Capítulo 26
El correo de Tomás contenía menos de lo que Elena esperaba y más de lo que necesitaba.
Alba había obtenido el acceso por el cauce correspondiente y la revisión se había limitado a las cuentas y al material relacionado con Valdorna y con la actividad de la empresa.
No iban a recorrer sin criterio el archivo personal de un muerto.
Sobre la mesa tenían un equipo preparado para consultar los mensajes relevantes, copias ya preservadas y una relación de términos que permitía reducir la búsqueda.
Era la mañana del séptimo día.
Durante casi una semana habían seguido mentiras que, al aclararse, conducían a problemas reales pero distintos del que buscaban: la hora alterada de una reparación, una firma utilizada fuera de contexto, una mala gestión documental y la entrada prohibida de Mateo en la zona restringida.
Cada línea había servido para limpiar una parte del caso.
Ahora la pregunta era otra.
Necesitaban saber qué había comprobado Tomás antes de morir.
Alba dejó una carpeta junto al teclado.
—Esto es lo que está preservado de momento. Correos relacionados con la empresa, Valdorna y documentación técnica. Si aparece algo fuera de ese ámbito, lo dejamos.
—Bien.
—Y si necesitas abrir un adjunto que no esté ya copiado, me avisas.
Elena asintió.
Empezó por los mensajes de los días anteriores al primer incendio. Había citas, recordatorios de plazos, envío de documentos, planos con nombres apenas distintos y correos breves que carecían de sentido sin el contexto de trabajo.
Después descubrió que Tomás se enviaba mensajes a sí mismo.
No tenía nada de extraño. Muchos profesionales utilizaban el correo para mover material entre dispositivos cuando estaban fuera de la oficina, conservar una copia rápida o evitar depender de una sincronización que podía fallar.
El asunto de uno de los mensajes era sencillo:
VALDORNA_CAMPO
No había texto en el cuerpo del correo. Solo tres fotografías.
Elena comprobó primero la fecha.
Anterior al incendio.
—Alba.
La sargento se acercó.
—¿Qué has encontrado?
—Fotografías que Tomás se envió a su propia cuenta. Parecen material de campo.
Alba comprobó el mensaje y la referencia de preservación.
—Puedes abrirlas.
La primera mostraba una hoja de libreta apoyada sobre una superficie oscura. La fotografía estaba ligeramente inclinada y parecía tomada con prisa, pero la anotación principal podía leerse.
En la parte superior figuraba un código:
V-17.
Debajo había varios valores numéricos, una distancia respecto a una referencia física y una abreviatura que Elena no identificó de inmediato.
No había nombres ni comentarios sobre fraude. Tampoco una explicación de por qué aquellos números importaban.
Solo trabajo de campo.
—¿Es una coordenada? —preguntó Alba.
—Parte de la información de una posición. Nos falta contexto para saber exactamente qué representa cada cifra: sistema de referencia, encabezados, quizá algún dato que quedó fuera de la fotografía. No quiero reconstruir más de lo que realmente vemos.
La segunda imagen seguía el mismo formato y llevaba otro código:
V-21.
La tercera era V-34.
El reconocimiento llegó al comprobar aquellos nombres. Elena los había visto en la documentación asociada a los tres sectores que llevaban varios días investigando.
Consultó sus notas.
—Son los tres.
—¿Los tres puntos del segundo incendio?
—Los tres códigos asociados a esos sectores.
Alba permaneció junto a ella.
—¿Podemos reconstruir las posiciones?
—Todavía no con precisión suficiente.
Las fotografías no eran una exportación completa del equipo GNSS ni una tabla preparada para repetir una medición. Conservaban una parte de los valores, suficiente para comparaciones, pero no necesariamente para rehacer el trabajo sin más información.
Tomás, sin embargo, había añadido referencias de campo.
Junto a V-17 figuraba:
AF-R1
y una distancia.
Elena recordó el afloramiento rocoso utilizado durante la medición del día anterior, pero no dio por hecho que la abreviatura significara eso.
—Necesito comprobar cómo utilizaba estos códigos.
Buscaron entre la documentación ya preservada y encontraron una hoja de campo anterior con una pequeña leyenda.
AF correspondía a afloramiento.
R1 identificaba una referencia numerada.
