El amor que mereces Capítulo 9
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Capítulo 9

Efectivamente aquel tostón duró más de dos horas. La cantidad de cosas que tenía el viejo cuando murió era impresionante. Y como había dicho Rob no podían tocar nada que no se hubiera tocado ya, excepto los millones que heredarían en tres semanas justas.

El abogado cerró el documento. —¿Les ha quedado claro?

Ambas asintieron. —Creo que sí —dijo Melania.

—Si tienen alguna duda llámenme y se lo explicaré con gusto —dijo levantándose.

Julieta gruñó mientras Rob se despedía de él.

—¿Crees que si llamamos a Carrie funcionará?

—¿Se te ocurre otra cosa para recuperar nuestro dinero?

—¿Entonces no hago la entrevista?

—Sí, debes hacerla —dijo viendo como Rob hablaba unas palabras con el abogado—.

Debemos limpiar el nombre de mamá y eso hará que si vamos a juicio contra los Matthew se conozca la verdadera historia.

¿Crees que Rob no ha pensado que no habrá un juez en este país que sentencien contra unas huerfanitas que han llevado una vida de mierda mientras podían ser ricas?

Esa será su siguiente baza si esto no funciona.

—Entiendo.

—Pero los tribunales son lentos y lo del matrimonio es mucho más rápido y limpio. Llama a Carrie, dile que la necesitamos ya.

Estaban comiendo cuando sonó el timbre. Julieta se levantó. —Esa es mi prima. —La doncella iba a abrir. —No, ya voy yo.

—Pero hay prensa fuera, querida.

—Da igual que los Matthew nos relacionen, puede que así se acerque a ella para conseguir información. Debe estar muriéndose por saber lo que ocurre en esta casa.

Atravesó el hall pensando que el viejo tenía mucho gusto para ser hippy y abrió la puerta. Los flashes casi la cegaron y su prima entró a toda pastilla. —¿De qué va esto?

La miró e hizo una mueca porque no es que se la viera mucho. Llevaba un pañuelo que le cubría su cabello rojizo y gafas de sol. —¿Por qué llevas esa pinta?

—Para que no me reconozcan mis clientes, leche. —Se quitó las gafas. —¿Es cierto lo que pone el periódico?

—No.

—Lo sabía, mi tía jamás hubiera hecho lo que dice en ese periódico de mierda.

—Eso ya lo solucionaremos. Ahora hablaremos de otra cosa. ¿Has comido?

—No.

—Pasemos al comedor, todos están allí y así te los presento.

—¿Son tu otra familia? —preguntó mirando a su alrededor.

—Sí, la familia de Rob.

—Leche, ¿eso es un Renoir? —Se detuvo en seco. —¿Es auténtico?

—Es la casa de Rob, pregúntaselo a él —dijo sin darle importancia.

—Sabía que ser rica no te cambiaría.

—No tan rica. —Carrie la miró sin entender. —Ahora te lo explicamos. —Entraron en el comedor y todos se levantaron. —Familia, ella es Carrie Falkner, mi prima.

—Realmente es muy bella —dijo su suegro acercándose y cogiéndole la mano para besársela como un caballero del siglo pasado—. Bienvenida a la familia, soy Greg McDugal, el padre.

—Gracias por este agradable recibimiento —dijo mirándole coqueta.

—Suegro, suéltale la mano que no quiero líos y tu mujer está a punto de lanzarse sobre mi prima para sacarle los ojos.

Su suegra se sonrojó. —No, si yo…

—No se lo tomes en cuenta, mi prima es seductora por naturaleza.

Jason se acercó. —Este es el médico de la familia.

—Sí, es el médico —dijo Melania a toda prisa poniéndose delante.

Divertida Carrie dijo —Encantada.

—Deja que continue yo, nena. Siéntate a comer que casi no has probado bocado.

Julieta miró a su hermana. —¿Y lo que habíamos hablado sobre Carrie y Jason?

—Ahora los planes han cambiado —dijo entre dientes—. Además, parece que le gusto.

—Sí que lo parece, sí.

La miró esperanzada. —¿Eso crees?

—Ni la ha mirado dos veces. Como mi Rob, eso es por algo.

Todos se sentaron alrededor de la mesa y Carrie sentada a su lado sonrió a la doncella que le sirvió un plato de ensalada y asado. —Gracias.

—Puedes retirarte, Lucy, te llamaremos si te necesitamos —dijo Rob desde la cabecera de la mesa.

Carrie miró a su alrededor. Todos la observaban.

Ella que ya tenía el tenedor en la mano suspiró dejándolo sobre el plato para coger la copa de vino que Rob le había servido.

—Muy bien, ¿qué ocurre? —Miró a Julieta sentada a la derecha de Rob.

—¿Tiene que ver con tu herencia? ¿Por eso has dicho hace un momento que no heredarías tanto?

—Siempre has sido muy lista.

—El comportamiento de tu novio siempre me llamó la atención y la noticia de esta mañana me dice que hay mucho más detrás de lo que parece. —Bebió un sorbito. —Muy bien, vayamos al grano, supongo que vamos a hablar de negocios y me gusta dejar las cosas claras desde el principio.

—Necesitamos que te dediques en exclusiva en una persona, Carrie —dijo Melania—. Tienes que enamorarle, volverle loco por ti y conseguir que se case contigo.

—Bueno, eso no será necesario si consigue convencerle antes —dijo Greg sonriendo a Carrie.

—¿A quién tengo que convencer y de qué?

