Capítulo 17 #3
—Venga ya, llevo durmiendo casi toda la semana.
Se acercó a la ventana y cerró la cortina. —Órdenes del jefe, que esta mañana te ha visto algo espesa y por eso me ha llamado.
—¿Yo espesa? —Miró sorprendida a su hermana. —¿Lo estoy?
Melania soltó una risita. —Esta mañana lo estabas, ni te diste cuenta de que intentaba hablarte de la boda…
Se llevó la mano al pecho. —¿Me habló de la boda?
—Sacó el tema un par de veces, pero cuando le pediste unas galletas se dio por vencido.
—Es que tengo mucha hambre y no me dejan comer nada que no salga de este gotero. —Fulminó a Betsy con la mirada. —¿Cuándo podré comer normal?
—Cuando lo diga el cirujano, guapa. ¿Tengo pinta de médico? No, ¿verdad? Pues deja de… —Llamaron a la puerta y decidida fue hasta allí. —Como sea un periodista me lo cargo.
Abrió mostrando al padre de Matthew que llevaba el brazo en cabestrillo. —¿Se puede?
—Sí, por supuesto —dijo Julieta desde la cama. Sonrió—. Me alegra verle tan bien.
—Niña, casi la casco. Dos veces.
Rio sin poder evitarlo y se tocó el vientre intentando que no le doliera, pero fue imposible. —No me haga reír.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó él acercándose a la cama.
—El cirujano dice que voy muy bien.
—Me alegro muchísimo. Después de lo que hizo ese loco…
—Ya es agua pasada.
Matthew sonrió. —Bien dicho, eres tan dura como tu madre.
—Eso no lo dude. —Miró su cabestrillo. —¿Cuánto tiempo…?
—Tres semanas, el tiempo justo antes de mi viaje a Hong Kong.
—Oh, pero su hijo aún estará delicado y…
—Tendrá que recuperarse sin mí.
—No puede ir solo.
—Mi secretaria me acompañará, no te preocupes. Durante estas semanas voy a dejar ciertas cosas en orden para no tener que preocuparme durante el viaje y una de ellas es… —Sacó un sobre del interior del cabestrillo y se lo tendió. —Aquí tenéis.
—¿Qué es? —Abrió el sobre y había unos papeles doblados. Frunció el ceño al leer el encabezado. —Entrega del fideicomiso de Robert Hottinger.
—Ya es hora de que los herederos se encarguen de él. Ahí tenéis el total de la herencia con fecha de la semana que viene, que es…
—Cuando se cumple el plazo para que nos la entreguen.
—Exacto. —Sonrió. —Espero que la disfrutéis muchísimo.
—Gracias. —La dobló sintiéndose algo culpable. —¿Puedo hacerle una pregunta?
—Claro que sí.
—Si nosotras no hubiéramos aparecido…
—Probablemente cuando yo muriera ese dinero aún seguiría en mis manos.
—¿Y qué es lo que hemos hecho para que haya dado este paso? —preguntó sin comprender.
—Ser buenas personas y demostrar que Elizabeth no hizo nada malo. —Apretó los labios. —Con eso me bastaba y habéis hecho un trabajo estupendo limpiando su imagen.
Se le cortó el aliento porque tenía la sensación de que sabía la verdad, la sabía, podía verlo en sus ojos. Él la besó en la frente. —Te deseo una pronta recuperación.
—Lo mismo le digo, y gracias por todo.
—Gracias a ti. —Fue hasta la puerta y la abrió. —¿Sabes? Si hubiera tenido una hija me hubiera gustado que fuera como Elizabeth o como vosotras.
Melania y Julieta sonrieron. —Es muy amable.
—Os deseo un futuro tan dichoso como os merecéis.
Se quedaron en silencio mientras él cerraba la puerta y Betsy sonrió. —Lo conseguimos.
—Lo sabe —dijeron las hermanas a la vez. Se miraron—. ¿Te has dado cuenta? Creo que lo sabe.
Melania asintió. —No es tonto y que le haya desaparecido la carta de Elizabeth de su despacho…
—Bueno, de todas maneras ya está —dijo Betsy encantada—. Oye, ¿tú no tenías que estar ya en la consulta de mi hermano?
—Me ha dado la tarde libre.
Betsy gruñó. —Pues ya te estás largando, que mi paciente tiene que...
La puerta se abrió mostrando a Rob y Betsy levantó las manos como si no pudiera con ellos. —Así no hay quien la duerma.
—Mira, cielo —dijo ella ansiosa entregándole los papeles—. El padre de Matthew acaba de estar aquí.
—Le he visto en el pasillo. —Sonriendo miró los papeles y asintió. —Entonces ya está, eres oficialmente heredera.
—Parece que no te alegras.
Él se acercó y la besó en los labios. —Me alegrarían más otras cosas, como que salgas de aquí.
—Dentro de poco —dijo mirándole con amor.
—Prométemelo.
—Eso está hecho. Ahora háblame de la boda.
Rob rio por lo bajo. —Chivatas, largaos de aquí.
Riendo las chicas salieron de la habitación y él se sentó a su lado con cuidado. —He pensado mucho en la boda.
—¿De veras? —preguntó ilusionada.
—Y creo que lo mejor es que la celebremos en los Hamptons, con nuestra familia y amigos.
—Es perfecto.
—Pues me alegra que te guste porque nos casamos dentro de dos meses. Melissa y mi madre ya se están encargando de todo y tú solo tendrás que disfrutar.
—Suena estupendamente.
—Así que te parece bien.
—Cielo, me caso con el amor de mi vida, me da igual donde sea mientras me prometas amor eterno.
La miró como si fuera suya. —Te prometeré más aún, preciosa, prometeré serte fiel, estar a tu lado y amarte tan intensamente como te mereces.
Emocionada le acarició la mejilla y le besó suavemente en los labios. —Mi sueño hecho realidad.
—Y de ese sueño nunca despertarás, mi amor, de eso me encargaré yo.