Capítulo 17 #2
—Aquí está la otra hermanita. —Rio tirando del cabello de Lucy que gritó de miedo. —¿Quieres ver sus sesos esparcidos por este bonito suelo de mármol? Tira la pistola.
—Ya has demostrado lo que querías, suéltala —dijo Rob.
—¡No hasta que confeséis ante esos que están fuera que tengo razón! ¡Suelta la puta pistola!
Melania en lugar de soltarla elevó la otra mano para disparar con más firmeza. —¡No pienso hacerlo, tú no quieres demostrar nada, tú solo quieres matar a los míos y antes te llevo por delante!
Rob bajó un escalón. —Suéltala, ella no tiene nada que ver en esto.
—¡Cómo mi mujer! —gritó perdiendo los nervios.
Julieta asombrada vio que desde la entrada al jardín llegaban hombres vestidos de negro con fusiles de asalto. —¡Baje el arma y tírese al suelo!
Rob gritó y se tiró sobre Julieta lanzándola sobre las escaleras, mientras Tom disparaba hacia ellos una y otra vez, hasta que un tiro en el ojo le mató en el acto provocando que cayera hacia atrás con Lucy que no dejaba de gritar del horror.
Melania suspiró dejando caer el arma y corrió hacia su hermana.
Rob se apartó para mirar su rostro. —¿Estás bien?
Sus ojos se llenaron de lágrimas y él miró hacia su camiseta donde había una mancha de sangre en su vientre. —¿Nena? —Desesperado levantó la camiseta para ver el agujero. —¡Joder, no! Nena, no te va a pasar nada.
—¿Rob? —dijo asombrada intentando mirarse—. Nuestro niño.
—¡Una ambulancia! —gritó intentando ayudarla apretando la herida—. ¡Qué venga alguien!
—Rob.
Él la miró y Julieta sonrió con tristeza. —Hubiera sido bonito, ¿verdad?
—Y lo será, nena, te juro que lo será. —La agarró por debajo de los hombros para pegarla a él. —Ahora te atienden y…
—Shusss, quiero decirte algo. —La miró con los ojos llenos de lágrimas y Julieta emocionada susurró —Te amo y mereces que te ame porque lo has dado todo por mí.
Él la abrazó con fuerza. —Te amo, preciosa.
Julieta cerró los ojos sintiendo que eran las palabras más maravillosas del mundo.
—Sé fuerte, necesito que seas fuerte. —Se apartó para mirar su rostro y gritó desesperado cuando se dio cuenta de que había perdido el sentido.
Melania sollozó mientras los sanitarios le apartaban para atenderla y cuando rodearon a su hermana, miró hacia él que se llevó las manos llenas de sangre a la cabeza. —No, no…
En la sala de espera estaba toda la familia. Betsy llevó unos cafés y se sentó al lado de Melania que tenía la mirada perdida. Jason salió de una sala con la bata de médico y se sentó a su lado. —¿Se sabe algo? —preguntó Rob impaciente.
—No, aún están en quirófano.
—Si puede, una de las enfermeras de quirófano que es amiga mía, nos avisará en cuanto empiecen a cerrar.
Rob asintió y apoyó los antebrazos en las rodillas mirando al suelo mientras se apretaba las manos compulsivamente.
—Esto es culpa tuya —dijo Melania con la mirada perdida.
—Cielo, no es culpa de nadie —dijo Stephanie.
La fulminó con la mirada. —¿No me digas? ¡Si tu hijo no hubiera entrado en su vida, estaría bien!
—Madre, déjalo. Tiene razón.
—Claro que tengo razón. —Le miró con rencor. —¡Si no hubiera sido por tu puto plan ni Matthew ni Julieta estarían jugándose la vida!
Todos se quedaron en silencio y Melania se levantó. —¿Dónde está mi prima?
En una camilla en la sala de urgencias, no está herida pero así puede descansar.
—Quiero verla.
—Está bien, Melania.
—Jason, quiero verla.
Se levantó. —Muy bien, te llevaré hasta ella.
Se alejaron y Rob miró hacia ellos apretando los labios.
—Está de los nervios, no la culpes por eso —dijo Betsy.
—No la culpo, tiene razón. Las obligué a meterse en esta situación y estas han sido las consecuencias.
Un hombre vestido de quirófano se acercó a ellos quitándose el gorro y todos se levantaron. —¿Cómo está?
—La bala entró en dirección ascendente y chocó contra una de las costillas flotantes. Afortunadamente no tocó el pulmón. Hemos tenido que cortar la parte dañada del intestino, pero si todo va bien se recuperará totalmente.
Rob suspiró del alivio y su padre loco de contento le palmeó en la espalda. —Sabía que iría bien.
—¿Y el bebé? —preguntó ansioso.
—De momento no ha abortado, veremos en los próximos días cómo se porta. Pero ha sido mucho estrés para su organismo y…
—Entiendo.
—Discúlpenme, les informaré con más detalle en otro momento, pero es que ha entrado un accidente de coche y tengo que entrar en quirófano de nuevo.
—Gracias, doctor.
—Ahora irá a cuidados intensivos, una enfermera les informará —dijo antes de alejarse.
—Joder… —dijo dejándose caer en la silla.
—Se pondrá bien. —Betsy se sentó a su lado.
—Sí.
