El bosque que ardió dos veces (Las huellas de la tierra 2) Capítulo 13
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Capítulo 13

La doctora Sonia Prendes no empezó por la causa de la muerte.

Colocó tres imágenes sobre la mesa, ajustó la lámpara y miró primero a Alba Noriega.

—Lo que voy a explicar es una revisión de la documentación disponible. No estoy cambiando una autopsia entera por una fotografía.

La sargento asintió.

Elena permanecía al otro lado de la mesa con el cuaderno cerrado.

Había llegado media hora antes a aquellas dependencias de coordinación, donde Alba había reunido a las personas necesarias para decidir si la muerte de Tomás Valdés debía revisarse como algo más que un accidente ocurrido durante un incendio.

Era la primera vez que Elena veía a Alba Noriega.

Tendría poco más de cuarenta años, llevaba el uniforme sin nada que llamara especialmente la atención y hablaba con una economía de palabras que a Elena le resultó cómoda.

Antes de que Sonia llegara había escuchado la reconstrucción espacial de la ladera sin interrumpir más de lo necesario y, sobre todo, sin intentar transformarla en una teoría criminal.

Elena agradeció ambas cosas.

Sonia señaló la primera imagen.

—Esta corresponde a la región posterior del cráneo.

Hay una lesión que en la primera valoración quedó integrada dentro del conjunto traumático de la caída.

Después de revisar las fotografías de autopsia, las notas de disección y la distribución del resto de lesiones, ya no me parece correcto mantener esa interpretación.

Alba apoyó una mano sobre la carpeta.

—¿Por qué?

—Porque presenta signos de vitalidad y una morfología distinta de las lesiones que sí son compatibles con el impacto y el arrastre de la caída.

Elena levantó la vista. No necesitaba comprender cada detalle médico para entender la diferencia esencial.

—¿Es anterior? —preguntó Alba.

—Sí. Anterior a la caída.

La habitación quedó en silencio unos segundos.

Sonia pasó a la segunda imagen.

—Con estas fotografías no puedo establecer un intervalo exacto de minutos ni identificar el objeto que produjo el traumatismo. Lo que sí puedo afirmar es que Tomás recibió un golpe en la cabeza cuando estaba vivo y antes de las lesiones atribuibles a la caída por la ladera.

Alba miró a Elena.

—¿Eso encaja con lo que viste ayer?

La pregunta estaba bien formulada. No le pedía que interpretara una lesión, sino que la relacionara con la disposición de la escena.

—Encaja con que la secuencia espacial pueda ser más compleja que una huida que termina en una caída. Pero yo no puedo decir qué ocurrió entre el punto donde estaba trabajando y el borde de la pendiente.

—Cuéntamelo desde el principio.

Elena abrió el cuaderno, aunque no hizo una recapitulación completa del caso. Se limitó a los datos que habían motivado la revisión.

—Tomás estaba trabajando en la parte alta.

El trípode quedó documentado cerca de uno de los sectores replanteados y la mochila apareció después, separada y en dirección a la pista.

Según la reconstrucción aproximada del avance del fuego, todavía existía una salida lateral.

Sin embargo, el cuerpo terminó en una vaguada a la que se llega mediante una desviación que no continúa de forma natural ni la dirección de trabajo ni la salida más directa.

Alba tomó una nota.

—¿Esa desviación sería imposible durante una evacuación?

—No. Con humo, miedo o desorientación una persona puede tomar una decisión mala. Por eso pedí que se revisara la documentación forense. El terreno no demostraba por sí solo una agresión.

Sonia asintió.

—Y esa distinción importa. La lesión y la reconstrucción espacial se apoyan entre sí, pero una no sustituye a la otra.

Alba pasó una página.

—Entonces tenemos un golpe previo.

—Sí —respondió Sonia.

—¿Suficiente para causar la muerte?

La forense se tomó unos segundos antes de contestar.

—No voy a fijar todavía la mecánica completa. La caída produjo lesiones graves. Lo que cambia es que ya no podemos tratar todo el cuadro traumático como consecuencia de esa caída. Existe una lesión anterior que necesita una explicación independiente.

—¿Podría ser accidental?

