Capítulo 13 #2
Él sonrió. —Me he dado cuenta de que tu consejo era la opción más acertada, pero Rob es duro de pelar.
Carrie sonrió. —Como tú, ¿no es cierto?
—Yo no me dejó timar. —Se enderezó. —¿Quedamos esta noche?
—Mañana por la mañana nos vamos a los Hamptons, así que tengo que prepararlo todo. Si te invita Rob, ahora que sois tan amigos, nos veremos allí —dijo mirándole a los ojos—. Aunque irá Ben, los mayores tendremos tiempo para divertirnos.
—No creo que mi reciente amistad con Rob resista un fin de semana en los Hamptons.
—Pues es una pena… —dijo haciendo pucheros—. He llegado a pensar en tu proposición.
Él no disimuló lo que le agradaba esa confesión. —¿Y?
—Si estás reuniéndote con Rob para negociar, es porque sabes que no ganarías esa apuesta, cariño. ¿Estás intentando hacer trampas?
—En el amor y la guerra todo vale.
—¿Tú crees? Yo también puedo hacer trampas.
—Eso no lo dudo, preciosa. —Se agachó y le dio un beso en los labios que le supo a gloria. Se apartó y susurró mirando sus ojos. —Dime que este no es del oficio.
Se sonrojó. —No deberías haber hecho esa pregunta, solo demuestra que no te fías de mí.
—El otro día en el hotel estaba un amigo mío —dijo sorprendiéndola porque parecía furioso—.
Vio cómo te trató ese tío y lo que pasó después con Rob.
Te aseguro que si hubiera sido yo, sale arrastrándose del hotel hacia la morgue.
—Carrie separó los labios más excitada que en toda su vida, porque veía en sus ojos que hablaba muy en serio. —Dijiste que te habías retirado.
—Es solo un amigo.
La miró como si estuviera barajando si creerla o no. Al final asintió antes de besarla de nuevo en los labios. —Te veo en los Hamptons.
—¿Das por hecho que Rob te va a invitar?
—Preciosa, yo siempre consigo lo que quiero —dijo comiéndosela con los ojos—. Dile a Ben que le llevaré un dinosaurio.
Se alejó dejándola sin aliento y Dani dijo —Joder con el bróker, te mira de una manera que te deja temblando.
—Sí. —Sonrió a su amigo. —Y va a ser todo mío.
—Felicidades, te ha tocado el premio gordo. ¿Cuál es el siguiente paso?
—Ya me conoces, me gusta sorprender.
Rob llegó a casa y dejó el maletín al lado de la puerta. —¡Ya he llegado!
Escuchó que alguien corría y de repente vio a Julieta en lo alto de las escaleras. —¿Me lo has traído?
La miró sin entender.
—Cielo, la prueba.
—¿Todavía no te ha bajado?
—Pues no. —Puso los brazos en jarras. —No puedo creerlo, te has olvidado.
Él sonrió. —No, nena, no me he olvidado. —Metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó dos paquetes alargados de distintas marcas. —Por si acaso.
Chilló bajando los escalones y le abrazó del cuello besándolo por toda la cara. —Gracias, gracias. —Se apartó para cogerlos. —Esos periodistas no se han largado, ¿por qué no se largan? Ya di la entrevista.
—Debes tener paciencia, en una semana como mucho habrá salido otra noticia que les interese más.
—Más me vale porque odio estar encerrada en casa. Ni en el jardín puedo estar, Lucy pilló a un periodista en el muro del jardín cuando estaba leyendo un libro.
—¿Llamasteis a la policía? —preguntó muy serio.
—Sí, como para llamar a la policía está la cosa —dijo mirando distraída una de las cajas—. Es mejor que lo haga recién levantada.
—He hablado con el de la farmacia. Dice que esos son los más sensibles y si es que sí saldrá reflejado, aunque sea pronto. Así que no creo que influya mucho por la mañana o por la noche.
—Te mueres por saberlo, ¿verdad? —preguntó maliciosa.
—Pues sí. Al menos prueba uno.
—Vale. —Entró en el baño de abajo y se bajó los vaqueros con la ropa interior para sentarse en la taza del wáter. Se puso el palito entre las piernas y él en la puerta apoyó el hombro en el marco para observarla. —¿Qué tal el día?
—¿Has hablado con tu prima?
—Por la mañana, estuvo aquí algo decepcionada.
—¿Decepcionada por qué?
—Esperaba que Matthew la llamara, pero al parecer ese mamón ha dado por terminado el flirteo. Y Carrie no se lo esperaba. Piensa que solo le interesaba por la herencia y que no debió ser tan clara con él.
—Pues no ha dado ni una.
Le miró sin entender. —Él está interesado, está muy interesado.
—¿Cómo lo sabes? —Dejó el palito sobre el lavabo y se limpió a toda prisa para subirse los pantalones. —¿Te lo ha dicho ese amigo en común?
—No, me lo ha dicho él mismo.
Dejó caer la mandíbula del asombro. —¿Le has visto?
—Hemos estado reunidos a la hora de la comida.
Julieta chilló como si estuviera muy contenta y le abrazó con fuerza. —¡Lo hemos conseguido, lo hemos conseguido!
Rob rio. —Sí, nena. Al fin hemos avanzado algo y es gracias a vosotras.
—Si no hemos hecho nada… —Se apartó para mirarle. —¿Qué te ha dicho? ¿Nos va a dar la herencia cuando se cumpla el plazo de los cincuenta años?
—Todavía no hemos llegado a eso, porque hay un problema.
—¿Problema? —Se apoyó en el lavabo. —¿Qué problema?
