El amor que mereces Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

—Sí —dijo pensativa—. Han sido años muy duros.

—Pero ahora las cosas han cambiado. Sobre todo para tus primas.

Vaya, casi se la había colado. —Han tenido mucha suerte, ya era hora.

—Y tú también, te has retirado.

—Julieta haría lo que fuera por mí y yo por ella.

—¿Incluso intentar seducirme para que les dé el resto de la herencia? —preguntó saliendo del ascensor.

Ella se quedó mirándole fijamente. —Perdona, ¿qué has dicho?

Matthew perdió esa sonrisa irónica poco a poco. —Lo que has oído.

—Creía que esto era una cita. —Apretó los labios como si estuviera disgustada y lo estaba porque todo el interés que tenía por ella era por sus primas.

—Pero ya veo que no. Si me disculpas, creo que voy a pasar de la cena, no puedo perder el tiempo.

—Pulsó el botón para volver a subir, pero él detuvo las puertas.

Carrie sin intimidarse levantó una ceja.

—¿Vas de ofendida? A mí no me la das. Todo esto es una trampa para comprometerme y que tenga que cederles la herencia.

—Te recuerdo que tú te acercaste a mí —dijo fríamente—. Y creía que era con otras intenciones, pero ya veo que no.

—Sé que hoy has ido a verlas.

—¿Y no es lógico con todo lo que les está pasando? Hoy mi prima tenía una entrevista porque no dejan de acosarla los medios y creían que si hablaba todo terminaría.

—Y lo hizo perfecto. ¿Su abuela se suicidó después de matar a su marido? No me hagas reír, ¿ahora Elizabeth es una víctima?

—Fue una víctima y lo sigue siendo porque todo el mundo piensa que es una asesina.

¡Mi tía era buena persona! —gritó sin poder evitarlo mientras sus ojos se llenaban de lágrimas—.

¡Tú no la conociste! ¡Cuando mi madre se largó yo tenía cuatro años y fue tan madre mía como de ellas!

¡Nunca me dejó sola, siempre estaba cuando la necesitaba y cuando murió perdí otra madre, así que ni se te ocurra hablar mal de ella!

¡Hizo lo que hizo para sobrevivir y tú no eres nadie para juzgarla! ¡Ahora suelta la puta puerta!

Matthew muy tenso la soltó. —Carrie, yo…

—No te molestes —dijo mientras se cerraban las puertas.

Cuando el ascensor empezó a subir, juró por lo bajo y sorbió por la nariz agachando la mirada intentando ocultar el dolor que sentía en su pecho.

—Mierda. —Salió del ascensor y fue hasta la puerta.

Sacó su llave del bolsito diciendo por lo bajo —La culpa es tuya por hacerte ilusiones.

—¿Me perdonas?

Sorprendida se volvió con los ojos llenos de lágrimas para verle en la puerta del otro ascensor y muy serio dijo —No quería hacerte daño.

—¿Porque una puta tiene que ser dura?

Él se tensó y se pasó la mano por la nuca. —No me gusta que te llames así.

—¿Por qué? Es lo que soy, ayer lo dejaste muy claro cuando me ofreciste pasta por estar conmigo. —Dio un paso hacia él. —¿Qué quieres? ¿Información? Vamos, pregunta, no te quedes con las ganas que esas rosas han debido costarte una pasta.

Matthew apretó. —¿Van a llevarme a juicio?

—Sí. A ellas no las vas a parar y pienso apoyarlas en todo. Es su herencia no la tuya.

—Es mi familia quien ha trabajado por ella.

—Y seguro que os habéis llevado una buena tajada. —Dio un paso hacia él. —¿No te das cuenta? Si fueras listo, que ya veo que no lo eres, llegarías a un trato con ellos. Todos podríais ganar mucho dinero, ¡pero te estás empeñando en algo que llega a su fin, y no lo asumes!

—¡Son unas sanguijuelas! —dijo rabioso—. ¡Y han intentado joder a mi familia en estos últimos cincuenta años!

Separó los labios de la impresión. —¿Qué quieres decir?

