Capítulo 14
Julieta intentaba reprimir las lágrimas, pero salían sin control mientras se apretaba el vientre con fuerza. —Cálmate, ya no tienes otra opción, así que sigue adelante y reza porque todo salga bien.
Llamaron a la puerta de su habitación suavemente. —Abre, soy yo.
Sorbió por la nariz. —Melania, necesito estar sola un momento.
—¿Estás enfadada conmigo?
—No. —Fue a toda prisa hasta la puerta y la abrió. —¿Por qué piensas eso?
—Por no haberte dicho mis dudas mucho antes, por no apoyarte hace un momento, no sé, por todo.
La abrazó. —No ha sido culpa tuya, ha sido mía por creer en los cuentos y pensar que todo podría cambiar convirtiéndome en la cenicienta.
—Estás enamorada, nadie puede culparte por creer en él, parecía buen tío.
—Sí, lo parecía. —Se apartó y se sentó en la cama. —¿Habrá problemas con Lucy?
—No lo creo, la acabo de ver limpiando. Al parecer le han dicho que eres actriz aficionada y que te gusta dramatizar con los papeles que haces.
—Joder, cómo inventan.
Melania soltó una risita. —Tienes que reconocer que se lo han currado. Y que si todo sale bien, nosotras seríamos muy beneficiadas.
—No, eso no puedo negarlo, pero…
—Te mintió y es lo que te duele.
—Desde que les descubrimos casi no puedo ni pegar ojo, pero cuando vi la prueba de embarazo… —Sus ojos se llenaron de lágrimas. —¿Qué padre le he buscado a mi hijo?
—El padre que amas. —Cogió su mano. —Y no tienes que arrepentirte de nada, has luchado por lo que deseabas.
—No le importo, solo le importan esas malditas participaciones en las empresas. El anillo tenía razón.
Melania agachó la mirada. —Se lo rompí yo.
Miró sin entender a su hermana. —¿Qué?
—El anillo se lo rompí yo. Un día mamá se lo quitó para lavar los platos y se olvidó de él. Empecé a jugar, lo golpeé contra la nevera sin querer y…
—Se le rompió la piedra porque era de cristal.
—Me asusté, mamá adoraba ese anillo y sabía que me castigaría. Al día siguiente iba a ser la excursión al museo de historia natural y no quería perdérmela —dijo arrepentida—. Sé que hice mal, se disgustó tanto…
Apretó los labios. —Eras una niña. —Sonrió con tristeza. —Además, el anillo era malísimo. Papá no se estiró mucho para su aniversario, en ese aspecto era un poco rata. Por eso mamá lloró tanto cuando le regaló el perfume, fue de la sorpresa.
Ambas rieron por lo bajo. —Sí que era agarrado, sí. ¿Recuerdas cuando dije que quería una mochila de Spiderman porque la mía estaba rota y me pintó la que tenía de rojo y azul después de que mamá me la cosiera?
Rio por lo bajo. —Llegaste al cole y tenías teñidos los libros. Estuvo de mal humor un mes porque tuvo que encargar otros.
Rieron recordando su cara cuando le enseñó los libros y la nota de la profesora diciendo que si necesitaba ayuda económica, que había unas becas para hijos de padres sin recursos. —Al día siguiente tenía al lado de mi cama la mochila de Spiderman más chula del cole.
—Se ofendió. Él solo miraba por el dinero, mamá decía que a veces demasiado.
—Tenía mucho orgullo —dijo Melania pensativa—. Lo recuerdo así.
—Y era ahorrador, gracias a eso cuando murió pudimos pagar el funeral y después el de mamá. —Melania se había quedado en silencio. —Cielo, ¿qué pasa?
—Era orgulloso, ¿verdad?
Asintió. —Los Falkner no nos dejamos pisar —dijo con voz grave intentando que sonriera.
—Como los McDugal.
—No compares.
—No, escúchame. ¿Cómo te sentaría a ti que tuvieras una herencia al alcance de tu mano y nunca te la dejaran tocar? En cincuenta años eso da para acumular mucho rencor, sobre todo contra la familia de Matthew, ¿no crees?
—Y se odian.
—Pero Matthew y Rob han llegado a ser amigos, lo que demuestra que han conseguido olvidar a sus familias y el pasado para seguir adelante, eso es de buena gente.
—No me cuentes milongas. Se han aliado para que los dos sacaran tajada.
—No, son amigos desde el colegio, me lo ha dicho Jason que iba con ellos. ¿Sabes que siempre tuvieron que ocultar su amistad por lo que dijeran sus familias? Fuera del colegio decían que se odiaban y dentro… Y a pesar de las dificultades siguieron siendo amigos.
—Sí, son como Romeo y Julieta.
Melania soltó una risita. —Pues ahora su Julieta eres tú.
—Yo para él no soy nada.
—No digas eso, podía haber seguido con el contrato de acompañante para mantenerte unida a él hasta que dijera que eres de su familia y no lo hizo.
Y podía no haberse acostado contigo, sabía que eso traería complicaciones y le dio igual por estar a tu lado.
Es un hombre de negocios, hermana, está acostumbrado a los tratos, las reuniones, a negociar… y se acostó contigo.
—Si sintiera algo por mí, no nos hubiera puesto en peligro de esta manera.
—A veces quien no arriesga no gana, hermana. Hizo mal, pero piénsalo así, ¿no harías lo que fuera por recuperar lo que es tuyo? ¿Crees que papá consentiría que alguien le arrebatara lo que le pertenecía?
—No, y de hecho murió por eso, por no dar su dinero al atracador.
