El amor que mereces Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—Probablemente, porque nadie nos creería si contamos que nos han engañado.

—Tranquilas, no os pongáis nerviosas que lo que dice tu hermana es una locura. A ver, ¿que gana Matthew con el engaño? —preguntó Carrie.

—¿Qué gana? Administrar la herencia, como tú le dijiste.

Millones de dólares, se llevará un porcentaje muy jugoso por ganancia, ¿no crees?

—Apretó los labios. —Cuando Rob dijo que había intentado verle y que siempre había negativas, eso me chirrió un poco porque siempre puedes forzar un encuentro en un restaurante o algo así.

Si viven en el mismo círculo, ¿cómo no van a encontrarse?

No debe haber muchos colegios pijos en la ciudad, ¿nunca coincidieron?

¿Nunca hablaron y más con la relación familiar que tienen? No me lo creo.

Julieta incrédula preguntó —¿Y por qué sugerir que te camelaras a Matthew? ¿O que se lo camelara Carrie?

—¿No te das cuenta? Eso solo fue una distracción para nosotras.

Tú con la boda, yo con Jason y Carrie con Matthew.

Pero su amigo metió la pata porque cabreó a nuestra prima.

¿Qué pasó? Que entró en pánico. Al exagerar su papel de hombre ofendido al ser utilizado, se le fue la mano y ofendió a Carrie.

Se dijo, leche a ver si les dice a las primas que tengan cuidado, que algo no le huele bien o vete a saber, así que le dijo lo de la puesta, puso dudas en tu relación con Rob, porque así tú no pensarías en nada más que en la posibilidad de que te dejara antes de la boda.

Y a mí decidieron entretenerme por otro lado.

Trabajando. Tu prometido esta mañana me dijo que si quería empezar a trabajar con Jason en su consulta, necesita recepcionista.

Separó los labios de la impresión. —¿No me digas?

—Le dije que lo hablaría contigo.

Carrie pensó en ello y entrecerró los ojos mirando a Julieta. —¿No deberían haceros una prueba de ADN para que cobrarais la herencia?

—La familia lo ha confirmado, que son los perjudicados en caso de que aparezcan los herederos, ¿quién dudaría de su palabra?

—Así tendrán la mitad en lugar de nada. —Melania sonrió. —Son unos genios.

—Pues esos genios han hecho que cometamos varios delitos —dijo Carrie—. Y otra cosa, ¿y si aparece la verdadera Elizabeth?

—Pues no nos salvará ni Dios y acabaremos en prisión por estafa —dijo Julieta muy seria.

—Probablemente, a no ser… —Miraron a Melania. —Que Elizabeth también muriera ese día y la familia lo ocultara porque murió aquí.

—Ay, madre… Ay madre…

—Imagínate a estos pijos, Elizabeth les llega a casa llena de heridas, ¿creéis que la iban a esconder allí?

No, puede aparecer la policía. Esta casa estaba vacía, la trajeron aquí y la atendió el padre de Jason.

Era una suicida, lo había intentado antes y cuando se enteró de que su madre había fallecido, se quitó del medio.

De repente se encontraron con su cadáver, estarían histéricos y más si sumamos el escándalo que ya había por el asesinato de sus padres.

No querían implicarse, por supuesto que no, así que ocultaron el cadáver.

¿Y dónde? Ahí atrás hay un jardín de lo más cuqui para enterrar los problemas.

Hala, Elizabeth había desaparecido. Y con su desaparición perdieron la herencia, tenían que hacer algo.

—Sus ojos brillaron. —Por eso bajo ningún concepto venderían esta enorme casa, incluso a pesar de tenerla años vacía, como estuvo hasta que llegó Rob.

—No entiendo por qué Matthew se ha metido en esto.

—¿Y si su padre sabe de su relación con Rob y no estaba de acuerdo con esa amistad?

¿Y si sabía que cuando se jubilara Matthew entregaría la herencia?

¿No os parece raro que se haya desligado del despacho de su padre?

Pues yo tengo dos respuestas a eso, o se han peleado y su padre le ha echado porque estaba harto de que le discutiera cómo hacía las cosas o Matthew se ha ido porque sabía que la fortuna de los McDugal iría a parar a otro fideicomisario que su padre designara.

Necesitaban recuperar esa fortuna cuanto antes.

Las tres se miraron. —Si esto es así, está metida toda la familia en el engaño. Las lágrimas de mi suegra, todo era falso. —Melania y Carrie asintieron. De repente Julieta sonrió maliciosa. —Chicas, ¿queréis jugar un poco?

—Sabía que pensarías algo así, me apunto a lo que sea —dijo Carrie con ganas de sangre por tomarle el pelo.

—Lo mismo digo.

—Vamos a darle un giro a la historia que no se esperan.

Rob entró en el comedor. —Siento llegar tarde, preciosa. —Se acercó y le dio un beso en la mejilla, pero ella muy tensa ni le miró. —¿Ocurre algo?

—No lo sé, dímelo tú.

—Típica frase femenina —dijo por lo bajo sentándose a la cabecera—. Muy bien, ¿qué pasa?

—¿Me vas a dejar plantada en el altar?

Él parpadeó como si no se lo esperara. —Preciosa, ¿qué dices?

—Me he enterado de que vas dejando tías tiradas en las iglesias y quería saber si yo iba a ser una de ellas.

—¿Cómo te has enterado de eso? —preguntó cabreado.

Qué bien disimulaba el cabrito, era una interpretación de Óscar. —¿Cómo me he enterado? Por Matthew tercero que se lo ha dicho a Carrie.

—¿Qué le ha dicho qué? Ese mamón —dijo entre dientes.

—¡Ese mamón es más sincero que tú!

