El amor que mereces Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

—¿No te das cuenta? Si Hillary moría y no había un descendiente a la vista…

Se quedó sin aliento. —Los McDugal lo heredarían todo.

—Ayer dijeron que solo heredaríamos diez millones cuando nos corresponde una fortuna muchísimo mayor, hermana. Nos han tendido una trampa y no sé por dónde van a venir los tiros, pero intentarán jodernos vivas.

Sintió un nudo en la garganta. —No, tiene que haber un error, Rob no nos haría eso.

—¡Espabila! ¡Estamos hablando de cientos de millones de dólares! ¡Hay gente que mataría por mucho menos!

—Mamá…

—¡Mamá se quedó aquí por una razón! ¡Vivió escondida por una razón y no me creo que fuera porque no pudiera demostrar su inocencia!

¡Tenía miedo de algo y les vigilaba! ¡Por eso te llevó hasta aquella casa cuando eras niña!

¡Su casa! ¡La casa donde nació! Algo le impedía regresar y tenemos que descubrir lo que es antes de que acabemos como su madre, porque después de decir lo de los diez millones ya no me creo nada de lo que salga de la boca de Rob, ¡nos ha mentido desde el principio y él nos metió en la trampa de ayer!

¡Hermana, necesitamos un abogado especializado en herencias y lo necesitamos ya!

De repente la miró a los ojos. —Los papeles que trajo ayer.

Se levantó a toda prisa y corrió hacia el escritorio para sacarlos atropelladamente. Leyó las cláusulas lo más rápido que pudo y después de los primeros párrafos entrecerró los ojos. —Es un contrato prematrimonial.

—¿Qué dices?

Se lo arrebató de las manos mientras Julieta se llevaba la mano al pecho. —Quiere casarse conmigo.

—Pues menuda manera de pedirlo. —Melania se sentó en el sofá. —No lo entiendo, aquí pone que el patrimonio de cada uno queda como estaba en caso de divorcio. Ninguna de las dos partes puede tocar el dinero del otro.

—Tiene dinero de sobra, ¿para qué iba a querer el mío si es que me corresponde algo?

—En caso de que haya niños él cubriría todos los gastos.

—¿Habla de niños? —Sonrió. —Ya va entrando por el aro, qué mono.

Melania la miró asombrada. —¡Julieta espabila!

—¡Seguro que todo esto tiene explicación!

—¡Te digo que ocultan algo! ¿Por qué no nos dijeron de qué se acusaba a mamá desde el principio?

—Será porque es una noticia un poco fuerte para darla en un teatro.

—¿Y por qué nos dieron la noticia en el teatro pudiendo ir a su casa? ¡Son ricos, seguro que tienen una bien grande para que pudiéramos explayarnos todos a gusto!

—Estoy de acuerdo en que querían hacerlo público.

—Decidí que sería allí para que mi madre no montara el espectáculo con lloros y cosas así.

Se volvieron hacia Rob que suspiró cerrando la puerta.

—Ya no sé cómo decir lo de la cerradura, joder.

—La miró a los ojos. —Sabía que si había prensa no se excedería y no os agobiaría a preguntas porque durante la ópera no podríais hablar, así lo asimilaríais un poco y en la reunión posterior en mi casa ya habríais comprendido de donde provenís.

Pero Jason me convenció de que necesitabas descansar, que casi te habías desmayado y enterarte de lo de tu madre en ese momento iba a ser demasiado.

Nos ordenó que nos mantuviéramos callados por tu salud y todos lo aceptamos, por eso os traje a casa.

—No me lo creo —dijo Melania—. ¡Había prensa! ¡Tú querías que todo el mundo supiera quienes somos!

Rob apretó los labios y Julieta dio un paso hacia él. —¿Cielo?

—Sí, es cierto —dijo decepcionándola—. Me interesaba que la gente supiera quienes erais cuanto antes y la razón os la diré en casa, ya es hora de que tengamos esta maldita conversación. Nena, haced las maletas, tenemos que irnos, la prensa está fuera.

Muy preocupada susurró —No entendemos nada.

Se acercó a ella y la abrazó. —Os lo explicaré en casa, no tenía que haber dejado que Jason me convenciera para que descansaras esta noche, es obvio que casi ni has dormido dándole vueltas a este jodido asunto.

—Rob, ¿qué ocurre? —preguntó su hermana—. ¡Cuéntanoslo de una vez! En internet…

—No hagáis caso a lo que pone en internet, os lo explicaremos todo en cuanto lleguemos a casa. El abogado llegará a las once. —Se apartó y miró su reloj. —Tenéis una hora para preparar lo que necesitéis.

Melania apretó los labios. —Creo que debemos contratar a nuestro propio abogado.

Rob asintió. —Muy juicioso, y me parece muy bien, pero antes vais a escuchar el testamento del abuelo de mi madre y podréis juzgar vosotras mismas. Después podréis contratar a quien queráis, estáis en vuestro derecho.

Julieta se mordió el labio inferior. Fuera una trampa o no tenían que saber lo que estaba ocurriendo antes de dar cualquier paso en falso. —Melania, haz la maleta.

Vestida con una camiseta blanca y un vaquero desgastado subió los escalones protegida por Rob que intentaba apartar a los periodistas como podía para que pudieran pasar.

Jason al otro lado de la puerta cogió la mano de Melania para que pasara mientras escuchaban —¿Cómo se sienten al saber que su madre era una despiadada asesina?