—Si quieres tanto a tu prima yo le advertiría sobre Rob. No tiene un pelo de santo, ¿sabes? Sé que ahora le tenéis en un pedestal porque ha descubierto de donde provienen y tus primas van a heredar su parte de la pasta, pero ese mamón siempre tiene un as en la manga.

—Solo intentas ensuciar su imagen para que la tuya brille más —dijo con desprecio.

—¿De veras? Pregúntale por Laura.

—¿Laura?

—Fue su prometida. —Sonrió irónico. —Y la dejó plantada en el altar.

Separó los labios de la impresión. —Mientes, Rob no haría algo así.

—¿Qué no? Fue un escándalo, la chica terminó ingresada por una crisis de ansiedad, ¿y sabes dónde estaba el? En Aspen, esquiando.

Sintió miedo por Julieta. —Se ha enamorado de mi prima. ¡Es su prometida!

—¿Quieres apostar?

—No digas tonterías.

—Estoy tan seguro de que no se casará con ella y que solo os está utilizando, que te juego la herencia a que no llega al altar.

—¿Qué quieres decir?

—Si llega a casarse cederé la herencia. Su único propósito es conseguir las acciones de las empresas donde he invertido, si la consiguiera le daría la patada a tu prima antes de que se dé cuenta.

Dio un paso hacia él. —¿Me estás diciendo que si se casa con ella por voluntad propia les cederás la herencia?

—Con la condición de que tú no digas nada.

No se lo podía creer. —¿Hablas en serio?

—¿Quieres que lo ponga por escrito? —Al ver sus dudas sonrió. —No pasará, créeme, nunca pisará la iglesia y del brazo de tu prima menos.

Palideció. —¿Qué quieres decir?

—La he visto en televisión, no te ofendas, pero se nota que es una chica de barrio.

—Yo también soy de barrio.

Él levantó una ceja. —Tú has luchado con uñas y dientes por salir de él. Tu prima no, y se nota que está encantada de ser así.

—No te creo una palabra, ¡está loco por ella! ¡Estará harto de esas pijas que a ti te gustan tanto!

—Ah, ¿sí? Entonces si estás tan segura acepta la apuesta.

—¿Y si pierdo?

—Si pierdes… —La miró de arriba abajo. —Me darás un hijo.

Separó los labios de la impresión porque eso no se lo esperaba. —¿Estás loco?

—Te he visto con el tuyo, eres buena madre.

Además, me gusta tu manera de ser. No voy a decir que te amo, pero tengo la sensación de que tú y yo en la cama vamos a ser la hostia, así que nos divirtiéremos mucho haciéndolo.

—Apoyó la mano en el marco de la puerta y ella se inclinó hacia atrás con los ojos como platos.

—Parece que te he sorprendido, preciosa.

Sin aliento y con el corazón a mil estaba tan sorprendida que ni podía disimular. —¿Cuánto tiempo tienen para celebrar esa boda y que les des lo que es suyo?

Él sonrió como el gato que se comió el ratón. —¿Tres meses? Sí, creo que será suficiente con tres meses.

—Perderías.

Matthew rio por lo bajo y la cogió por la barbilla elevando su rostro.

—Tú no quieres ganar. —La besó suavemente en los labios.

—Imagínatelo, preciosa, compartirías mi cama y me deslizaría dentro de ti para llenarte hasta retorcerte de placer.

—Su mano acarició su vientre. —Se hincharía con un hijo mío y te daría todo lo que siempre has soñado…

Sin aliento le miró a los ojos. —Solo quiero una cosa del hombre que compartirá mi vida y viendo lo frío que eres a la hora de traer un hijo al mundo, pues en ningún momento has hablado de amor, sé que tú no eres quien puede proporcionarme lo que necesito.

—Entró en casa y dio un portazo que por poco le da en la nariz.

A Carrie casi le temblaban las piernas y le escuchó jurar por lo bajo al otro lado de la puerta. ¿Qué había hecho? ¿Tenía que haber aceptado? Gimió cerrando los ojos mientras su canguro la miraba sorprendida. —¿Todo bien?

—Todavía no lo sé.