—¡Nena, no te lo he ocultado, simplemente ni me acordaba de ella!

—¡Ya sé que no te acordabas, estabas en Aspen mientras ella te esperaba! —Se levantó furiosa. —¿Qué clase de hombre eres tú para hacer algo así?

—¡Pues ya que lo dices, uno que tenía un cabreo de primera porque en su despedida de soltera me puso los cuernos con un camarero, joder!

Se quedó de piedra, eso no se lo esperaba. —¿Y esperaste hasta la boda para vengarte?

—Era el fin de semana siguiente, tampoco esperé tanto. —Le hizo un gesto a la doncella para que sirviera la cena. —Pero sí, me enteré el mismo domingo de la despedida por un amigo que la vio salir con él del bar y la siguió.

—Vaya, ese es un amigo de verdad.

—Hay pocos amigos como él, confío en su palabra plenamente.

Julieta miró a Melania que gruñó cogiendo la copa de agua.

—Pues a ver cuando me lo presentas, ¿será tu padrino en la boda?

—Nena, para la boda aún queda mucho y Ma…—Se detuvo en seco y carraspeó para disimular. —Mi amigo ahora trabaja fuera.

—¿Cómo se llama?

—Martin, se llama Martin.

Sonrió. —Estoy deseando conocerle.

Rob sonrió. —Te caerá muy bien. —Miró a Melania. —¿Qué tal el día, cuñada?

—Todavía no eres mi cuñado, primero preséntate ante el altar. Y el día ha ido como el culo porque nos hemos aburrido como ostras. En este mausoleo no hay nada que hacer.

—Vaya, cómo estamos… —dijo Rob antes de coger el tenedor y mirar el plato—. ¿Qué coño es esto?

—Cabeza de cordero. Exquisita. Ya verás cuando comas el seso, ya —dijo Julieta como si nada intentando no reírse por la cara que estaba poniendo, pues el bicho aún tenía los ojos. Disimulando empezó a cenar sus espaguetis.

Él miró su plato. —¿Y por qué como yo esto?

—Porque Melania quería espaguetis y cuando los estaba haciendo me apetecieron. —Entrecerró los ojos. —¿Acaso no te gusta el cordero? Si ni lo has probado.

Rob carraspeó. —Nena, me apetecen más los espaguetis, huelen de maravilla.

—Tu madre me ha dicho que por la noche nunca comes pasta, porque te sienta mal y al día siguiente tienes retortijones y algo de diarrea.

—Joder con mi madre, qué específica.

—Por cierto, ya te he pedido hora con el de digestivo para que te revise el colon y el estómago, laparoscopia, creo que se llama.

—Pero si Jason me ha dicho que estoy bien.

—Jason es eficiente para muchas cosas, pero este es un especialista, que no quiero quedarme viuda antes de los treinta, ¡así que vas a ir!

—Muy bien, no te cabrees. —Cogió el tenedor y pinchó la carne de las mejillas.

Sonrió por dentro antes de mirar a su hermana sentada frente a ella que masticaba los espaguetis con ganas. —Por cierto, cariño, no me ha bajado la regla.

Él que iba a meterse un pedazo de carne en la boca la miró con cara de susto. —¿Qué?

—No me ha bajado, ¿mañana me compras una prueba de la que vienes del trabajo?

—Pero si apenas acabamos de empezar, nena. Y han sido pocas veces sin protección.

—Ya, pero con una vez basta.

—Eso es verdad —dijo Melania—. A no ser que lo hagas por el culo.

Rob que se había metido un pedacito de cordero en la boca, se atragantó y se puso a toser poniéndolo todo perdido. Cogió la servilleta y se tapó la boca. Julieta se levantó y empezó a darle de palmadas en la espalda. —San Blas, San Blas… —Le arreó con fuerza. Eso por cabrito.

Horrorizado la miró. —¿Pero qué haces?

—Ayudarte —dijo inocente—. ¿A que ya se te ha ido?

—Nena, eres muy bruta.

—No decías eso ayer —dijo divertida sentándose de nuevo—. Cena, cielo. Ah, por cierto, ha llamado tu madre y hemos estado hablando sobre el fin de semana. Me ha dicho que ellos y tu hermana no pueden ir, que tenían no sé qué boda.

—Mierda, la boda del primo de Brian.

—Sí, al parecer tú no estabas invitado —dijo con segundas—. ¿Te tiraste a la novia?

—Eso fue mucho antes de que fuera su novia.

—Menuda casualidad, ¿no, picha brava?

—Nena… Eso fue hace mucho tiempo.

—Ya, pues vamos a ir solos a los Hamptons este fin de semana.

—Pues muy bien.

—Carrie traerá a Ben, así practicas.

Él gruñó por lo bajo y le hizo un gesto a la doncella. —El postre.

—Cielo, casi no lo has probado.

—Estoy lleno, tomé algo al salir de la oficina.

—Y yo pasando horas en la cocina para darte la sorpresa.

—Te aseguro que la sorpresa me la he llevado. —Cogió la copa de vino y bebió un buen trago.

La doncella dejó ante él tarta con merengue. —¿Lo has hecho tú, Melania?

—Sí, me aburría —dijo con la boca llena.

Impaciente hincó la cuchara. —Tiene un aspecto delicioso.

—No has dicho lo mismo del cordero —dijo molesta.

—Preciosa, me pirra el dulce. —Se lo metió en la boca y masticó una vez para detenerse en seco. Sus ojos se enrojecieron como si intentara retener las lágrimas y dijo intentando no vomitar —¿Qué tiene esto?

—Pues lo típico, harina, huevos, azúcar, brandy…

—Cielo, ¿está malo? Pones una cara…