Rob tiró de ella antes de que pudiera contestarle y cerró la puerta de un portazo. —¡Ni se te ocurra entrar al trapo, están aquí para provocarte!

—¡Pues ese lo ha conseguido!

—¿Hijo?

Julieta se volvió y allí estaba su supuesta familia esperando, incluso Greg, el padre de Rob que no dejaba de mirarlas fríamente demostrando que no las quería allí. —¿Pero a ti qué te pasa, tío?

Todos miraron a Greg que tenso dijo —No os quiero por aquí. Solo nos vais a dar problemas.

—Nena, no hagas caso a mi padre, está muy alterado con la situación.

—Situación que habéis provocado vosotros diciéndoselo a la prensa —dijo Melania mosqueadísima.

—Pasad al salón, por favor—dijo la hermana de Rob con una agradable sonrisa en los labios—. Por lo visto tenemos mucho que contarnos.

Julieta miró con rabia a Rob. —A ver si te explicas de una vez.

—Te aseguro que lo intentaré, preciosa. Pasa.

Caminó hacia el salón y cogió de la mano a su hermana que estaba esperándola. Todos se dieron cuenta del gesto y las observaron mientras se sentaban en el sofá de piel marrón. Stephanie se sentó ante ellas. —¿Queréis tomar algo?

Una criada entró con una bandeja llena de copas con algo que parecía limonada y la puso sobre la mesa de centro.

—Está bien así Lucy, cierra la puerta al salir —ordenó Rob demostrando que aquella era su casa.

—Toque la campanilla si me necesita, señor.

Él asintió y la chica salió cerrando las puertas. Julieta miró a todos uno por uno y se dio cuenta de que no estaba Betsy, algo raro si estaba allí Jason. —Muy bien, empezad.

Greg gruñó yendo hacia la ventana para mirar al exterior mientras Rob se sentaba al lado de su madre ante ellas. —Lo que os voy a contar no lo sabe nadie fuera de estas puertas. Ni siquiera lo sabe la policía ni nuestros abogados.

Las hermanas se tensaron y Julieta dijo —Continúa.

—Hace treinta y un años se inició una discusión en la casa de vuestros abuelos.

—¿Esta casa? Mamá nació aquí, ¿no es cierto?

—Sí, nació aquí, pero poco después de su nacimiento tuvieron que mudarse a un dúplex que teníamos en Central Park. Obviamente ese dúplex se vendió después de lo que ocurrió. Esta casa fue comprada por mi familia para cubrir las deudas de la familia de vuestra madre.

—Yo no quería que se la quedaran los acreedores, había sido la casa de mi abuelo, su legado, no podíamos perderla — dijo su madre rápidamente con lágrimas en los ojos—.

Así que mi marido me la compró a mí, pero nunca vine a vivir aquí, se la regalé a mi hijo hace dos años cuando cumplió los treinta años.

—No entiendo, ¿pero el viejo no había paralizado la herencia hasta que pasaran los cincuenta años?

—Nena, déjame continuar y enseguida hablaremos de la herencia.

Julieta asintió.

—Vale —dijo Melania—. ¿Qué más?

Rob continuó. —La discusión empezó en el dormitorio por un tema de deudas de juego y bajó hasta el salón donde vuestra madre estaba escuchando música con los cascos puestos. Eso lo sabemos por el servicio que lo declaró así.

—¿Y? —preguntó Julieta impaciente.

—Y su padre llegó, al verla allí sentada en el sofá sin hacerles caso y como estaba de espaldas le dio un golpe en la cabeza que le tiró los cascos al suelo mientras le gritaba que se largara de allí.

Julieta apretó los labios mientras continuaba.

—El golpe fue fuerte, de hecho casi la tira del sofá.

Su madre se puso como loca gritando que no le volviera a pegar y él dijo que siempre la defendía.

Al parecer Elizabeth se puso en pie y le empujó.

Su padre trastrabilló hacia atrás y pisó una de las botas de Elizabeth que estaban en el suelo al lado del sofá, lo que le hizo resbalar y caer al suelo.

Una de las doncellas declaró que se puso tan furioso que ella muerta de miedo salió corriendo hacia la cocina.

—¿Qué pasó después? —dijo Julieta.

—La golpeó con fuerza, de hecho le rompió la mandíbula.

Su madre se tiró sobre él y rompieron la mesa de centro.

Forcejearon y Elizabeth cogió el cuchillo de la bandeja del desayuno y se lo clavó.

Fue solo una vez y lo soltó, pero él gritó y con una fuerza sobre humana se le tiró encima.

Su madre temiendo que la matara sacó el cuchillo del cuerpo de su marido y se lo clavó tantas veces que ni las contó hasta que él al fin se desplomó en el suelo.

—Hillary le gritó que viniera a mi casa para que la ayudara —dijo Stephanie—. Yo llamé al padre de Jason y la atendió aquí sin saber que su madre se había quitado la vida.

Ambas separaron los labios de la impresión. —¿Entonces por qué acusan a mi madre? —preguntó asombrada—. Solo se defendió.

—El problema es que no hay testigos, el servicio al ver que la cosa se ponía fea se metió en la cocina y descubrieron los cadáveres al menos una hora después de la desaparición de tu madre.

Miró a Stephanie. —Sabíais que la culparían.