El amor que mereces Capítulo 6
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Capítulo 6

Fueron hasta la puerta del bar y antes de entrar se pegaron a la pared para estirar el cuello y echar un vistacito sin que las viera Carrie.

Su prima estaba de espaldas y el hombre que tenía delante sentado en su silla de lo más relajado la observaba.

—¿Has visto que mirada de chulo? —dijo Melania con cara de querer arañar a alguien—. Ese va de sobradito.

—Sí que sobra, sí. —Vio en su mano la alianza y gruñó. —Casado.

—Mira que no dejar a su mujer por mi prima, que vale oro…

—¿Qué hacéis aquí?

Chillaron del susto y ambas se volvieron para encontrarse a Rob allí. Las hermanas se miraron de reojo, no podían decirle que Carrie estaba allí porque se cabrearía. —Te buscábamos —dijo Julieta atropelladamente.

—¿De veras?

Le cogió del brazo y dio dos pasos alejándose del bar. —Cielo, creo que tenemos que hablar.

Rob se detuvo en seco. —Esa frase nunca acaba bien. ¿Cómo sabíais que estaba aquí? Nena, ¿me has seguido?

—¿En qué, en mi caballo volador? Como eres un obseso del trabajo sabía que no te habías ido a casa. He mirado en internet cuáles son tus hoteles y hemos tenido suerte a la primera, ¿a que es genial?

Él hizo una mueca. —Podrías haberme llamado.

—Debes tenerlo apagado porque no lo cogías. Necesitaba encontrarte, no quería perder el tiempo. Como iba diciendo, tenemos que hablar del contrato. Lo he perdido.

—Te enviaré otra copia, ¿para eso querías hablar con…?

—Lo he roto.

Él se tensó mirándola fijamente. —Entiendo, no quieres continuar.

—Oh sí, pero… —Miró de reojo a su hermana que la animó con la cabeza. —Yo tengo necesidades.

—¿Perdona?

—Y si me pagas para tenerme en exclusiva… Tendrás que cubrirlas, es un extra, monín, que a mí no me vas a dejar así.

—¿Me estás hablando de sexo?

Parecía pasmado, pero ella lo pasó por alto. —Exacto.

—Vamos a ver si lo he entendido bien, porque me acompañes a mis reuniones y cenas yo tengo que pagarte. —Ambas asintieron vehementes. —Y aparte tengo que proporcionarte sexo.

—Claro, me quieres en exclusiva, no lo olvides.

—Porque tienes necesidades.

—Sí, empiezo a sentir un gustirrinín que quiero explorar mientras pueda. Mira que después del accidente, eso puede fallar en cualquier momento. Es como los coches, ¿sabes?

—Los coches.

—Sí, hombre. Cuando un coche tiene un accidente, aunque lo arregles y lo dejes como nuevo empieza a dar problemas enseguida. Ya está tocado y las averías pueden llegar en cualquier momento.

—Y es lo que temes que te pase a ti.

—Parece que empieza a funcionar de nuevo, no puedo desaprovechar los posibles orgasmos que pueda proporcionarme.

—Nosotras lo aprovechamos todo —dijo Melania haciendo que los dos la miraran. Se sonrojó—. ¿Me voy a tomar algo o me quedo?

—Os vais a casa, tu hermana está agotada. Os pediré un taxi.

Le miró con desconfianza. —¿Tú no estarás esperando a otra? ¿Qué haces aquí?

—Esa es la típica pregunta de novia que no me esperaba, porque pago para que no las hagas.

Gruñó porque era cierto. —Estoy fuera de mi horario laboral.

—Nena, a casa.

—Uy, uy, que me apetece un copazo. Melania…

Entró en el bar sin acordarse de su prima hasta que la vio y gimió por dentro porque debería empezar a controlar esos impulsos. Bueno, ya estaba allí, así que al lío.

—¿Esa no es tu prima? —preguntó Rob entre dientes—. ¿No estará trabajando?