—En abstracto, un traumatismo craneal puede tener muchas causas. Pero por la localización, la morfología y el conjunto de datos, no me parece prudente seguir integrándolo en la caída sin investigar cómo se produjo.

Alba cerró un momento la carpeta.

—Con eso basta.

No había dramatismo en la frase, solo una decisión.

—A partir de ahora se reabren diligencias sobre la muerte de Tomás —dijo—. Deja de tratarse como un accidente cerrado.

Para Elena aquello alteraba la naturaleza del trabajo, aunque no su función dentro de él.

Hasta entonces había seguido incendios, accesos, señales topográficas y documentos dentro de una peritación ambiental.

Había encontrado mentiras e irregularidades, pero ninguna de ellas convertía por sí sola aquella muerte en un asunto penal.

Ahora la situación era distinta.

Alba la miró directamente.

—Quiero dejar claros los límites desde el principio. Tú no vas a hacer interrogatorios, registros ni a pedir datos reservados por tu cuenta.

—No pensaba hacerlo.

—Bien. Quiero que continúes con la parte que ya llevas: incendios, puntos quemados, señalización, discrepancias entre terreno y documentación técnica. Si algo de eso adquiere valor penal, nos lo trasladas y nosotros actuamos por el cauce correspondiente.

—Eso sí.

Sonia empezó a reunir las imágenes.

—Yo revisaré el resto de la documentación de la autopsia con esta nueva pregunta. Si puedo precisar algo sin especular, lo incorporaré.

—¿Necesitas algo de Elena? —preguntó Alba.

—El croquis exacto de las posiciones y las fotografías donde se ve la distribución del equipo.

Elena sacó una carpeta.

—He traído copias.

Sonia repasó las primeras páginas.

—Esto puede ayudar. No porque nos diga cómo murió, sino porque permite comprobar si las lesiones encajan con una caída iniciada en ese punto o si debemos contemplar otra secuencia previa.

Alba anotó algo más.

—El detalle de la lesión no sale de esta sala por ahora.

Elena asintió.

—¿Tampoco se comunica a la familia?

—Se hará por el cauce correspondiente. Con los demás, de momento, bastará con decir que la muerte está siendo revisada.

—Entendido.

La puerta se abrió y un agente dejó una carpeta fina sobre la mesa antes de marcharse. Alba la apartó sin abrirla.

—Hay otra cosa que necesito aclarar contigo. Ayer mencionaste que el segundo incendio afectó tres puntos de replanteo y una caseta.

—Sí.

—Y que los tres puntos coinciden con cambios entre distintas versiones de coordenadas.

—Sí, aunque todavía quiero verificar mejor la correspondencia.

—¿Tomás estaba revisando esas diferencias antes del primer incendio?

—Sabemos que había preguntado en el ayuntamiento por versiones anteriores y que trabajaba en sectores donde existen discrepancias. Todavía no puedo afirmar qué había descubierto ni qué pensaba de esos cambios.

—¿Y el segundo fuego ocurre después de su muerte?

—Sí.

Alba dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—Entonces tenemos dos cuestiones distintas. Una es quién golpeó a Tomás y por qué. La otra, quién volvió después y quemó esos puntos y la caseta.

—Podría ser la misma persona.

—Podría.

—O no.

—También.

La respuesta tranquilizó a Elena más de lo que lo habría hecho una teoría brillante. La historia más fácil se ofrecía sola: Tomás descubre algo, alguien lo mata y después destruye pruebas. Era precisamente el tipo de secuencia que convenía no aceptar hasta que los datos obligaran a hacerlo.

—No quiero que el segundo incendio se convierta en prueba de la agresión solo porque ahora sabemos que hubo un golpe —continuó Alba—. Necesito que me digas qué sabemos del fuego sin utilizar esta información.

Elena apoyó las manos sobre el cuaderno.

—Que no encaja bien con una reproducción simple del primer incendio.

Que en la caseta hubo una concentración de daño reciente en el interior.

Que en las tres zonas pequeñas aparecieron restos compatibles con señalización topográfica y que esas zonas corresponden a sectores donde cambian determinados puntos entre versiones documentales.