Julieta miró a Rob. —Cielo, cuéntaselo todo y dile cómo es, todo lo que puedas. Necesita esa información.

—¿Cómo es?

—Gustos, como es de personalidad, todo eso.

—Nena, no le conozco personalmente, nunca he hablado con él.

—Pero has oído hablar de él.

—Empecemos por lo que ocurrió ayer por la noche, supongo que de ahí parte todo —dijo Carrie guiando la conversación—. Después me contaréis lo demás.

Cuando terminaron Carrie no había movido un gesto. Dejó la copa sobre la mesa y empezó a comer mientras todos la observaban.

Estaba masticando cuando Julieta dijo —¿Qué opinas?

Tragó. —Le conozco.

Todos separaron los labios de la impresión. —¿De veras? —preguntó Rob.

—No creo que yo os sirva, le van las morenas.

—¿Cuándo le has conocido?

—Uno de sus socios es asiduo.

—¿Asiduo a qué? —preguntó su suegra.

—A su club —dijo Rob a toda prisa—. Melania trabaja en un club de relaciones públicas

—Debe estar de bote en bote para verte por allí —dijo Greg.

—No me va nada mal —dijo con una sonrisa en los labios—. Pues eso, su socio me llevó a una fiesta que daba él. No me miró dos veces, no soy vuestra chica.

—Mierda —dijo Rob.

—No me lo creo —dijo Julieta—. Lo que pasa es que no quieres el trabajo.

Carrie suspiró dejando el tenedor. —Cielo, haría lo que fuera por ti, de veras, pero no va a funcionar.

—¿Por qué? Ni siquiera lo has intentado.

—Un millón —dijo Rob dejándola de piedra.

—¿Qué has dicho?

—Si consigues tu objetivo, te cases o no, te daremos un millón.

Carrie entrecerró los ojos. —Si consigo mi objetivo me daréis un cinco por ciento de todo y el dinero se ingresará en una cuenta de un paraíso fiscal a nombre de mi hijo.

—Hecho —dijo Rob.

—¿Por qué lo consideras tan difícil? —preguntó su cuñada intrigada.

Suspiró. —Es lo que en nuestra profesión llamamos un tiburón.

Le va ser él quien lleve la batuta. Elige a su presa, juega con ella y cuando se aburre la deshecha.

No tiene piedad, le vi actuar en aquella fiesta, me costará muchísimo que se fije en mí porque no soy una inocente descerebrada de clase alta, esas suelen ser sus víctimas.

—Joder con el tiburón —dijo Melania—. Menudo novio me habíais buscado.

Carrie la miró. —Tú serías perfecta, pero acabaría contigo antes de que te enteraras de lo que estaba pasando.

—Por eso tú has sido la elegida —dijo Rob—. Piensa que para él será más interesante la conquista. Tengo entendido que busca algo más serio.

Carrie sonrió maliciosa. —Así que he llegado en el momento justo.

—¿Ahora ves más posibilidades? —preguntó Julieta.

—Si lo que tu prometido dice es cierto, puede que tenga una oportunidad. Buscará algo opuesto a lo que ha tenido hasta ahora, está hastiado y defraudado, ahora quiere más y puede que pueda ofrecérselo.

—Inténtalo, es lo que tenemos, si no funciona y la historia que Melania cuente en la prensa no les ablanda, tendremos que llevarles a juicio con el escándalo que supondrá —dijo Rob.

Carrie se levantó. —Si me disculpáis, tengo que ir a teñirme el pelo, si hay suerte no me recordará de aquella noche.

—¿Te vas a teñir? —preguntó Stephanie escandalizada por su hermoso cabello rojizo.

Carrie se detuvo en seco. —Tienes razón, busca algo distinto, igual se ha aburrido de las morenas.

Me arriesgaré. —Se puso las gafas, pero no el pañuelo.

—Iré a los sitios que frecuenta siendo Carrie, si sabe ya que soy de vuestra familia puede que eso me ayude y se acerque.

No es de esos hombres que esperan acontecimientos y en este momento necesita información.

—Eso pensaba yo. —Julieta sonrió. —Suerte.

—Te llamaré.

Los McDugal se miraron y Melania dijo —Ahora la entrevista. Rob, ¿cómo lo hacemos?

—Lo primero que tenemos que hacer es que cuentes la misma historia una y otra vez hasta que tu cerebro crea que eso es lo que pasó de veras. Debes ser tan convincente que no quede absolutamente ninguna duda sobre lo que le ocurrió a tu madre.

Su hermana asintió decidida. —Estoy lista para empezar.

Para que no hubiera ninguna duda escribieron varias historias que su madre le contó.

Que tenía miedo de regresar porque sabía que la iban a detener, que su padre la maltrató desde que tenía uso de razón, que no debía dejar que ningún niño le pegara…

Todo a raíz de una historia que le pasó a Melania siendo niña en el parque.

Una historia real en la que acudió hasta la policía porque a su hermana le habían tirado una piedra que le dio en la cabeza y acabó en urgencias.

Como tenían esa historia de base, podían desarrollar lo siguiente a partir de ahí y justificar porque su madre habló con ellas de lo que había sufrido de niña.

—Yo al principio no entendía muy bien lo que me estaba diciendo, pero mi hermana que era más mayor lo entendía perfectamente y se puso a llorar. A partir de entonces Julieta nunca se separaba de mí en el parque.

Su cuñada que era quien le estaba haciendo las preguntas como si fuera la periodista sonrió. —Perfecta, con el punto justo de drama sin pasarse. Cuéntanos lo que te dijo tu madre.