—No, qué va. Es un amigo.

Se sentó en una mesa mientras su prima la miraba con los ojos como platos. Cuando vio lo asustada que estaba, supo perfectamente que ese era el tío. Julieta entrecerró los ojos mientras Rob de pie a su lado decía —Está trabajando.

—Que no…

—¿Entonces por qué no la has saludado?

—Ya la tengo muy vista. ¿Con quién has quedado? —Miró a su alrededor y solo había tres parejas más y una mujer morena con pinta de tener mucha pasta, que miraba a Rob como si estuviera sorprendida. —¿No será esa?

Rob miró hacia atrás y gruñó. —Es una reunión de negocios.

—¿Y yo no tengo que acudir a esta reunión de negocios?

—No, vuelve a casa.

Y para su asombro se largó en dirección a aquella mujer. Melania y su prima entrecerraron los ojos.

—Uy, este —dijo su hermana—. Te está echando un pulsito, Julieta.

—Eso ya lo veo. —Sin cortarse vio como le daba un beso en la mejilla antes de sentarse a su lado. Ella sonrió como una boba, pero esa sonrisa le sentó a Julieta como una patada en el estómago. —¿De qué coño se ríe?

Carrie se levantó y fue hasta ellas. —¿Qué hace?

—¿No lo ves? Ligar con otra ante mis narices.

Las tres le miraron fijamente y la chica se sonrojó acercándose para decirle algo al oído. Él hizo un gesto para que no le diera importancia y su acompañante sonrió comiéndoselo con los ojos. El tío que estaba con su prima se acercó a ellas guardando la cartera. —Carrie, nos vamos.

Julieta se tensó. —Eso ha sonado a orden.

—Julieta… —la advirtió su prima.

Le miró de arriba abajo sin cortarse, la verdad es que tenía planta y una cara que se la pisaba, jugando con su prima mientras su mujer le esperaba en casa. —No me gusta.

Carrie puso los ojos en blanco. —Eso ya lo sé.

—¿Y tengo que gustarte? —preguntó como si le importara un pito.

—Sí —respondieron las tres a la vez.

Parpadeó como si eso no se lo esperara. —¿Eres su madre o algo así?

—Para ti como si lo fuera, aunque creo que no me respetarías. Si no eres capaz de respetar a tu mujer…

Se tensó con evidencia, era obvio que eso había escocido. —Así que eres su protectora.

Carrie intentó interponerse. —Mi prima…

—Así que es tu prima. Julieta, ¿no es cierto?

—¿Le has hablado de mí?

Carrie gimió. —Por encima.

—Pues si tan protectora eres, bien podías haber ido de madre hace años cuando se metió en esto.

Sintió una rabia en su interior que hizo que le fulminara con la mirada.

—Julieta no. —Su prima la agarró del brazo para impedir que se levantara. —Tom, no tienes ni puta idea de lo que hablas, ellas no estaban en situación de ayudar a nadie. Espérame en el hall, ahora voy.

—¿Pero qué coño le pasa a esta tía? Desde que me ha visto no ha hecho más que atacarme. ¿Qué coño le has contado de nosotros?

—Nada, porque no hay nada entre nosotros.

—¡Exacto!

El dolor por su desprecio atravesó el rostro de Carrie y Melania le miró muy tensa. —Espérala en el hall o lárgate, pero hazlo antes de que nos cabrees más.

—Joder, me largo. Encima que pago. Esto me pasa por no buscarme una amante como los tíos que conozco, en lugar de pagar a niñatas que se creen putas de lujo.

Mel jadeó levantándose. —¿Que somos qué?

—¡No, Mel! —gritó Carrie sin poder detenerla, porque cogió la silla que tenía al lado para estampársela en la espalda, lanzándole sobre la mesa que Julieta tenía delante.

Esta se apartó por un pelo de que la pierna le diera en la cara y cuando cayó al suelo espatarrado, sonrió sin poder evitarlo. —Capullo, ¿te has hecho daño?

