Capítulo 14
Alba Noriega había dividido la mesa en tres espacios.
A la izquierda dejó los documentos del primer incendio. En el centro, las fotografías y los croquis relacionados con Tomás. A la derecha, el material del segundo fuego: el plano de los tres puntos, las imágenes de la caseta y las distintas versiones de la documentación topográfica.
—No quiero una teoría —dijo—. Quiero saber qué podemos considerar hecho, qué es una inferencia y qué sigue siendo una pregunta.
Elena se quitó la chaqueta y la dejó en el respaldo de una silla. Javier ya estaba sentado, repasando el informe técnico provisional sobre el origen del primer incendio. La reunión se celebraba en una sala pequeña de las dependencias donde Alba coordinaba la investigación. No había nadie más.
Elena observó la distribución de la mesa. Le pareció una buena forma de evitar que las distintas líneas se mezclaran antes de tiempo.
—Empecemos por lo que está más cerrado.
Alba señaló el lado izquierdo.
—El primer incendio.
Javier abrió su carpeta.
—El origen más probable está en el margen de la pista donde se hizo la reparación de maquinaria. El mecanismo es compatible con chispas o partículas calientes sobre combustible vegetal fino. La pendiente, el viento y la propagación inicial encajan.
—¿Accidental? —preguntó Alba.
—Todo lo que tenemos apunta en esa dirección.
Elena añadió:
—Y Bruno ha admitido que alteró la hora del parte para alejar la reparación de la franja temporal inmediatamente anterior al incendio.
Alba escribió dos líneas.
—Entonces, hecho: la hora se manipuló. Inferencia técnica fuerte: el incendio se originó accidentalmente durante la reparación.
—Sí —dijo Javier—. No puedo darte la chispa concreta, pero no necesito buscar otro origen para explicar el patrón.
Alba miró a Elena.
—¿Eso afecta a la muerte de Tomás?
—Al contexto, no a la causa de su muerte.
—Explícamelo.
Elena apoyó un dedo sobre el plano.
—El incendio crea el escenario en el que Tomás muere. Pero que ese fuego sea accidental elimina una posibilidad que podía contaminar todo lo demás: que alguien lo hubiera provocado para hacerle daño.
—Entonces el primer incendio no parece un crimen dirigido contra Tomás.
—Correcto.
—Y tampoco explica el segundo.
—No.
Javier cerró la carpeta.
—De hecho, cuanto mejor explicado queda el primero, más difícil resulta tratar el segundo como una simple continuación.
Alba desplazó una fotografía hacia el centro de la mesa.
—Vamos con Tomás.
Sonia había dejado por escrito aquella misma mañana su conclusión provisional. El traumatismo craneal vital y anterior a la caída ya no dependía de una conversación informal.
—Hecho —dijo Alba—: hay un golpe previo a la caída.
Elena asintió.
—Sí.
—Y la posición del equipo y la ruta aceptada de evacuación no encajan de forma sencilla con una huida accidental.
—Eso es una observación del terreno —precisó Elena—. Por sí sola no demuestra una agresión.
—Pero ahora se combina con la lesión.
—Sí.
Alba estudió el croquis.
—Pregunta abierta: dónde recibió el golpe, con qué y quién estaba con él.
Elena no añadió nada. En esa parte del caso, la cronología empezaba a importar más que cualquier intuición.
Alba sacó una hoja nueva.
—Vamos con el intervalo crítico.
—Tomás estaba trabajando en la zona alta —dijo Elena—. Nicolás sostiene que llevaban separados desde antes del mediodía.
—Bruno estaba en la zona baja con la cuadrilla.
Javier intervino:
—Y tenemos ya suficientes documentos y testigos para reconstruir buena parte de sus movimientos alrededor de la reparación y del inicio del incendio.
—No lo descarto formalmente —dijo Alba—, pero parece tener poco margen para estar arriba con Tomás en ese intervalo.
Elena aceptó la formulación.
—Mateo estaba relacionado con el lindero de uno de los sectores —continuó Alba—. Todavía tengo que fijar dónde se encontraba durante la franja crítica.
—Su conflicto con los Valdés es real —dijo Elena—. Eso no convierte el conflicto en un motivo para matar a Tomás. Y lo que nos ha contado sobre las estacas puede ser útil aunque él tenga interés en el lindero.
Alba marcó el nombre de Mateo.
—Celia.
Elena pensó unos segundos.
—Tenía interés económico en que la venta saliera adelante. Sabemos que Tomás estaba ralentizando el proceso porque quería revisar documentación y mediciones.
—¿Conflicto directo?
—No he visto todavía nada que permita ir más allá.
—Entonces: presión económica, relación familiar y conocimiento de la operación. Nada más por ahora.
