El amor que mereces Capítulo 16
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Capítulo 16

Matthew llegó a casa cuando estaban jugando a las películas y por supuesto el juego se detuvo para conocer las últimas noticias. —Me han dicho que me vaya a casa, ahora está descansando y está estable.

—¿Entonces fue un infarto? —preguntó Rob.

—Una angina, no podrá trabajar en una temporada.

—Se pasó la mano por la nuca y se dejó caer en uno de los sillones.

—Joder, nunca pensé que sería tan rápido.

El cáncer de colon ya no tiene tratamiento, ¿pero una angina de pecho?

No me lo esperaba. El médico dijo que le quedaba un año, aún teníamos un año y estábamos arreglando las cosas...

—Se repondrá de esta y ya verás como le tienes contigo mucho más que un año.

Matthew se apretó las manos y Carrie se sentó en el brazo del sillón para acariciar su espalda. —Ahora hay muchos tratamientos nuevos, cielo.

—Precisamente de eso quería hablarte —dijo Jason—. He estado investigando un poco con los papeles que me diste de sus pruebas y hay un tratamiento en Hong Kong que tiene muy buenos resultados con el cáncer de colon. He hablado con un especialista de allí y está dispuesto a verle si queréis.

—Joder, no sabes cómo te lo agradezco, me aferraré a cualquier cosa —dijo emocionado.

Carrie le abrazó. —Todo saldrá bien.

Julieta emocionada por lo bien que se compenetraban susurró —Claro que sí, tiene que asistir a la boda.

Matthew sonrió. —¿Le invitas a la boda?

—Hablo de la tuya. Alguien tiene que llevar a Carrie al altar.

Su prima se puso como un tomate. —Cierra el pico.

Todos se rieron, pero Betsy no lo hizo y Julieta se dio cuenta. —¿Qué pasa? ¿Todo bien con tu prometido?

—Exprometido.

Su hermano se tensó. —¿Qué ha pasado?

—Hemos discutido. Ha dicho que lo ha pensado mucho, que lo ha hablado con sus padres y que quiere tener hijos. Que no me quiere tanto como para renunciar a ellos.

—Joder, lo siento —dijo Rob.

—No es culpa tuya, no es culpa de nadie. Bueno, en realidad sí es culpa de alguien, mía por no ser brutalmente sincera desde el principio. En mi siguiente relación lo dejaré bien clarito.

—¿Estás segura de que no quieres tener hijos? —preguntó Carrie.

—La maternidad es maravillosa —dijo Stephanie—. Lo más grande que yo haré nunca. Traer vida al mundo, tener a tu hijo en brazos, es una experiencia inigualable, ¿de veras te la quieres perder?

Se quedó con la mirada perdida. —Igual es que no quería tenerlos con él, nunca estaba en casa.

—Igual es eso, cielo —dijo Julieta—. Igual te agobiaba el hecho de que ibas a tener que hacerlo todo sola.

Suspiró. —Rob ponme un lingotazo, que voy a celebrar mi soltería.

—Ponme a mí otro —dijo Matthew sentando a Carrie sobre él haciéndola reír—. Y tú preciosa, ¿cuándo me vas a dar un hijo?

Rieron y silbaron haciéndola reír. Emocionada dijo —No corras tanto, Babbington, aún tengo que conocerte mejor.

Sus ojos prometían que esa noche pasarían mil cosas y Julieta sonrió a Rob que estaba sirviendo copas para todos. —Para ti una soda.

—Gracias. —Le besó en la mejilla antes de coger el vaso y entonces le llamó la atención un resplandor en la ventana. Frunciendo el ceño se acercó y apartó la cortina. —¡Cielo, está ardiendo un coche ante la casa!

Todos se acercaron y Matthew juró por lo bajo. —¡Joder, mi Corvette! —Salió corriendo. —¡Llamad a los bomberos!

Melania ya tenía el móvil al oído y Carrie salió corriendo detrás de Rob que gritaba—¡Abre la boca de incendios, está al lado!

—Dios mío… —dijo Stephanie—. ¿Quién haría algo así?

Melania y Julieta se miraron muy serias. —¿Piensas lo mismo que yo?

—Claro que sí, hermana. Ahora tenemos un problema más.

—¿Cómo que aún no sabéis si os vais a hacer cargo? ¡Ha sido un acto de vandalismo y tengo una póliza a todo riesgo! —gritaba Matthew fuera de sí.

Julieta observando como subían el coche a medio calcinar a la grúa hizo una mueca.

Aquel coche costaba una pasta porque era un prototipo que no se había llegado a comercializar.

Según Matthew el único capricho que se había permitido en todos los años que llevaba trabajando, el que lo había hecho sabía dónde golpear.

—¡Cómo mañana no se ponga alguien en contacto conmigo, salgo hasta en el periódico, joder! ¡Qué bien que cobráis los seguros para que luego nos pongáis problemas! ¡Llamaré a mi abogado! —gritó fuera de sí antes de colgar.

Carrie sentada en el sofá volvió la mirada hacia Julieta que apretó los labios. —Sabemos quién es, seguro que le ha grabado alguna cámara de alguna de las casas colindantes.

—Hostia, las cámaras —dijo Rob—. Hay una cámara en el tejado.

—¿En el tejado?

—Me negué a que agujerearan la fachada, así que está en el tejado sujeta por un soporte.

—A toda prisa salió del salón y le siguieron con curiosidad.

Cuando Julieta entró en el despacho ya estaba detrás de su ordenador.

