Capítulo 11
Las hermanas parpadearon mientras Carrie sentada ante ellas en el sofá sonreía. —¿Te ha pedido una cita? ¿Sabe quién eres, a qué te dedicas y te ha pedido una cita? —preguntó Rob asombrado.
—Me di cuenta de inmediato de que cuanto más sincera mejor, hasta le he hablado de Ben.
—Lo ha conseguido —dijo Melania impresionada—. Prima, eres un hacha.
—Gracias. —Cogió su taza de café y le dio un sorbito antes de reír por lo bajo. —La cara que habéis puesto.
—Como la mía —dijo Rob aún alucinado—. No me lo puedo creer, si lo has conseguido en menos de doce horas.
—Bueno, todavía queda mucho trabajo por delante y no ignoro que debe tener la mosca tras la oreja pues ayer en el bar estaba sola, se preguntará el por qué, pero sí tengo una oportunidad, al parecer le he caído bien.
—¿Y él cómo te ha caído a ti? —le preguntó Julieta maliciosa.
Se sonrojó ligeramente. —Bueno, sabía que era un bombón, ya le había visto antes.
—Así que un bombón…
—Y es inteligente, perspicaz… —Pensó en ello. —Agudo…
—Vamos, que te gusta más que comer con los dedos—dijo Melania.
—Pues si os digo la verdad…
Las dos se adelantaron para no perder palabra. —Me excita más de lo que me ha excitado ningún hombre antes.
—Hala… —Melania sonrió. —¡Este sí, este sí!
Rob carraspeó. —Chicas, ¿nos centramos en el plan?
—Tiene que conquistarle, ese es el plan.
—¡Sí, pero no enamorarse de él, que luego la liamos, mírame a mí!
Se emocionó. —Cielo, ¿me amas?
—Joder, me están llamando al móvil —dijo antes de salir del salón como si le persiguiera el diablo.
Julieta chasqueó la lengua. —Lo que le cuesta decirlo. Si total me lo ha dicho de mil formas distintas y nos vamos a casar.
Carrie entrecerró los ojos. —¿A ver si luego te la da con queso?
—¿Qué quieres decir?
—Que igual está pidiendo nuestra colaboración porque sabe que se la daremos encantadas porque te vas a casar con él y cuando consiga la pasta ni boda ni nada.
Julieta sintió un sobresalto en el corazón. —¿Eso puede pasar? ¿Cómo va a pasar eso? —Melania hizo una mueca. Horrorizada preguntó —¿Después de sus explicaciones de antes de ayer habías pensado que eso podía pasar?
—La verdad es que sí, pero cuando vi el anillo cambié de opinión, no puede ser tan cabrón. No tiene pinta.
—Fíate de los que tienen cara de buenorros —dijo Carrie—. Tú ten cuidado, seguramente sabe que tenemos una auténtica fortuna entre manos, aunque se haga el tonto. Estos ricachones están acostumbrados a las artimañas para conseguir negocios y no dudan en apuñalarse por la espalda.
—No, no va a hacerme eso. Si hubierais visto cómo pidió mi mano…
Carrie la miró muy seria. —Cielo, ten cuidado. He visto hacer muchas cosas por dinero, fingir un compromiso no es nada cuando hay gente que hasta mata por un puñado de dólares. ¿Acaso no estoy fingiendo yo con Matthew?
—Tú no finges nada, bonita, que estás loca por ir a esa cita.
—Sí, pero tengo un plan que cumplir. Puede que Rob esté haciendo lo mismo.
De camino a la entrevista le miró de reojo y él sonrió cogiendo su mano. —No estés nerviosa.
—¿Cuándo nos casamos?
—Nena, ¿ahora quieres hablar de eso? Deberías centrarte en lo que vas a decir.
—Esa tipa pregunta y yo contesto, tampoco es para tanto. ¿Cuándo?
—Mmm, pues no lo había pensado, ¿la primavera que viene?
