Capítulo 7 #2
—Nos están mirando todos los vecinos —dijo Rob por lo bajo.
—Tranquilo, ya te conocen, todo el mundo me pregunta por tu coche —dijo su hermana entrando en la limusina.
Julieta miró el coche preocupada. —Cielo, ¿no te has pasado un poco?
—No, esta noche es especial. —La besó en la sien y mientras subía como podía con aquel vestido le dijo al chófer —Al Met.
—Sí, señor McDugal.
Se sentó ante su hermana que no dejaba de mirarlo todo como si fuera una niña. —Mira Julieta, champán… —Leyó la etiqueta. —Y es francés.
Rob se sentó a su lado y la cogió de la cubitera. —Y vamos a abrirla ahora mismo.
—¡No! —exclamaron las dos a la vez apartándose todo lo que podían.
Él no entendía nada. —¿Qué pasa?
—Nos puedes manchar —dijo Julieta horrorizada—. Deja la botella en su sitio y sécate las manos. Esto es seda y se nota todo.
Él reprimió la risa. —Muy bien. —Dejó la botella en su sitio y cogió un pañuelo de una caja de tisúes que ella no había visto. —¿Contentas?
Ambas suspiraron del alivio. —Nena, ¿estás bien? Has perdido algo de color.
—Está cagada por conocer a tus padres —dijo Melania antes de tocar uno de los botones del techo y este se desplazó.
El aire de la noche entró en la limusina como un vendaval y ambas gritaron tocando todos los botones para que aquello se cerrara y no despeinarse más.
Cuando el techo se cerró Julieta siseó —Estate quieta, leche.
—Sí, sí…
Se pasó la mano por su cabello y se aseguró de que todo estaba bien.
—Estás preciosa y les encantarás. —Gruñó. —Igual demasiado.
—¿Eso crees? —preguntó encantada.
—Nena, ¿te has leído el contrato que te di con los vestidos?
Le fulminó con la mirada. —¿Crees que he tenido tiempo?
Él hizo una mueca. —He hecho unos ajustes.
—¿No me digas? —preguntó como si le importara un pito.
Rob puso los ojos en blanco mientras su hermana intentaba no reírse.
—Cuéntanos cuñado, ¿a quién vamos a conocer esta noche?
—Pues estarán mis padres, puede que esté mi hermana con su marido y Jason con Betsy, que son como de la familia. Su prometido no vendrá porque está de viaje de trabajo.
—Oh, qué ganas tengo de ver a Betsy.
—Va a estar mosqueadísima porque ha vuelto a dejarla tirada por otro viaje de trabajo —dijo Julieta—. Sois muy pesados con ese tema, ¿no?
—Nena, léete el contrato, las acompañantes no criticáis esas cosas.
—Yo no soy como las demás.
Mirándola a los ojos dijo muy serio —Lo sé, por eso te elegí.
Encantada cogió su brazo. —Gracias por esta noche.
—Sí, gracias —dijo Melania a toda prisa.
—Espero que la disfrutéis mucho.
Subió los escalones del Met con Rob del brazo y en lo alto de la escalinata estaba Betsy que les saludó con la mano.
Estaba preciosa con un vestido verde que resaltaba el color de sus ojos.
Jason llegó en ese momento impresionante con su smoking y Melania se sonrojó llegando hasta ellos, pero Julieta se dio cuenta de que estaba tenso. —¿Un mal día en el trabajo?
—Pésimo, he perdido dos pacientes.
—Vaya… —dijo Melania—. Lo siento.
Él cogió sus manos y las miró atentamente antes de darles la vuelta. —Una mejora espectacular.
—Y gracias a ti —dijo tímidamente.
—No fue nada. Tarde o temprano alguien habría dado con la clave. —Se puso su mano en el brazo como un caballero y dijo —¿Entramos? Creo que tus padres ya están dentro. Cuando estaba aparcando me pareció ver su coche ante la entrada.
—¿Ya llegado Mel?
—Estoy aquí —dijo su hermana confundida.
—Oh, perdona, ¿no te había dicho que mi hermana se llama Melissa? Solemos llamarla Mel.
—¿De veras? Menuda coincidencia. —Julieta sonrió.
—Pues no lo creeréis, pero valoraron llamarla Melania, a mi abuela le encantaba Lo que el viento se llevó.
Julieta frunció el entrecejo. —A la mía también, eso decía mi madre.
—A todo el mundo le encanta esa película —dijo Betsy.
¿Era cosa suya o desde que habían llegado al teatro sus amigos estaban muy raros? Betsy no la miraba a los ojos y no le había preguntado cómo estaba.
—¿Y tu chico, Betsy?
Gruñó haciéndoles reír. —Sí, es para matarle, se lo dije hace semanas. Un viaje de última hora dice, me da que me la está pegando.
—No empieces con tus paranoias —dijo Rob divertido—. Ya sabes cómo es, luego te compensa.
Betsy sonrió de oreja a oreja. —Y más le vale que siga haciéndolo.
El hall estaba lleno de gente y Rob la cogió de la mano.
—Ven por aquí, con tanta gente seguro que mis padres ya han subido al palco.
Mi padre tiene algo de claustrofobia y no puede estar en sitios así.
—Fueron hacia unas escaleras cubiertas con una moqueta roja y Julieta miró hacia atrás para asegurarse de que Melania les seguía.
Cuando llegaron arriba esperaron a Betsy que tuvo que saludar a unos amigos y desde arriba vio a toda aquella gente que no había dudado en ponerse lo mejor que tenían para esa noche. —Menudas joyas —dijo su hermana—. Si nos atracaran se forrarían.
Sin darse cuenta, llevó la mano al pecho asegurándose de que el broche seguía en su sitio. Betsy sonrió. —¿Sabes lo que es?
—Parece un escudo.
—Es el escudo de los McDugal.