—Pues entonces no critiques a Rob, en muchos aspectos es igualito a papá.
Separó los labios de la impresión y pensó en ello. —¿Pero qué dices? No se parecen en nada.
—¿Te dejó sola cuando tuviste el accidente?
—No.
—¿Cómo conoció mamá a papá?
—Mamá se cayó en la calle.
—¿Te sientes una princesa a su lado? Te abre la puerta del coche, cuando discutís saltan fuegos artificiales, tolera tus cabreos, te abraza cuando necesitas consuelo… Es igualito a papá y si es como él será un padre estupendo.
—Desde prisión.
—No vamos a ir a prisión. Los ricos nunca van a prisión.
Parpadeó. —Sí, claro.
—Vamos, dime uno.
Pensó en ello. —Pues muchos, aquel tipo que trabajaba en Sotheby`s, por ejemplo.
—Eso fue… —Frunció el ceño. —¿Por qué fue?
—Creo que por las comisiones. ¿Y qué más da? Es un ejemplo de que no tienes razón.
—Si trabajaba en Sotheby´s muy rico no podía ser porque trabajaba.
—Rob trabaja y Matthew también.
—Bah, porque quieren. Podrían no pegar palo si les diera la gana.
—¿Y?
—Que son tipos listos que les gusta controlar lo que es suyo. ¿Eso no demuestra todo lo que Rob confía en ti?
La miró como si fuera una chiflada. —¿Confía en mí? ¡Me mintió!
—Para que nos fuera bien a todos —dijo tan pancha.
Bufó exasperada. —¿Ahora estás de su parte?
—Estoy de la tuya, hicieron mal, pero con un fin. Un buen fin para todos, así que no te quejes tanto.
La puerta se abrió y Rob apretó los labios. —Siento interrumpir, pero me gustaría hablar contigo.
—¡Tranquilo, que aquí tu abogada defensora le ha dado la vuelta a todo para que quedaras como un santo!
Melania se sonrojó. —Encima que intento apaciguar las aguas…
—¡Qué labia tienes, deberías ser abogado!
—Deja, deja, que eso es mucho estrés. Yo de recepcionista, que así controlo a las pacientes.
Rob levantó una ceja. —Querrás decir a los pacientes.
—Ya, claro —dijo como un tomate antes de salir de la habitación.
Se miraron a los ojos y Rob cerró la puerta. —Nena, no quiero cabrearte más, pero estás siendo irracional.
—¿De veras? —preguntó con ironía.
—Si alguien necesitaba la pasta más que nadie, esas erais vosotras.
Eso no podía negarlo.
—¿O acaso no hubieras hecho cualquier cosa por curar a tu hermana?
Se mordió el labio inferior y apartó la mirada. Rob suspiró sentándose a su lado. —Creí que era lo mejor para todos.
—Esto del bebé…
—Lo sé, y te juro por Dios que si en algún momento algo va mal, me responsabilizaré de todo. Diré que os engañé o…
—No puedes hacer eso, me inventé una historia para decírsela a la prensa. Sabrán que mentí.
—Acabo de hablar con Matthew, y después de darle vueltas, me ha dicho que podría decir que te coaccioné para que mintieras.
Se le cortó el aliento. —¿Qué? ¿Vas a decir que me obligaste a mentir?
—Podemos inventarnos una historia para libraros de esto. Con tu declaración…
—Más mentiras.
—Nena, estamos hablando en el caso de que todo saliera mal. Y te juro que no va a salir mal.
Le miró a los ojos. —¿Tan seguro estás?
—Dudé porque el viejo no te llamaba, pero ahora estoy convencido de que dará su brazo a torcer. Matthew le ha llamado y le ha dicho que está deseando conoceros.
—¿Le ha hablado de la herencia?
—No, pero le ha dicho que ha discutido con ese mamón de Baxter. Que no sabe si tomó la decisión correcta al pensar que podía ser su sucesor. Que está pensando en sacar la herencia del fondo porque no le da buena espina.
Se le cortó el aliento. —¿De veras? Matthew estará contento.
—Pues no creas porque como ahora tenga que encargarse del despacho de su padre, va a tener que trabajar como un cabrón para ocuparse de los clientes de los dos.
—Que contrate a alguien —dijo importándole un pito—. Mientras tenga tiempo para Carrie… —Le fulminó con la mirada. —Porque lo de Carrie irá en serio, ¿no?
—En serio, en serio de llegar al altar no sé…
—¡Pues averígualo! ¡Cómo le hagáis daño a mi prima, os despellejo vivos!
—Mañana veremos la relación en persona y decidimos juntos si metemos mano o no. He invitado a Matthew para poder hablar de todo con libertad sin el servicio pululando por ahí.
—¿Vendrá Betsy?
—Sí.
—Lo sabe todo, ¿verdad? Por eso me dijo lo del broche. —La miró sin entender. —Dijo que si me habías dado tu escudo, es porque ibas en serio.
—Nena, fui en serio desde el mismo momento en que te di el contrato prematrimonial. —Muy serio acarició su cuello. —¿No me crees?
—Ya no sé qué creer.
Él la besó en la frente y la abrazó con fuerza. —No me gusta verte así, preciosa.
Sin poder evitarlo le abrazó y sollozó sobre su hombro. —Tengo miedo. Miedo a perderte y miedo a lo que pueda pasar, estoy aterrorizada.
—Lo sé, pero pase lo que pase estaremos juntos. —Acarició su espalda. —Nena, no estás hecha para ser una delincuente.
Rio sobre su hombro sin poder evitarlo. —Tendrás que darme unas lecciones.