—¡Queda un año! —dijo escandalizada.
—Hay mucho que decidir.
—¿Como qué?
—Dónde va a ser, quién nos casará, el banquete, las flores, la orquesta, los invitados…
—Cielo, solo somos cuatro por parte de mi familia, no quiero una gran boda.
Él apretó los labios. —Joder, nena, lo entiendo, pero tengo compromisos. Algunos de mis mejores clientes tienen que ser invitados o se lo tomarán a mal.
—Te casas con la hija de una asesina y mi prima es puta, ¿en serio quieres una gran boda?
Suspiró. —Ya hablaremos de esto, estoy muy nervioso.
—Pero si tú solo vas a mirar.
La fulminó con la mirada. —¿Quieres dejar de contradecirme?
—¿Lo hago? —preguntó sorprendida.
Él levantó una ceja. —Lo haces. La boda, los niños, el anillo… ¿Todo tiene que ser a tu manera?
Se sonrojó. —Vale, intentaré aflojar un poco. Pero si no hubiera insistido ni me hubieras besado todavía.
Rob sonrió. —Puede que tengas razón.
Le cogió por el brazo y se pegó a él apoyando su mejilla sobre su hombro. —Todo irá bien, ¿verdad?
—Está yendo mil veces mejor de lo que imaginaba. Carrie ha avanzado muchísimo. Joder, es una máquina de seducción. —Sonrió malicioso. —Matthew no va a tener ninguna posibilidad.
Carrie abrió la puerta de su piso y se quedó en shock por el enorme ramo de rosas rojas que llevaba en las manos. —¿Son para mí? —preguntó sorprendida.
—Es una cita, ¿recuerdas? —Se acercó y la besó en la mejilla. —Estás preciosa.
Se sonrojó de gusto cogiendo aquellas maravillosas flores. Uy, cuidado que este te quiere camelar… —Pasa, estoy enseguida. Voy a ponerlas en agua.
Él entró en el inmaculado piso decorado con mucha clase como su dueña y de repente un niño rubio de cinco años, que iba con un pijama de dinosaurios, salió corriendo del pasillo con una joven detrás. —A la cama, Ben.
El niño se detuvo en seco mirándole con sus ojos azules como platos. —Hola.
—Hola. —Se agachó ante él sonriendo. —Pero mira a quién tenemos aquí… ¿A que eres Ben? —El niño asintió. —Yo soy Matthew.
—Vas a salir con mamá.
—Voy a salir con tu madre y al parecer tú tienes que irte a la cama.
—No tengo sueño. —Se fijó en el gemelo de su camisa y lo señaló con su dedito. —Es una B.
—Sí, porque me apellido Babbington.
—Ah, yo me apellido Falkner.
—Y te gustan los dinosaurios. —Señaló la manga de su pijama. —Ese es un Rex.
—¡Sí! —dijo emocionado—. Pero me gustan más los raptor. —Hizo un gesto con la mano como si tuviera una garra. —Arrg.
Matthew sonrió. —Seguro que tu mamá te ha regalado un montón.
Le agarró de la mano y tiró de él impaciente. —¿Vas a enseñármelos?
—Mira, mira…
Carrie que les observaba desde la puerta de la cocina, sintió un nudo en la garganta por lo emocionado que estaba su hijo y se dio cuenta de todo lo que necesitaba un padre.
Les siguió. Matthew entró en la habitación que era el sueño de cualquier niño.
Se notaba que Carrie había trabajado muchísimo en ella por la decoración y el trabajo de las paredes que estaban llenas de todo lo que a Ben le gustaba.
Una de las paredes eran cosas de béisbol, otra de aviones y por último en el lado contrario a los ventanales había un coche de policía que hacía de cama con una decoración en la pared como si fuera la ciudad de Nueva York y el coche estuviera persiguiendo a unos ladrones pintados estilo lego.
Se quedó impresionado. —Mira, mira… —dijo el niño tirando de él hasta un baúl.
