El amor que mereces Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

Se volvió para mirarle sobre su hombro. —¿La mataron?

Él apretó los labios. —Sus heridas eran más graves de lo que pensaban y ella se negó a ir al hospital porque sabía que la acusarían de la muerte de sus padres.

Es cierto que no mató a su madre, esta se suicidó y el sentimiento de culpa de Elizabeth hizo que se dejara morir también.

Según mi madre durante el tiempo que estuvo en la casa no dejaba de decir que todo había sido culpa suya, que no tenía que haberle provocado.

—¿Dónde está?

—Mi familia se imaginó el revuelo que se armaría cuando la policía se enteraba.

Mi madre podría ser acusada de varios delitos graves.

Mi padre decidió que había que deshacerse del cadáver sin que nadie se enterara y la metieron en una nevera hasta que se realizaron los sepelios.

Después la llevaron al mausoleo de la familia. Está en el mismo féretro que su madre.

—Oh, Dios mío. —Se giró sin dar crédito. —Mintieron desde el principio, como tú.

—Nena, teníamos que hacer algo. El padre de Matthew se muere.

Se le cortó el aliento y se volvió para mirarle. —¿Qué?

—Tiene un cáncer de colon muy agresivo y ya tiene en mente quien será su sucesor.

Por supuesto no es Matthew, mi amigo me ha dicho que es un tipo llamado Baxter, lo que como comprenderás nos ponía en un compromiso.

Ese hombre que ha buscado, es tan ambicioso que nunca nos devolvería la herencia.

Teníamos que hacer algo y tú eres tan parecida, teníamos que mostrarle a Elizabeth de alguna manera y se me ocurrió que a través de ti…

Si la convertíamos en alguien inocente el viejo se enternecería, sentiría piedad por vosotras.

—Suspiró. —Así que después del accidente, me ligué a ti con el contrato de acompañante.

Tú necesitabas el dinero y creí que lo que hacía no era tan grave cuando hasta habías pensado meterte en la prostitución.

—Apretó los labios. —Ni te imaginas las veces en las que pensé decirte la verdad, pero no podía poner en peligro a toda mi familia siendo sincero, realmente no te conocía, así que seguí mintiendo y cuando te recuperaste lo suficiente te hice creer que eras la descendiente que necesitábamos, no podíamos perder el tiempo.

Y sí moví a la prensa para que el viejo se enterara de todo.

Pero mi intención no era enamorarte, te juro que no, pero tú insistías tanto…

—No tiene gracia.

Rob suspiró. —No, no la tiene. Me volvías loco, joder.

¡Llego a tu casa y te encuentro con el espejo entre las piernas, no soy de piedra!

Te juro que en ese momento pensé en mil maneras de hacerte el amor, pero no quería cruzar esa línea, no quería ser un cabrón que después te dejara con el corazón roto cuando mi plan acabara.

Saber de su boca que nunca había tenido intención de tener una relación con ella, fue como una puñalada en su vientre.

—Pero tú me hiciste cambiar de opinión. Cuanto más te veía menos salías de mis pensamientos, me volvías loco, así que cuando al fin me liberé del peso de decirte la mayor mentira que diré jamás, se liberó también algo en mí que me hizo querer hacerte el amor más que cualquier otra cosa.

—Palabras —dijo fríamente.

—Nena, te juro que lo que ha pasado dentro del dormitorio ha sido la relación más sincera que tendré jamás. No he fingido absolutamente nada de lo que he sentido a tu lado. —La cogió de los hombros como si estuviera desesperado. —¡Tienes que creerme!

—¿Por qué quisiste implicar a Melania con Matthew?

Decepcionado porque no quisiera escucharle, juró por lo bajo y la soltó levantándose de la cama. —Melania le hizo unas cuantas preguntas a Jason.

—¿Qué tipo de preguntas hizo para que os pusierais nerviosos?

—¿Desde cuándo nos conocíamos? ¿A que colegio habíamos ido? Preguntas inocentes, pero lo que más nos llamó la atención fue cuando dijo: ¿Por qué no nos hacéis una prueba de sangre? ¿Tan seguros estáis de que somos nosotras con todos los huérfanos que debe haber en este país?

—Entiendo, vuestra mentira empezaba a tambalearse.

—Imagínate las consecuencias que tendría en aquel momento que se descubriera lo que habíamos hecho.

—¡Lo que habías hecho tú!

—¿Puedo continuar?

—Por favor —dijo con rencor.

—Sabíamos que teníamos que distraerla y Matthew dijo que él se encargaría, que contigo nuestra relación había funcionado, que podía hacer lo mismo durante un tiempo hasta que su padre soltara las acciones.

—¡Sois unos cerdos!

—Pero con ella no podíamos planear más encuentros casuales o cosas así, sería muy sospechoso, así que cualquier plan tenía que salir de esta casa.

Sugerí que alguien tenía que seducirle, que estaba deseando casarse y todo lo demás.

Me quedé de piedra cuando sugeriste a tu prima en lugar de a tu hermana, pero no encontré ni un solo argumento para rechazarla.

Bueno, sí encontré uno, pero si te lo decía te cabrearías conmigo.

—Dímelo —dijo entre dientes—. Atrévete.

—No tengo tanto valor, pero como supondrás tenía que ver con su profesión.

—Capullo, da igual que fuera puta, ¡es buena persona, al contrario que vosotros!