Él no parecía muy contento. —¿No te alegras?
—Como pierda al bebé…
—Ten fe, hijo —dijo su madre.
Él volvió la cabeza hacia ella. —¿Fe? Madre, si pierde al bebé me echará la culpa a mí como Melania, la habré perdido para siempre.
—¿Tú la dejarías si te pasara a ti?
—¡No, pero nada ha sido culpa suya, sino mía!
Stephanie sonrió con tristeza. —¿Cuándo te darás cuenta de que Julieta haría lo que fuera por estar a tu lado, cielo? ¿Cuándo te darás cuenta de que el amor que os tenéis no lo consigue cualquiera? La has unido a ti porque no podías evitarlo y ella estará a tu lado siempre.
Emocionado cogió su mano y su madre se la apretó con fuerza. —Puede que no lleve nuestra sangre, pero es más McDugal que ninguno de nosotros —dijo con orgullo.
Julieta abrió los ojos y agotada sonrió a su hermana y a Rob que estaban a su lado. —Hola…
—Hola, preciosa. —Él se agachó para darle un beso en los labios. —Lo has conseguido.
—No ha sido para tanto. —Miró a su hermana que tenía los ojos llenos de lágrimas. —Uy, que cara de arrepentimiento… ¿Qué has hecho? —susurró sintiendo que no tenía fuerzas.
Miró de reojo a Rob antes de decir —Tomarla con él.
—¿Y te ha servido de algo?
—Pues no. Después la tomé con Jason, pero me ignora.
Sonrió. —Chico listo. —Cogió la mano de Rob. —Cielo, dame algo de agua, tengo la boca seca.
—No puedes beber, tienes gotero.
—Mierda.
—Preguntaré qué puedo hacer —dijo Melania antes de salir corriendo.
Se miraron a los ojos. —Estás asustado.
Él besó su mano con ansias. —Ahora estoy mejor por verte despierta.
—¿Tú estás bien?
—Ni un rasguño.
—Chico con suerte.
Él sonrió agachándose. —Sí, tengo mucha suerte, porque te tengo a ti.
—Dímelo.
—¿El qué, preciosa?
Intentando no mostrar el miedo que sentía por su respuesta dijo —Dime que he perdido al bebé.
Rob apretó los labios enderezándose. —Aún es pronto para saber lo que pasará con él.
—Entiendo, estamos en la cuerda floja.
—Sí.
Julieta miró al techo y suspiró. —Aún hay esperanzas.
—Si es tan fuerte como tú, saldrá adelante.
Luchando por mantener los ojos abiertos dijo con esfuerzo —Dime que lo has arreglado. Dime que el tema de la herencia no volverá a ponernos en peligro, dime que lo has solucionado.
—No tienes que preocuparte por nada —susurró—. Yo mismo he entrado en el despacho de Babbington y me he llevado la carta. No hay pruebas que puedan incriminarnos, todo está bien.
—¿Cómo está Matthew?
—En cuidados intensivos, pero resiste como un campeón. Jason me ha dicho que sus constantes son buenas y que si hay suerte en dos días le quitan la sedación y la respiración artificial.
—¿Y mi prima?
—No se separa de él. Ha conseguido que la dejen estar allí después de hablar con el jefe del hospital —dijo divertido.
—Es una seductora nata.
—Sí, como tú. —Viendo lo agotada que estaba susurró —Duérmete preciosa, necesitas descansar.
—Sí… —Cerró los ojos. —Cuida de la familia, cielo. Deben estar en shock.
—No te preocupes, nena. Yo me encargo de todo.
Sentada en la cama una semana después rio. —Será exagerado —dijo viendo al chico de reparto con un gran ramo de rosas rojas.
—Y esto no es nada. —Su hermana cogió el hermoso florero de cristal y le dio al chico diez dólares. —Ha hecho que su hermana decore su habitación de nuevo con colores menos masculinos, va a quedar preciosa, ya verás la sorpresa que te tiene preparada.
—Venga, dímelo.
—No fastidies, Julieta, reventaría la sorpresa.
—Vale.
—Pero puedo contarte algo.
—Dime —dijo intrigada.
—En cuanto salgas de aquí, nos vamos todos a los Hamptons para que descanséis. Matthew se está recuperando muy bien, ¿sabes? Está casi mejor que tú.
—Me alegro mucho —dijo tocándose el vientre.
Su hermana vio el gesto. —¿Te duele? Me ha dicho el médico que no tienes por qué soportar dolores. Y el bebé estará bien aunque tomes la medicación, eso no debe preocuparte.
—Pues me preocupa.
—Como es lógico.
Llamaron a la puerta. —Adelante —dijo Julieta.
Betsy hizo acto de presencia. —Vengo a poner orden.
—Te ha contratado para cuando salgamos, ¿verdad?
—Y no solo para cuando salgáis, soy toda tuya desde ya —dijo dejando el bolso sobre una silla—. Disponible las veinticuatro horas.
—Dios mío, qué horror.
—Ja, ja. ¿Ya te han revisado la herida?
—Sí, pesada, lárgate a ligarte a algún médico guapo.
—Deja, deja, que ya he tenido bastante con un médico.
—Pues un enfermero, o mejor vete a ver a Matthew y le amargas la vida a él.
—Hora de dormir la siesta.