En V-21 aparecía M-2. La misma leyenda utilizaba M para muro.
V-34 llevaba Z-1.
Zanja.
Elena volvió a observar las tres fotografías.
Las referencias coincidían con el tipo de elementos que ella había escogido el día anterior para evitar depender de la cerca móvil: un afloramiento rocoso, un muro antiguo y una zanja reconocible sobre el terreno.
—Tomás estaba vinculando sus puntos a referencias estables.
Alba se inclinó hacia la pantalla.
—¿Eso demuestra que su posición era la correcta?
—No. Demuestra que dejó una forma independiente de volver a comprobarla.
Ese matiz cambiaba bastante el valor de las fotografías.
Una cifra aislada podía corresponder a una versión provisional o contener un error.
Si además estaba relacionada con una distancia desde una referencia física reconocible, la posición podía intentarse reproducir sobre el terreno sin depender únicamente del archivo digital.
En otra imagen del mismo mensaje aparecía una esquina de plano, dos flechas y una anotación manuscrita:
REV.
—¿Revisión? —preguntó Alba.
—Probablemente. Hasta que encontremos una leyenda o un uso equivalente, lo dejaría así.
Continuaron con la búsqueda.
Dos días después Tomás se había enviado otro mensaje.
El asunto era:
CAMPO_2
Esta vez había dos fotografías. La primera mostraba la pantalla de un controlador vista desde arriba. Parte de la información había quedado fuera del encuadre, pero se distinguían los tres códigos —V-17, V-21 y V-34— junto a más valores numéricos.
Elena amplió la imagen hasta donde permitía la resolución.
—Aquí tenemos algo más.
—¿Los datos brutos? —preguntó Alba.
—Una parte de los datos de campo. No lo llamaría todavía un registro bruto completo.
No tenían una exportación íntegra del equipo, ni tiempos de observación, ni parámetros técnicos suficientes para reconstruir todo el levantamiento. Pero sí una fuente generada por Tomás antes del incendio que permitía dejar de depender exclusivamente de los planos posteriores.
—¿Puedes compararlos con la versión final?
—Puedo comprobar si las posiciones coinciden. No todavía explicar cómo se produjo la diferencia.
—Con eso basta por ahora.
Elena abrió la versión utilizada en la operación.
Empezó por V-17. Los valores visibles en la fotografía no coincidían con los del punto final.
Repitió la comprobación con V-21.
Después con V-34.
Los tres presentaban diferencias.
No calculó desplazamientos exactos utilizando una fotografía incompleta ni intentó deducir aún el mecanismo que había producido los cambios.
En aquel momento solo necesitaba saber si los datos que Tomás había considerado suficientemente importantes como para conservar eran los mismos que habían terminado en el documento final.
No lo eran.
—Los tres son distintos —dijo.
Alba tomó nota.
—¿Sabemos cuánto?
—No con la precisión que quiero. Para eso necesito los datos completos. Pero sí podemos sostener que los valores de las fotografías no coinciden con los de la versión final.
Elena abrió el mapa de trabajo de la tarde anterior.
Con la información recuperable y las distancias respecto a las referencias físicas, situó primero V-17 dentro del margen que podían defender. La posición aparecía en la misma franja que habían reconstruido sobre el terreno, allí donde las versiones topográficas empezaban a separarse.
V-21 ofreció el mismo resultado.
Después V-34.
Elena permaneció unos segundos mirando la pantalla.
Hasta entonces habían llegado a aquella posible línea de Tomás por varias vías imperfectas: el recuerdo de Mateo, referencias físicas antiguas, restos compatibles con señalización y la comparación geométrica entre las versiones.
Ahora tenían una fuente que no dependía de ninguna de ellas.
Las fotografías procedían del propio trabajo de Tomás.
Alba comprobó otra vez la fecha del correo y los datos asociados al mensaje.
—Quiero que quede bien fijada la procedencia —dijo Elena—. Si después utilizamos estas posiciones, tiene que constar que las fotografías estaban en un correo enviado por Tomás a sí mismo antes del incendio.
—Quedará documentado.
El dato no demostraba que cada cifra fuese técnicamente correcta, pero sí algo previo y necesario: esas posiciones existían antes de su muerte y antes del segundo fuego.