—Tienes que reconocer que su profesión es un hándicap para cualquier relación.

—¡Lo ha dejado!

—¡Nena, eso da igual! ¡Cualquier día se encontrará con un cliente mientras va del brazo de Matthew!

—¿Y?

Parpadeó. —¿Cómo que y?

—¿Acaso yo no he tenido otros amantes?

—Que no es lo mismo.

—¡Yo te he cobrado!

—No compares. ¿Volvemos al tema?

—No, si ya me ha quedado claro, nos has tomado el pelo para conseguir camelarte a un viejo.

—¿Qué querías que hiciera, nena? ¿Dejar que un cabrón que no conozco de nada se quede para siempre con lo que nos pertenece?

Estaba tan desesperado que hubiera hecho lo que fuera, así que cuando te vi pensé que eras perfecta.

Al día siguiente del accidente ya sabía que tu madre era el gancho perfecto para hacerse pasar por Elizabeth, fallecida muchos años antes fuera del lugar donde nació… Todo cuadraba y no podía dejarlo pasar.

—Y me metiste en esto.

—¡No tenía otra opción! ¡Quedan dos semanas para que se entregue el dinero! ¡Si no nos dan las acciones de las empresas en ese momento, ya podemos dar por perdida el resto de la herencia!

—¿Por qué?

—Esto lo sé por Matthew. Hace tres meses su padre aconsejado por ese gilipollas que piensa sucederle, traspasó todos nuestros bienes a un fondo buitre, ¿sabes lo que es eso?

—Sí, los que compran edificios y luego suben los alquileres hasta las nubes.

—Sí, también se dedican a otros negocios, pero eso es lo de menos. El hecho es que el fondo es tan arriesgado, que Matthew está seguro de que si el dinero permanece allí, en menos de un mes se perderá al menos la mitad de la herencia.

Se sentó impresionada. —¿Qué dices?

—Matthew estaba en una comida con ellos cuando les escuchó hablar. No se lo podía creer, a él le había echado por mucho menos. Pero ese tío le tiene comido el coco al viejo y hace todo lo que él le diga. Está convencido de que va a triplicar resultados.

—¿De cuánto estamos hablando?

—¿De pérdidas? Trescientos millones de dólares.

Se quedó sin aliento. —Dios mío, esto es una locura, no me extraña que no te importara darme la mitad.

—Y no me importa, te lo aseguro, porque sin ti no tendría nada.

—Se pasó la mano por el cabello como si estuviera agotado.

—Aunque realmente no tengo nada, el viejo no ha llamado, estábamos convencidos de que lo haría, Matthew siempre me ha dicho que adoraba a Elizabeth.

A los demás siempre les mostraba su desprecio si se encontraban, pero a ella le sonreía, incluso varias veces se presentó en su cumpleaños cuando a los demás ni les dirigía la palabra.

Le daba su regalo y se iba. Siempre defendió la inocencia de Elizabeth ante su hijo, decía que su mirada no tenía la maldad de los McDugal y aseguraba que algún día ella volvería para poner las cosas en su sitio.

No entiendo lo que ha pasado, igual ese tío le ha dicho algo o…

Se sonrojó. —Me ha llamado.

—¿Qué?

—Ha llamado esta tarde. —Se sonrojó por su cara de pasmo. —No olvides que me has mentido desde el principio, ¡así que no pongas esa cara porque te haya ocultado esto!

Impaciente se sentó a su lado. —¿Te ha llamado?

—Ha llamado a casa, preguntó por la hija de Elizabeth Rosebert y Lucy me pasó con él porque Melania no estaba. Le dije que no hablaba con la prensa y se echó a reír. No soy la prensa, niña, soy quien va a cambiar tu futuro.

—Joder, te va a dar las acciones —dijo pasmado.

—Yo le pregunté de qué hablaba y fue cuando me dijo quién era. Entonces me preguntó algo que me sorprendió.

—¿El qué?

—¿Qué flor era la favorita de tu madre?

—Hostia, te ha pillado.

—Le dije que las violetas. Siempre fueron sus favoritas.

—¿Y qué te respondió él?

—El lunes a las cinco ven a mi despacho con tu hermana, es importante. Y colgó. —Le miró sin entender. —¿Las flores de Elizabeth eran las violetas?

—Nena y yo qué sé si ni la conocí. Cuando murió a mí todavía me estaban fabricando —dijo sacando el móvil del bolsillo interior de la chaqueta. Se lo puso al oído—. Vamos, cógelo…

—¿A quién llamas? —preguntó con desconfianza.

—A Matthew para decirle…

Le arrebató el teléfono de las manos y colgó mientras la miraba enfadado. —¿Qué haces?

—Ni de coña vas a avisar a ese chulo de medio pelo.

—¿Qué quieres decir?

—¿Crees que te he perdonado? No, majo, no te he perdonado porque el lunes cuando hable con ese buen hombre, le voy a decir la verdad. ¡Mi hijo no va a ir a visitarme a prisión!

—Nena, no vamos a ir a la cárcel.

—Como van las cosas, nos enchironan a todos por fraude y a saber por qué delitos más. —Se llevó la mano al pecho. —A ver si nos acusan de la muerte de Elizabeth y todo.

—¡Si ni habíamos nacido!

—¡A mí no me grites! —Le tiró el teléfono a la cabeza, pero él lo esquivó por un pelo.

La miró asombrado. —Nena, controla las hormonas.