—Ya no trabaja con su padre. —Suspiró mientras ella hacía que no entendía nada.
—Discutieron porque Matthew arriesgó bastante dinero en unas acciones muy peligrosas y decidió irse.
Eso sí, Matthew aumentó el capital de mucha gente, pero su padre dijo que ellos corrían los riesgos justos y que había sido una locura.
—Así que en realidad le echó.
Hizo una mueca. —Hubo un poco de todo.
Dejó caer los hombros decepcionada. —No tiene poder sobre el fideicomiso.
—Pero está dispuesto a ayudarnos. Dice que le conmovió tu entrevista y que alguien que lo ha pasado tan mal no tiene por qué pagar por los pecados de sus familiares.
Yo esperaba que su padre llamara en algún momento para conoceros, que le enterneciera vuestra historia, pero silencio absoluto.
Matthew ha dicho que ha llegado el momento de que hable con su padre, a ver qué pensamiento tiene al respecto.
—¿Pues qué pensamiento va a tener? ¡Qué no quiere soltar la herencia ni a tiros! ¡Voy a ir a verle!
—Nena, ni de coña. Babbington tiene muy mala baba. Esperemos a ver qué hace, Matthew igual nos ayuda.
—Bueno, pues ya que nos ayuda, llamaré a mi prima para que deje de intentar conquistarle.
—Ah, ¿pero todavía lo hacía por el trato al que llegamos?
—¿Por el cinco por ciento? Pues claro, mi prima es una mujer de negocios y ese era el trato.
—Yo creía que Matthew le atraía.
—Una cosa es que te atraiga un tío y otra la cartera, que mi prima siempre debe tener llena. No entiendo por qué preguntas eso cuando ya lo habíamos hablado, si conseguimos la herencia le deberemos un cinco por ciento, que ha hecho mucho por recuperar ese dinero.
—Sí, sí, no te preocupes.
Serían ratas, hasta el cinco por ciento de su prima querían quedarse. —Teníamos que haberlo puesto por escrito —dijo molesta.
—¿No te fías de mí?
—Pues… —Miró hacia el lavabo y se le cortó el aliento al ver aquel positivo tan rosa, un positivo que en su mente se fue haciendo tan grande como si fuera un cartel luminoso.
Si no podía ser, lo habían hecho hacía poquísimo como para que se supiera ya.
¡Solo había pedido las pruebas para ponerle nervioso!
Pero el positivo estaba ahí y con un rosa que decía que estaba preñada hasta las trancas.
—Ay, madre. —Fue entonces cuando vio a su madre sonriéndole en su habitación el día de su primera regla, cuando tengas hijos sentirás la sensación más maravillosa del mundo y todo lo que hagas, será para que su futuro sea lo más dichoso posible.
Sintió el beso de su madre en la mejilla y se horrorizó porque si ella acababa en prisión qué sería de su hijo.
En su mente regresó al momento en el que le dio el anillo de compromiso y como a cámara lenta vio como la piedra caía sobre la sábana.
Miró a Rob pálida y él dijo —¿Qué? —Cogió la prueba.
—¿Positivo? ¿Esto es positivo? Parece un positivo.
—Cogió la caja de lo más nervioso. —Nena, dime algo que estoy tan de los nervios que ya ni veo.
Joder, ¿por qué ponen esta letra tan pequeña?
¡A ver si me está dando un ictus! —La miró a los ojos y frunció el ceño. —No pareces contenta.
—¿Contenta? —Sintió un nudo en la garganta que casi ni podía respirar. —¿Contenta…?
—Nena, no te desmayes. —La cogió por la cintura y la sentó en la taza del wáter acuclillándose ante ella. —No pasa nada… —Acarició su mejilla. —Todo irá bien.
—¿Bien? ¡Nada irá bien, Rob!
La miró sin entender. —¿Por qué dices eso?
—¿Cómo voy a tener un hijo con alguien que solo me utiliza y me ha mentido desde que le conozco? —le gritó a la cara con los ojos llenos de lágrimas.
Se tensó con fuerza. —Lo sabes.
Le apartó empujándole por los hombros y corrió fuera del baño. —¡Julieta, no! —La alcanzó antes de que pudiera abrir la puerta principal y la abrazó por la espalda con fuerza. —Para nena.
—¡Eres un mentiroso! —gritó con rabia—. ¡Solo me has utilizado para conseguir la puta herencia!
—Tranquilízate, por favor, te vas a poner enferma.
—¡Suéltame!
—No, nena, no voy a soltarte porque temo no verte nunca más. Y eso es algo que no puedo permitirme.
Sollozó. —No te importo, no te he importado nunca.
Lucy llegó en ese momento. —¿Qué ocurre?
—Llama a Jason, que venga de inmediato.
—¡No, déjame! —Intentó soltarse y le dio varias patadas en las piernas, pero él no aflojó su agarre. —Puto mentiroso, nunca pensaste siquiera en casarte conmigo. Todo por el puto dinero… —Fue perdiendo las fuerzas hasta que solo pudo llorar. Rob apretó los labios sin soltarla. —El puto dinero…
—No, nena, sé que ahora no me crees, pero no fue solo por dinero.
—La cogió en brazos y empezó a subir las escaleras.
De repente Julieta ya no tenía fuerzas para resistirse y cuando la tumbó en la cama simplemente se puso de costado dándole la espalda.
Él se sentó a su lado. —No voy a negar que cuando te conocí vi en ello una oportunidad.
Eras perfecta para ser la heredera que nos faltaba.
Tuve que hacerlo, nena. Sabía que Babbington no nos daría las acciones a no ser que algo de Elizabeth regresara. Y no puede regresar. Nunca regresará.