—Cuando la instalaron me dieron la clave para que pudiera ver las imágenes cuando quisiera, por si notaba algo raro.

Matthew se puso tras él. —Rebobina.

Julieta se puso a su lado y vieron como ardía el coche. La imagen se aceleró y Matthew dijo —¡Ahí, para!

Se veía a un tío con sudadera y pantalón vaquero tirando un líquido sobre el capó del coche. Se vio que encendía una llama y que se largaba corriendo.

—No se le ve bien la cara porque la cámara está demasiado alta —dijo Matthew molesto.

Carrie se acercó. —Ponlo unos segundos antes, desde que se le ve entrar en plano.

Se le vio llegar desde la parte izquierda de la imagen y Carrie apretó los labios. —Es Tom.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque esa sudadera se la regalé yo. Es él, aunque no se le vea la cara estoy segura.

—Hay que ser gilipollas para ponerse algo que le regalaste tú y venir hasta aquí para quemarle el coche a tu novio —dijo Rob divertido.

—Joder, no tiene gracia. —Matthew se apartó. —Voy a matar a ese cabrón.

—Hay que tener mala suerte, ¿no había ni un solo periodista en la puerta? —Stephanie no salía de su asombro. —¡Pero si llevan días ahí!

—¡Mirad! —gritó Melania desde el salón—. ¡Salimos en las noticias!

Corrieron al salón, donde una periodista que todos habían visto en la acera, tenía el micro ante la cara y decía —Increíble giro de los acontecimientos con las herederas Falkner.

—Ahí tienes a tu periodista, mamá.

—Esta misma noche… —Miró su reloj. —Hace una hora, para ser exactos a las once y doce minutos, cuando toda la familia McDugal estaba dentro de esta casa, llegó un hombre de visita, ese hombre es Matthew Babbington uno de los responsables y administradores de la herencia.

¡Apenas llevaba unos minutos en el interior de la casa cuando un hombre con sudadera negra le ha quemado el coche!

—Salieron las imágenes de Tom al que se veía claramente tirando el líquido inflamable sobre la carrocería.

—Si alguien le conoce, puede ponerse en contacto con la policía o conmigo que estaré encantada de entrevistarle.

—Se puso el dedo en el oído. —Oh, ¿me han dicho que ya saben quién es?

—A toda prisa cogió su móvil y leyó algo.

—Sí, sí. La policía ha revisado las imágenes que les he proporcionado, así como otras cámaras de tráfico y han identificado la matrícula de su coche.

—Miró a la cámara. —Confirmado, se llama Tom Baxter, antiguo empleado de inversiones Babbington.

—La chica sonrió encantada de la vida porque al fin tenía una noticia.

—Pues sí, señoras y señores, y ahora nos preguntamos, ¿qué ha podido ocurrir para que este hombre tan vengativo hiciera algo así?

Yo, Mariela Guttemberg lo descubriré para ustedes.

Desde el Upper West Side para el canal Nueve. Buenas noches.

Todos se miraron. —Pues hay confirmación —dijo Matthew entre dientes—. Le voy a desmembrar.

—Creo que la policía se va a encargar de esto —dijo Jason—. Intenta calmarte y no pierdas el objetivo en mente. Ha intentado joderte y le ha salido mal. Déjalo así, no queremos más escándalos.

Rob asintió. —Sé que jode, pero Jason como siempre tiene razón, mejor dejarlo estar. Yo te cubriré los gastos del coche.

—Si no es por el coche, es que… Joder, esto no me gusta. Le conozco, he trabajado con él y cuando se empeña en algo…

Carrie asintió. —Matthew tiene razón, suele ser muy cabezota con lo que le obsesiona. Se empeñó en jugar bien al tenis y ahora hace campeonatos. Y solo lleva jugando tres años. Buscará y buscará hasta que dé con algo que nos incrimine.

Julieta miró a Rob. —¿Qué hacemos?

—¿Qué quieres que te diga, nena? No podemos hacer mucho, esperar.

—¿A que ese mamón nos dé por saco? —preguntó Melania incrédula.

—Niña, esa boquita —dijo Stephanie.

Betsy entró en el salón con un bol de helado. —Pienso mejor con el estómago lleno.

Julieta pensó en ello. —Ahora ha quedado en evidencia, no hará nada más.

—Cómo se nota que no le conoces —dijo su prima—. Ha perdido su trabajo y ahora tiene antecedentes por meter la pata, si antes estaba decidido a fastidiar a Matthew, ahora lo estará aún más.

—Le pondré un detective y si se vuelve a acercar a nosotros le acusaremos de acoso —dijo Rob muy serio—. No dejaremos que dé un paso hacia nosotros.

—Buena idea —dijo Matthew sacando el móvil del pantalón para llamar.

—¿A quién llamas? —preguntó Carrie.

—A mi abogado, le voy a poner una orden de alejamiento. Con lo del coche ya tengo excusa.  Aunque no durará mucho en la ciudad, porque pienso encargarme de que aquí nadie le dé trabajo.

Carrie apretó los labios y dijo —Voy a ver cómo está Ben.

Julieta se acercó a Rob y susurró —¿Crees que será suficiente?

—Has visto la cara de tu prima tan bien como yo y ella le conoce mejor que nadie. Tendremos problemas con él. Intentemos controlar los daños.

Asustada susurró —Cielo…

—Ya no podemos echarnos atrás, nena. Hazme caso, intentemos controlar la situación.