El amor que mereces Capítulo 7 #3
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Capítulo 7 #3

Se le cortó el aliento mirando a Rob que estaba hablando con Jason. —¿Su escudo?

—Ese broche solo lo llevan las esposas McDugal, Julieta.

Separó los labios de la impresión y su amiga le guiñó un ojo.

—Solo quiere demostrarle a su madre que vamos en serio —dijo sonrojada.

—Si te ha puesto eso, es que vais en serio.

—¿Eso crees?

—Les conozco desde siempre, te lo aseguro. —Cogió su muñeca y la acercó para decirle al oído. —Oigas lo que oigas esta noche o cualquier otro día, no olvides que te ha dado su escudo.

La miró sin entender, pero luego se dio cuenta de que igual su familia ya sabía algo de su vida y no les parecía bien su relación. Al fin y al cabo, eran de mundos distintos y puede que quisieran otra niña rica para Rob. Pues ella no iba a rendirse sin luchar.  —No me importa nada excepto él.

Betsy sonrió. —No lo olvides. No lo olvides nunca.

Los hombres se acercaron de nuevo y Jason le preguntó —¿Te duele la ingle?

No pensaba fastidiar la noche. —No, estoy bien.

—Jason déjala vivir —protestó su hermana—. Melania, ¿me acompañas al baño?

—Sí, claro.

—Nosotros vamos al palco, no quiero hacerles esperar —dijo Rob.

Jason observó como su hermana y Melania se alejaban. —Yo voy a saludar a un conocido.

Rob la miró de reojo antes de tirar de su mano. —Por aquí, nena.

—Todo está precioso —dijo ilusionada.

—Es aquí. —Se detuvo a un par de metros y le mostró una puerta.

Nerviosa hizo una mueca haciéndole sonreír.

Julieta tomó aire y entró para detenerse en seco al ver a una mujer parecidísima a las fotos que tenía de su madre cuando tenía veinte años.

Estaba hablando con una mujer y ambas se detuvieron en seco al verla.

La más mayor se llevó la mano al pecho de la impresión.

—Julieta, te presento a mi hermana Melissa McDugal y a tu prima segunda Stephanie Mcdugal, mi madre.

Con los ojos como platos volvió la vista hacia él. —¿Qué has dicho?

—La primera vez que te vi sentí que te conocía. Y así era, Julieta, porque compartimos la misma sangre. El verdadero nombre de tu madre cuando estaba soltera no era Carol Webber, era Elizabeth Melissa Rosebert.

Su supuesta suegra dio un paso hacia ella muy emocionada. —Ni sabíamos que habías nacido.

¿Qué estaba pasando allí? ¿Estaba en otra dimensión? Todo empezó a darle vueltas y Rob la cogió por la cintura antes de que se desplomara. Jason acudió en su ayuda. —Te dije que no era buena idea, joder. ¿Teníais que decírselo aquí?

—Sentadla, sentadla —dijo Melissa.

—Tenías que habérselo dicho desde el principio —dijo el médico agachándose ante ella y dándole palmaditas en la mejilla—. Julieta. Vamos, vuelve con nosotros.

Aún algo mareada abrió los ojos y dijo —¿Aún estoy soñando?

—No, niña —dijo su suegra emocionadísima—. Acabas de despertar de tu pesadilla para volver a la realidad. —Se agachó ante ella. —Una realidad muy distinta a la que estás acostumbrada. Bienvenida a tu vida, niña. A la vida que te arrebataron.

—¿Qué?

—Madre, no la agobies. —Rob se sentó a su lado y le dio la mano. —No pasa nada, nena.

—¿Qué dice esa mujer? ¿Qué está pasando?

Rob la miró a los ojos. —Tu madre se escapó de casa con dieciséis años, cielo.

Su padre le pegaba y no aguantó más. En algún momento conoció a tu padre y se casó, pero ella pertenecía a una familia bien, ¿entiendes?

La casa que fotografiaste es la casa donde vivo, pero también es la casa donde tu madre nació.

Cuando eras niña en algún momento te llevó hasta allí y te quedó ese recuerdo, por eso años más tarde regresaste a fotografiarla como si necesitaras ese recuerdo.

—¿La casa donde nació mi madre? Si nació en Illinois y vino a trabajar aquí cuando era una adolescente. Limpiaba casas para sobrevivir cuando murió mi padre.

Stephanie apretó los labios. —Pues no tenía por qué, la hubiéramos ayudado, hubiéramos hecho lo que fuera por ella, si nos hubiera dado una oportunidad...

—Nena, tu hermana y tú sois las herederas de su abuelo. A tu madre le correspondían como a la mía diez millones de dólares. Diez millones que aún están en un fideicomiso a la espera de la aparición de tu madre o de sus herederos.

—Diez… Ay madre… —Se levantó recuperando las fuerzas de golpe. —¡Ay, madre, que tengo pasta para aburrir!

Rob sonrió ignorando a los del palco de al lado que no les quitaban ojo. —Sí, nena, tienes pasta para aburrir.

Chilló de la alegría abrazándole, pero entonces se dio cuenta de algo. —Oye, lo de los primos segundos o terceros o lo que seamos es legal, ¿no?

—Si no lo fuera, ¿aceptarías la herencia reconociendo legalmente que tu madre es la Rosebert desaparecida?

Emocionada negó con la cabeza sorprendiéndole. —¿De veras?

—El dinero no lo es todo, Rob.

Él besó tiernamente sus labios y la abrazó mirando a su padre que muy tenso lo observaba todo. Rob la abrazó como si quisiera protegerla y el patriarca de los McDugal apretó los labios justo en el momento en el que entró Melania con Betsy. Su hermana frunció el ceño. —¿Ocurre algo?

Julieta se apartó para mirarla demostrando que estaba loca de contenta. —Ven, Rob tiene algo que contarte.