—¿Fue intencionado?

—La selección de lugares hace que esa posibilidad sea cada vez más plausible, pero todavía no tengo un mecanismo completo de ignición ni una identificación de autor.

—¿Quién podía entrar?

—Varias personas tenían acceso legítimo. Hay una barrera con mandos y llaves, además de accesos a pie. Hasta ahora he evitado utilizar los registros individualizados para construir la hipótesis alrededor de un nombre antes de entender el patrón.

Alba la observó.

—Ahora sí vamos a consultarlos.

—Por vuestro cauce.

—Exactamente.

La diferencia podía parecer pequeña al expresarla, pero separaba con claridad las funciones de ambas. Elena podía indicar qué información técnica sería relevante. Alba podía obtenerla dentro de una investigación penal y darle el tratamiento que correspondiera.

Sonia cerró su carpeta.

—Hay otra precaución que quiero que tengáis presente.

Alba levantó la vista.

—Dime.

—Todavía no sabemos si el golpe incapacitó a Tomás de inmediato, si pudo moverse después ni cuánto contribuyó exactamente la caída al resultado final. No construyáis una escena demasiado precisa a partir de una sola lesión.

—No lo haremos.

Elena anotó aquella limitación. Le parecía tan importante como el hallazgo.

El traumatismo previo no establecía dónde se había producido, qué objeto lo causó ni quién estaba presente. Lo único que hacía era obligar a dejar de tratar la caída como explicación completa.

Alba miró el reloj.

—Voy a reactivar las diligencias sobre la muerte y a revisar presencia, horarios y movimientos durante el primer incendio. Necesito que me pases una relación de las personas que, por tu trabajo, aparecen vinculadas a los sectores de replanteo o a la caseta.

—Puedo darte quién figura en cada documento, quién tenía acceso conocido y qué relación técnica tenía con esas zonas. Sin valorar culpabilidad.

—Eso es exactamente lo que quiero.

Elena añadió:

—Hay varias mentiras o irregularidades que ya tienen una explicación propia y conviene mantenerlas separadas.

—Bruno.

—Bruno alteró la hora del parte para ocultar una negligencia probable relacionada con el primer incendio.

Irene gestionó mal una sustitución documental.

Mateo mantiene desde hace años un conflicto de lindes.

Si juntamos cualquiera de esas cosas con la muerte solo porque existen, podemos convertir una verdad secundaria en una acusación.

Alba sonrió apenas.

—No sueles regalar sospechosos.

—No es mi trabajo.

—Mejor.

La tensión de la sala se relajó ligeramente.

Alba cerró la carpeta principal.

—Entonces seguimos así. Tú con el fuego, el terreno y las discrepancias técnicas. Javier con la investigación especializada del incendio cuando haga falta. Sonia con la parte forense. Yo con la investigación penal.

Elena asintió.

La distribución era sencilla y también marcaba una frontera que no debía perderse en los días siguientes.

Algunos de los hallazgos que hasta entonces formaban parte de una peritación podían terminar integrados en una investigación sobre una muerte violenta, pero eso no ampliaba las competencias de Elena ni convertía cada anomalía ambiental en una prueba penal.

Antes de levantarse, Alba volvió a abrir la carpeta.

—Una última cosa. No dejes el segundo fuego en segundo plano por esto.

—No pensaba hacerlo.

—Bien. Si alguien quemó esos tres puntos sabiendo qué significaban, puede que ahí esté parte del contexto que necesitamos para entender lo que pasó con Tomás.

Elena guardó el cuaderno.

No era una relación demostrada. Seguían siendo dos líneas que acababan de entrar en la misma investigación sin convertirse todavía en una sola historia.

Tomás había recibido un golpe antes de caer por la ladera. Días después, tres sectores que él había estado revisando y una caseta vinculada al trabajo topográfico habían ardido de nuevo.

Elena salió de la sala sabiendo que su tarea seguía siendo la misma que cuando había llegado a Valdorna: averiguar qué le había ocurrido al terreno y qué significaban las huellas que aún conservaba.

La diferencia era que ahora sabía que algunas de ellas podían ayudar a explicar también qué le había ocurrido a Tomás.