—Esto mejora el valor de lo que contó Mateo —dijo Alba.
—Lo corrobora parcialmente. No convierte su recuerdo en una medición.
—Pero ya no depende solo de él.
—Eso sí.
Elena ocultó del mapa las referencias procedentes del testimonio de Mateo.
La relación seguía apareciendo.
Retiró también la antigua versión documental.
Las posiciones reconstruibles desde las fotografías de Tomás continuaban situándose dentro de los sectores de divergencia.
Eso era lo que buscaba: que la misma conclusión provisional sobreviviera al retirar una de las fuentes.
Siguieron revisando correos. Aparecieron fotografías de baterías, pantallas de equipos, planos doblados y notas demasiado incompletas para resultar útiles.
Tomás parecía haber utilizado su propio buzón como una memoria de trabajo rápida, sin convertir después todo aquel material en un expediente ordenado.
No encontraron ninguna acusación.
Tampoco el nombre de Nicolás asociado a V-17, V-21 o V-34, ni una frase en la que Tomás calificara de fraudulenta la versión final.
Elena prefería que fuera así. Lo contrario habría sido una solución demasiado cómoda. Las fotografías aportaban algo más útil: una fuente independiente que podían comparar con el resto de las pruebas.
—Vuelve a los tres puntos —dijo Alba.
Elena cargó otra vez las posiciones recuperadas y añadió la versión final.
Hasta ese momento se habían concentrado en demostrar que no coincidían. Ahora miró hacia dónde llevaban las diferencias.
Abrió también el plano de accesos y la documentación sobre superficies vinculada a la compraventa.
En V-17, la posición utilizada en la versión final desplazaba la representación hacia una solución que mantenía el corredor de acceso continuo exigido por el comprador.
En V-21, el cambio evitaba que una parte de la superficie útil quedara fuera del bloque previsto.
El tercero, V-34, afectaba al tramo que permitía mantener la continuidad geométrica entre ambas condiciones.
Elena volvió a comprobarlo antes de hablar. Comparó primero los datos de Tomás con la versión anterior, después con la final y, por último, con las condiciones técnicas de la operación.
—¿Qué estás viendo? —preguntó Alba.
Elena señaló V-17.
—Esta modificación favorece que el acceso siga apareciendo como continuo.
Pasó a V-21.
—Esta evita una pérdida de superficie dentro del bloque.
—¿Y V-34?
—Ayuda a mantener la conexión entre ambas cosas.
Alba estudió el mapa.
—¿Los tres cambios favorecen la venta?
Elena eligió las palabras antes de responder.
—Los tres producen el mismo efecto funcional en la representación final: preservan las condiciones de acceso, superficie y continuidad que necesita la operación.
—Cuesta verlo como tres errores independientes.
—Lo que podemos decir es que no producen efectos aleatorios.
—¿Ya puedes afirmar que las coordenadas fueron manipuladas?
—Todavía no.
Alba esperó la explicación.
—Necesito los registros completos y comprobar cómo se generó el plano final.
También quiero descartar una transformación, un ajuste sistemático, una conversión o cualquier otra explicación técnica capaz de producir las diferencias.
Si ninguna lo hace, entonces podremos hablar de modificaciones punto por punto.
La cautela ya no retrasaba el trabajo; definía con precisión el siguiente paso.
Elena guardó una copia del mapa.
Por primera vez podían reproducir, al menos de forma parcial e independiente, las posiciones que Tomás había considerado importantes antes de morir. No dependían de la documentación quemada en la caseta, de la memoria de Mateo ni de la versión final de la empresa.
Todavía no sabían quién había generado esta última ni quién había golpeado a Tomás.
Pero el motivo de sus comprobaciones empezaba a aclararse.
Las diferencias de V-17, V-21 y V-34 no afectaban a tres detalles inconexos. Las tres contribuían a mantener las condiciones que permitían que la compraventa siguiera adelante.
Elena volvió a mirar las fotografías enviadas desde el teléfono de Tomás: tres puntos relacionados con referencias físicas estables y conservados antes del incendio.
Después miró el plano final.
La siguiente comprobación ya estaba definida. Tendrían que averiguar si existía alguna explicación técnica capaz de transformar aquellos tres puntos en los de la versión entregada sin modificar también el resto del levantamiento.