—Sí.
—Irene.
—Gestionó una versión corregida de manera irregular. Tomás pidió las versiones anteriores y ella retrasó la respuesta porque temía haber gestionado mal el expediente.
Alba levantó la vista.
—¿Eso puede ser un motivo?
—Puede explicar que estuviera nerviosa y que ocultara una mala gestión. No basta para convertirla en responsable de la muerte.
Javier sonrió apenas.
—Vamos a necesitar una pared más grande si cada mentira termina teniendo una explicación distinta.
—Eso sería una buena noticia —respondió Elena—. Significaría que no estamos metiendo todas las mentiras en el mismo saco.
Alba dejó el bolígrafo.
—Nicolás.
Elena miró el nombre antes de hablar.
—Era socio de Tomás y trabajaba en la misma operación. Conocía la caseta, los sectores de replanteo y las rutinas del trabajo de campo.
—Dice que estaba en otra zona cuando empezó el incendio.
—Sí.
—Y que no habló con Tomás después.
—Dice que intentó contactar con él, pero no recuerda una conversación completa.
Alba tomó nota sin hacer comentarios.
Elena tampoco. Todavía no tenían nada que justificara colocar a Nicolás por encima de los demás únicamente porque compartiera profesión, información y acceso con Tomás.
Alba desplazó la hoja hacia el centro de la mesa.
—Celia, Bruno, Irene, Mateo y Nicolás. Todos tienen una relación concreta con Tomás y todos aparecen de alguna forma en el contexto que estaba revisando antes de morir.
—No todos de la misma manera.
—Por eso están en una lista y no en una conclusión.
La precisión le pareció adecuada.
Javier señaló el lado derecho.
—Nos falta el segundo incendio.
Elena acercó el plano de los tres sectores.
—Hechos: hubo tres zonas pequeñas afectadas de nuevo dentro del perímetro del primer incendio y una nueva exposición al fuego en la caseta.
—Sin una continuidad suficiente para explicarlas como propagación superficial —añadió Javier.
—Además, el barrido térmico del día anterior no mostró anomalías relevantes en esos puntos.
Alba fue anotando.
—Los restos naranjas.
—En las tres zonas aparecieron fragmentos compatibles con cabezas de señalización topográfica. No todas las piezas permiten una identificación completa, pero el patrón se repite.
—Y las coordenadas.
Elena colocó dos versiones del plano una junto a otra.
—Los tres sectores corresponden a tres puntos que cambian entre versiones documentales.
Alba permaneció unos segundos mirando las hojas.
—¿Eso es un hecho o una inferencia?
—La coincidencia es un hecho. Que alguien quemara esos lugares para borrar la discrepancia es una inferencia.
—¿Fuerte?
Elena tardó apenas un instante.
—Cada vez más.
Javier se inclinó sobre el plano.
—Desde el punto de vista del fuego ocurre lo mismo. Si alguien quisiera incendiar otra vez el monte, este patrón sería muy poco eficaz. Si pretendiera afectar lugares concretos, resulta bastante más coherente.
Alba escribió una palabra en mayúsculas:
SELECCIÓN.
—Pregunta abierta —dijo—: qué se seleccionó exactamente.
—Sí.
—Porque pueden ser estacas, documentación, referencias de campo…
—O algo que todavía no sabemos que estaba allí.
Alba rodeó la palabra.
—Y quién sabía que estaba.
Elena asintió.
Ese era el elemento que empezaba a reducir el número de explicaciones posibles, aunque todavía no permitiera reducirlo a una persona.
—Quiero evitar una cosa —dijo.
—Dime.
—Que ahora que sabemos que Tomás recibió un golpe tratemos automáticamente el segundo fuego como prueba del homicidio.
Alba apoyó la espalda en la silla.
—También quiero evitarlo.
—Puede ser un acto de encubrimiento.
—Eso parece.
—Sí. Pero falta saber qué se intentaba encubrir.
Javier miró primero a Elena y después a Alba.
—La muerte.
—Podría ser —respondió Elena—. O un fraude técnico, una irregularidad relacionada con la documentación, algo de la compraventa que todavía no entendemos… No tenemos derecho a elegir una explicación solo porque ahora encaje mejor con la muerte.
Alba movió una fotografía de la caseta hacia el centro.
—Si quien volvió a quemar intentaba borrar pruebas de la muerte, tendría que saber qué pruebas podían haber sobrevivido.
—Y si intentaba borrar una discrepancia técnica, tendría que conocer qué puntos eran relevantes.
—En los dos casos hablamos de conocimiento.
—Sí.
—Pero no necesariamente del mismo tipo.
Elena señaló el plano.