—Mel, ¿qué has hecho? —gritó Carrie. A toda prisa rodeó la mesa y le cogió del brazo—. Lo siento, cariño, pero están pasando un mal momento y…

—¡Te he dicho mil veces que no me llames cariño en público, joder!

—¿Qué pasa aquí?

Julieta gimió volviéndose hacia Rob y susurró —La desprecia, no la trata bien, lo he visto.

Rob se tensó mirando a Tom que en ese momento se levantaba estirándose la chaqueta de malas maneras antes de apartar las manos de Carrie de un manotazo que tuvo que hacerle daño.

—Te voy a… —Julieta iba a tirarse sobre él, pero Rob la cogió por la cintura deteniéndola. Justo en ese momento Tom le pegó un tortazo a Melania con tal fuerza que la tiró al suelo de espaldas antes de que nadie pudiera impedirlo y Julieta lo vio todo rojo. —¡Te voy a matar, cabrón!

—Nena, atiende a tu hermana —dijo Rob en un tono que hizo que le mirara. Su rostro parecía transformado en una máscara de furia y Julieta impresionada dio un paso atrás mientras Rob se quitaba la chaqueta del traje de malos modos—. Te voy a enseñar cómo se trata a las damas.

—¿Damas? No me hagas reír.

Carrie horrorizada por lo que estaba pasando dio un paso atrás y algo en su interior le hizo decir —¡Machácale, Rob, nadie maltrata a mi familia!

Tom la miró con tal sorpresa en su rostro que no vio llegar el primer puñetazo que le lanzó contra la mesa que tenía detrás, la partió en dos y cuando cayó al suelo se llevó la mano a la espalda quejándose de dolor.

Julieta sonrió. —¡Nene, dale!

Rob le cogió por la corbata levantándole y le dio dos puñetazos que le rompieron la nariz. —¡No se trata mal a las mujeres, joder! —Le arreó otro golpe que le partió una ceja. —¡A ver cómo le explicas esto a tu mujer, porque yo acabaré en comisaría, pero tú te vas al hospital!

Julieta perdió la sonrisa de golpe y al ver que estaba fuera de sí gritó a los que miraban —¡Detenedle, que van a terminar enchironando a vuestro jefe!

Dos camareros corrieron hacia él y le agarraron de los brazos. —¡Soltadme, joder! —gritó intentando soltarse.

—¡Rob para! ¡Para, por favor!

Él la miró a los ojos y al ver que estaba asustada tomó aire intentando calmarse. Miró a su alrededor y vio que había un montón de gente, sobre todo empleados que no disimulaban su sorpresa por lo que estaba pasando. —¡Sacad a esta mierda de mi hotel! ¡Ya!

Los de seguridad agarraron a Tom de los brazos y le arrastraron por el suelo de mármol. Julieta se acercó a Rob que no dejaba de observar al amante de su prima y le abrazó por la cintura pegando la mejilla a su pecho. Sintió que su corazón iba a mil por hora. —¿Estás bien?

Él no dijo palabra solamente la abrazó y lo hizo con una delicadeza que parecía que temía hacerle daño. Mel y Carrie vieron que la rodeaba con sus brazos como si intentara protegerla, lo que las emocionó. —Nene, dime que estás bien.

Rob sonrió apartándose y se miraron a los ojos. —Sí, preciosa, estoy bien.

—Le has machacado, cuñado.

—¿Cuñado?

Todos miraron a la tía que estaba sentada con él minutos antes. —¿Estás casado?

—¿Pero esta qué hace aquí todavía? —preguntó Julieta—. ¿No ves que sobras?

—¿Ya no nos vamos a París? ¡Me he comprado las maletas, capullo!

Asombrada miró a Rob que carraspeó. —Nena, puedo explicarlo.

—Pues ya puede ser bueno —dijo dando un paso atrás.

—La conocí antes que a ti.