Lo abrió y estaba lleno de dinosaurios de todos los tamaños—. Los tengo todos. Mami me trae a veces.
—Tienes mucha suerte.
—Sí, muchos niños no tienen. Mami me hace regalar parte de mis juguetes.
—Y ya toca este año, así que vete haciendo la bolsa —dijo ella desde la puerta.
—Sí, mami. —Sacó una Barbie. —Esta.
—¿Seguro? Juegas mucho con ella.
—Ya no me gusta, es de niña, lo dicen en el cole.
Carrie entró en la habitación y le cogió para meterle en la cama con Barbie y todo. —Si a ti te gusta, si te lo pasas bien jugando con ella, da igual lo que diga la gente. Tu felicidad es mucho más importante, ¿entiendes cielo?
—Sí, mami. —Se pasó la manita por el ojo demostrando que tenía sueño. —Mañana tengo cole.
—Sí, tienes cole y lo vas a pasar muy bien porque haréis collares de macarrones. Ya los tienes en la mochila.
—Vale.
—Ahora dame un beso muy gordo.
Él la abrazó por el cuello y la llenó de besos que la hicieron reír. —Muy bien, cielo, ahora a dormir. —Fue hasta la puerta donde Matthew la esperaba. —Te quiero.
—Yo más.
—No, yo más.
Él soltó una risita y abrazó a la Barbie. Entornó la puerta y allí estaba Carla esperando sus instrucciones. —Tienes mi número, llámame si ocurre cualquier cosa.
—Y sino la localizo llamo a sus primas. Y si no las localizo porque se caigan las líneas telefónicas y no haya internet aviso al portero, al 911 o a los bomberos.
—Muy graciosa.
Soltó una risita. —Todo irá bien, Ben es un ángel.
Sonrió volviéndose y al ver que Matthew seguía allí levantó una ceja. —¿Nos vamos?
—Sí, si antes estaba deseando esta cita, ahora todavía más.
Se sonrojó de gusto y fueron hasta el salón.
Él vio el jarrón con las flores impecablemente colocado a pesar del poco tiempo que había tenido.
Sin decir nada fue hasta la puerta y se la abrió para que pasara.
Carrie se sonrojó de gusto porque normalmente los hombres no solían ser tan caballerosos con ella.
Entraron en el ascensor y ella vio su reflejo en el espejo, pero no se detuvo en contemplarse, sabía que a algunos hombres eso no les gustaba.
Además, sabía que su apariencia era sexy y elegante porque su vestido negro entallado hasta encima de las rodillas le quedaba como un guante.
Le sonrió. —Las flores me han encantado, gracias.
—Ha sido un placer. Tienes un hijo estupendo.
Carrie sonrió. —Con él no te aburres, ahora le ha dado por los dinosaurios y está loco mirando libros donde salen sus dibujos.
—¿Le has dejado ver las películas?
—No, todavía no. Creo que es muy pequeño todavía.
—¿Cuánto llevas sola?
Carrie apartó la mirada. —Cinco años, mi prometido murió cuando estaba embarazada.
—Lo siento.
—Son cosas que pasan. En esta familia han pasado bastantes en los últimos años.
—¿De veras? ¿Como qué?
—Bueno, mi padre murió de cáncer de pulmón, el atropello de mi tía… Lo de Jimmy, antes mi tío…
—¿Tu tío?
—Le atracaron en el taxi y le apuñalaron en el pecho. Murió en el acto.
—Joder…
—Sí, han sido años muy duros. También fue muy duro cuando se llevaron a mis primas los de servicios sociales…
—¿Vuestra familia no podía hacerse cargo de ellas?
—Mi padre lo intentó, pero trabajaba en el puerto de vigilante de noche y a punto estuvieron de quitarle también mi custodia. Me libré porque yo tenía dieciséis y consideraron que podía cuidarme sola por las noches.
—Hostia.