—Exacto.
La diferencia era importante. Saber que Tomás utilizaba la caseta no exigía un conocimiento especial: mucha gente de la zona lo sabía.
Ver una estaca en el campo tampoco. Otra cosa era saber por qué tres puntos concretos tenían suficiente importancia como para regresar a un monte ya quemado y actuar sobre ellos.
Alba abrió una carpeta nueva.
—Entonces la línea penal necesita tres cosas de vuestra parte.
Elena esperó.
—Primero, fijar con la mayor precisión posible dónde están esos tres puntos y qué había en ellos antes del segundo fuego.
—De acuerdo.
—Segundo, determinar si las diferencias de coordenadas son correcciones técnicas normales o modificaciones deliberadas.
—Para eso necesitaremos los datos originales.
—Los pediremos formalmente.
—Bien.
—Y tercero, identificar quién podía conocer el significado de esos puntos, no solo saber que existían.
Elena miró a Javier.
—Eso sí puede reducir bastante el problema.
—¿Por qué?
—Porque el acceso físico al monte no discrimina mucho. Podía entrar bastante gente. En cambio, si las coordenadas esconden algo, mucha menos gente tendría por qué saber qué significaban esos tres puntos.
Alba subrayó una frase en su hoja.
—Conocimiento del significado.
—Sí.
Javier señaló la cronología del primer incendio.
—Y no olvidemos el intervalo de Tomás.
Alba volvió a la hoja anterior.
—No lo olvido. La prioridad policial es reconstruir quién podía estar con él entre su último trabajo confirmado y el momento en que el incendio altera la escena.
—Ahí el fuego nos perjudica —dijo Elena.
—Mucho.
—Pero también puede fijar límites.
Alba levantó la vista.
—¿Qué límites?
—Quien lo golpeara tuvo que estar allí antes de que el avance del fuego hiciera inviable permanecer en esa parte alta. Y cualquier movimiento posterior tuvo que producirse dentro de una ventana corta.
Javier añadió:
—El avance del frente puede ayudarnos a descartar tiempos o recorridos incompatibles.
Alba hizo una marca junto a la cronología.
—Eso quiero. No una reconstrucción perfecta. Límites que podamos defender.
—Eso sí podemos darlo.
Durante unos minutos trabajaron sin necesidad de hablar demasiado.
Javier ordenó las horas relevantes del primer incendio.
Elena numeró los tres puntos topográficos y anotó junto a cada dato de qué fuente procedía.
Alba separó en otra hoja las cuestiones que requerirían diligencias policiales: accesos, movimientos, comunicaciones y documentación original de la empresa.
Cuando terminaron, la mesa parecía más ordenada. No porque tuvieran menos información, sino porque cada elemento había dejado de competir con los demás por convertirse en la explicación principal.
Alba repasó la lista.
—Bruno: mentira explicada por la negligencia del primer incendio. Falta terminar de cerrar su posición durante el intervalo de Tomás.
—Sí.
—Celia: interés económico y relación familiar con la operación.
—Sí.
—Irene: irregularidad administrativa y contacto documental con Tomás.
—Sí.
—Mateo: conflicto de lindes y conocimiento parcial del trabajo de campo.
—Sí.
—Nicolás: socio, conocimiento profesional, acceso a la caseta y al replanteo.
Elena asintió.
Alba dejó el bolígrafo.
—Ninguno es todavía «el sospechoso».
—Mejor.
—No te preocupes. Ya llegará el momento de equivocarnos con más precisión.
Javier soltó una risa breve y Elena sonrió. La ligereza duró apenas unos segundos antes de que Alba volviera al plano del segundo fuego.
—Dime una hipótesis útil. No una conclusión.
Elena observó los tres puntos y la caseta.
Durante varios días había evitado formular más de lo que podía sostener. Ahora sí tenía suficiente para dar un paso sin convertirlo en certeza.
—El segundo fuego puede ser un acto de encubrimiento.
Alba no escribió todavía.
—¿Del homicidio?
—No necesariamente.
—Sigue.
—Alguien pudo intentar destruir algo que Tomás había descubierto antes de morir. Ese descubrimiento podría estar relacionado con su muerte o podría ser un delito distinto que después terminara conectado con ella.
Javier miró el plano.
—Y si fueran autores diferentes, el segundo incendio podría estar ocultando una cosa sin haber causado la otra.
—Exacto.
Alba escribió por fin:
ENCUbrIMIENTO: OBJETO AÚN NO DETERMINADO.
Elena leyó la frase.
Era suficiente para ese momento. No necesitaban todavía una historia completa ni un culpable; necesitaban averiguar qué había intentado desaparecer en aquellos cuatro lugares.