Capítulo 9 #3
Él sonrió subiendo los escalones. —No te arrepentirás.
Entró en una habitación y Julieta mareada por su mirada que prometía mil cosas ni se dio cuenta de que cerraba la puerta con el pie. La tumbó sobre la cama y puso las manos a ambos lados de su cuerpo. —Joder, me siento como si fuera la primera vez.
Sin aliento dijo —Me pasa lo mismo.
Rob miró hacia abajo y metió la mano bajo su camiseta acariciando su pecho.
Julieta suspiró de gusto cerrando los ojos e inclinó el cuello hacia atrás provocando que él se lo besara hasta llegar al lóbulo de su oreja.
Rob cogió su mano sin dejar de besarla y se la llevó a la entrepierna. —Acaríciame, nena.
Julieta abrió los ojos y se sonrojó. —Lo siento.
—Joder, no te disculpes.
—Es que no quiero que pienses que soy de esas que se quedan como momias. Yo soy muy activa, ¿sabes?
—Claro que sí —dijo él divertido—. Solo hay que verte. Estabas de lo más preparada para la profesión a la que querías enfrentarte.
Julieta se echó a reír. Rob de rodillas entre sus piernas se enderezó y le quitó la camiseta para comérsela con los ojos. —Tienes unos pezones preciosos y piden atención, nena. ¿Estás concentrada de nuevo?
—Totalmente.
Se agachó lentamente y se metió uno en la boca rozándola con la lengua tan exquisitamente que Julieta se retorció de gusto y cuando se lo mordisqueó con ganas sintió que empezaba a perder la cabeza porque no podía pensar en nada más que en esos labios y lo que le hacían.
Cuando se apartaron de ella Julieta protestó.
—Te noto impaciente, nena, y acabas de correrte.
Y te había dicho que iba a lamerte entera.
—Yo voto por dejarlo para después. —Se sentó de golpe y atrapó sus labios para besarle apasionadamente tirando de su camisa en su necesidad de tocarle.
Rob tiró de ella hacia arriba y apartó los labios lo suficiente como para quitársela por la cabeza.
Fascinada alargó la mano y acarició su duro pectoral donde el vello del centro descendía hasta perderse en sus pantalones.
Gruñó elevando la vista. —¿Qué decías que te hacían mis labios?
—Joder, nena, mejor lo dejamos también para después o me correré antes de que nos demos cuenta.
Se tumbó elevando la pelvis. —Es que soy muy sexy.
Él gruñó acariciando su vientre antes de llegar al botón de sus vaqueros. —Ha llegado la hora.
—Te aseguro que lo estoy deseando.
Rob tiró de sus pantalones hacia abajo y comiéndosela con la mirada le abrió las piernas todo lo que pudo para mirar su sexo. Sopló suavemente sobre él haciendo que Julieta casi botara sobre la cama. —¿Lo has sentido?
—Dios mío, sí.
Sonriendo se agachó y pasó la lengua sobre su clítoris provocando que Julieta gimiera de placer intentando asirse a algo, así que sin darse cuenta agarró las almohadas con fuerza sintiendo que se mareaba. Un dedo entró en su interior lentamente. —Preciosa estás de lo más mojada.
Sin entender lo que decía, embebida en las sensaciones que su dedo provocaba en su interior, ni se dio cuenta de que su miembro se acercaba, pero lo que sí sintió fue como entraba lentamente en ella hasta llenarla por completo. —Perfecta —dijo Rob con voz ronca—. Nena, ¿te duele?
Abrió los ojos y estos brillantes de placer le dijeron que continuara.
Rob se deslizó en su interior tan delicadamente que algo tan exquisito como excitante la recorrió de arriba abajo.
Él sonrió por todo lo que disfrutaba. —Joder, preciosa, te haría el amor todo el día.
—Volvió a entrar en ella muy despacio y Julieta gimió de placer.
Sus gemidos aumentaron a medida que él movía las caderas más rápidamente, pero aun así ella necesitaba más y elevando las piernas intentó aferrarse a sus nalgas para que entrara más en ella.
—Nena, no debo llenarte más, golpearía la zona herida.
—Te necesito.
Rob entró en ella con más contundencia y gritó por el placer que la traspasó.
Sintió como su vientre se tensaba con tal fuerza que cuando volvió a llenarla creyó que se desgarraría, pero el placer era tan intenso que gritó pidiendo más.
Él continuó llenándola hasta que creyó que se volvería loca y Rob sintiendo su necesidad aumentó sus embestidas con tal vigor que el cuerpo de Julieta vibró con el orgasmo más increíble que había tenido nunca.
Rob gimió sobre su cuerpo y se abrazaron con fuerza disfrutando el uno del otro hasta que poco a poco sus cuerpos y sus mentes volvieron a la realidad.
Julieta abrió los ojos y le sonrió. Rob tuvo la intención de apartarse, pero ella protestó. —Nena, peso mucho.
—Solo un momento —susurró—. Me gusta tenerte dentro.
La miró de una manera que se sintió suya y Rob acarició su sien apartando un mechón de su pelo. —¿Estás bien? ¿Te duele algo?
—¿Algo? Jamás me he sentido mejor.
Rob sonrió. —Jason me va a matar, me tenía más que advertido.
—No se lo diremos —susurró.
—Nena, se te va a notar.
—Qué va. Oh, eso sí lo he notado. —Admirada susurró —¿Puedes volver a la carga?
—Yo sí, ¿y tú?
—Lo estoy deseando.