iniciar llama en el punto elegido y se deja que arda lo que hay allí.

Elena señaló el primer sector del plano.

—Eso encaja con lo que vemos aquí: afectar la señal y su entorno inmediato, no volver a incendiar la ladera.

Pasó al segundo y al tercero. Finalmente señaló la caseta.

—Y en este lugar ayuda a explicar por qué la afectación reciente se concentra en el interior y alrededor del armario.

Alba estudió el conjunto.

—Entonces el combustible explica la finalidad.

—No exactamente. El patrón espacial es el que nos permite inferir una finalidad. El combustible ayuda a explicar cómo pudo ejecutarse de manera rápida y localizada.

La diferencia le parecía importante.

Si al día siguiente el análisis químico resultara menos preciso de lo que esperaban, seguirían teniendo los tres focos sobre tres vértices modificados, la caseta, los restos compatibles con señalización y los datos independientes de Tomás.

La analítica reforzaba esa estructura.

No la creaba.

—Quiero que quede expresado así —dijo Elena.

Alba lo anotó.

—¿Y la compra?

—Igual. Temporalmente refuerza que alguien con acceso a una tarjeta de la empresa pudo disponer de un producto compatible pocas horas antes. No demuestra quién lo compró ni quién lo utilizó.

Javier sonrió.

—Vas a conseguir que vuestro informe no tenga una sola frase que sirva para un titular.

—Me conformo con que aguante cuando alguien intente desmontarlo.

La broma alivió la sala apenas unos segundos.

Alba ordenó después los documentos por fechas y Elena siguió con la vista la secuencia.

Tomás había detectado discrepancias y había vuelto al terreno para comprobarlas. Había conservado fotografías de V-17, V-21 y V-34 vinculadas a referencias estables. Las versiones posteriores habían introducido modificaciones puntuales que preservaban las condiciones necesarias para la operación.

Durante el primer incendio, que todo indicaba que se había originado accidentalmente, Tomás había recibido un golpe antes de caer por la ladera.

Días más tarde, en una franja nocturna compatible con el segundo episodio, el sistema de la barrera había registrado una apertura mediante la credencial compartida de la empresa. Después aparecieron quemados los tres sectores conflictivos y la caseta.

Ahora sabían además que la tarde anterior una tarjeta de aquella empresa había pagado un pequeño envase de combustible de una clase compatible con los residuos recuperados en los cuatro lugares.

La secuencia estrechaba el caso, pero Elena no quiso resumirla con un nombre. Todavía no.

—Quiero volver mañana a los tres puntos —dijo.

Alba levantó la vista.

—Ya los hemos medido.

—Los medimos para comprobar la relación entre las divergencias y el fuego.

—¿Qué falta?

—Reconstruirlos sin utilizar la versión final como guía. Partir de las referencias de Tomás, reproducir sus posiciones y comprobar dónde caen respecto a las áreas quemadas.

Javier entendió enseguida.

—Replantear V-17, V-21 y V-34 de forma independiente.

—Sí.

—¿Desde sus referencias físicas?

—Desde todo lo que podamos reconstruir de sus datos y con control suficiente para defender el resultado.

Alba señaló el plano.

—Ya sabemos aproximadamente que caen ahí.

—Aproximadamente nos ha servido para formular la hipótesis.

Ahora quiero ponerla a prueba. Si podemos reconstruir los puntos sin Mateo, sin la versión modificada y sin utilizar como guía los propios focos, sabremos cuánto del segundo incendio se explica únicamente por lo que Tomás había dejado sobre el terreno.

Alba guardó silencio unos instantes.

—Datos de Tomás contra terreno.

—Exactamente.

Javier recogió su informe.

—Eso me interesa más que el combustible.

A Elena también.

Los residuos, la compra, el acceso nocturno y la comisión acercaban la investigación a Nicolás, cada uno con sus propios límites. La trazabilidad de las versiones lo mantenía además dentro del núcleo técnico.

Pero la parte que Elena quería cerrar todavía no hablaba de personas.

Hablaba de tres lugares.

Si podía reconstruir V-17, V-21 y V-34 de forma independiente y las tres posiciones caían dentro de las zonas que alguien había vuelto a quemar, el segundo incendio dejaría de ser únicamente un patrón sospechoso de encubrimiento.

Demostraría qué información física había intentado borrar.

Elena guardó el informe de Javier.

El combustible reforzaba la historia.

El terreno tenía que decidir si la sostenía.