El amor que mereces Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Abrió los ojos y parpadeó porque frente a ella estaba su prima con un vestido de noche negro que dejaba a cualquiera con la boca abierta. —¿De dónde vienes?

—Tengo una cita en media hora, por eso me iba. He venido a verte y Mel me ha contado las novedades. —Levantó una ceja. —¿En serio? ¿Ahora eres acompañante? Eso es más difícil aún que ser puta.

—¿No me digas? Pues no me va nada mal. —Levantó la barbilla. —Mañana voy al teatro.

—Prima, no te enamores de él —dijo preocupada.

—Llegas tarde.

—Mierda. Te va a dejar tirada cuando ya no te necesite. Para él eres algo que puede comprar y deshacerse de ti cuando le convenga.

—Le gusto, lo sé.

—¿Y entonces por qué no te ha pedido una cita como las personas normales?

—Pues no lo sé, pero es evidente que le gusto. Le acabo de hacer perder miles de dólares y mañana vamos al teatro, eso es por algo.

Su prima se la quedó mirando durante varios segundos y eso la puso nerviosa. —No me digas lo que ya sé, apóyame en esto.

—Te apoyaré en todo, pero mi deber es advertirte que no saldrá bien, cielo. —La cogió de las manos. —Un hombre como ese no tiene problemas para tener a la mujer que desee, si a ti te paga es porque no quiere ningún compromiso.

—Hablas por experiencia, ¿verdad?

—No es lo mismo, si lo tuyo es complicado lo mío es imposible.

—Cuéntamelo.

Apretó los labios. —Desde hace un año tengo una relación con un hombre que jamás dejaría a su familia por mí.

Cometí un error que aún estoy pagando. Lo sabía desde el principio, ese hombre no era para mí, pero a su lado siento algo parecido a lo que sentía por Jimmy y no puedo renunciar a eso.

Es muy duro, pero es la realidad, ese hombre se avergonzará de mí siempre, nunca sabrá si he estado con el hombre que tiene en frente y es algo que nunca superará.

Y yo… Yo anhelo cada minuto lo que siento a su lado porque lo echaba de menos, lo echaba mucho de menos.

Es frustrante para ambos porque no podemos estar juntos ni separados y a veces puede ser cruel como puedo llegar a serlo yo, es complicado.

—¿Le cobras?

—Es extraño, pero sí, siento que es una manera de castigarle por sus desprecios, no soy suficiente para él, pero paga por mí —dijo irónica—. Le cobro más que a nadie, pero es como una droga, dependemos el uno del otro, él tampoco puede dejar de verme.

—Lo siento mucho, no te lo mereces. Eres fantástica y si él no lucha por ti es que es un cobarde. Deberías dejar de verle, su comportamiento te hace daño.

—¿Harías tú lo mismo con Rob? ¿Le dejarías?

Sus ojos se llenaron de lágrimas de la frustración. —Soy una estúpida, ¿verdad?

—Estás enamorada, pero…

—Le necesito, siento que le necesito más que respirar, ayúdame a conquistarle, ayúdame.

—¿Que te ayude?

—Haré lo que sea.

Carrie expresó su confusión en su bello rostro. —Julieta, yo no lo he conseguido.

—Lo sé, pero ese hombre con el que estás depende de ti, tú lo has dicho —dijo ansiosa—.

Necesito que dependa de mí como yo de él, para que no me deje si meto la pata como estoy haciendo hasta ahora.

No puedo perderle y te juro que en este momento me da igual que me pague el resto de mi vida, con tal de estar con él, aunque sea unos minutos al día.

¿Qué tengo que hacer para meterme en su sangre?

Carrie sonrió maliciosa. —Si quieres conquistar a un hombre y que no te quite la vista de encima tienes que empezar con el sexo, querida. Vuélvele loco en la cama y tendrás al menos tres meses para conquistar su corazón.

—¿Solo tres meses?

—Tengo comprobado que los hombres que me contratan, en tres meses empiezan a perder el interés y no tardan en buscarse a otras. Después vuelven, claro, pero ya no es lo mismo. Durante esos tres primeros meses me llaman a mí casi exclusivamente y después…

—Mierda. Tres meses para conquistarle. —Se mordió el labio inferior pensando en ello. —Pero si la cago en la primera sesión de sexo se acabó.

—Rotundamente sí. Si en la cama no rindo desde el principio, a mí no me llaman más. Una vez tenía un dolor de cabeza terrible y me quedé allí como una momia, no llamó más. ¿Lo pillas?

—Sí.

—Tienes que averiguar lo que le gusta en la cama, pero para eso aún falta mucho. Debes empezar por la primera fase y cuando haya cama tampoco la olvides.

—¿Qué primera fase?

La miró muy seria. —La seducción, cielo. Tienes que aprender a tentarle para mantener su atención. Y debes empezar a seducirle cuanto antes sino, ¿cómo vas a meterle en tu cama? Además, tú lo tienes más difícil, porque se resistirá a convertirse en tu amante. Es evidente que no quiere nada de sexo.

—¿Por qué dices eso?

—Según me ha dicho Melania, has firmado que nada de sexo.

Rio. —Qué va. ¿Cómo voy a firmar eso? —Rio de nuevo. —Lo habrá leído mal.

—¡No te has leído el contrato!

Parpadeó. —Ay madre… —Corrió escaleras arriba con aquellos tacones y doliéndole todo, pero cuando llegó sin aliento abrió la puerta y corrió hasta el pequeño escritorio del salón para abrir el cajoncito y sacar los papeles que le habían enviado esa tarde.

Pasó la primera hoja casi como una exhalación y cuando llegó a la séptima cláusula chilló del susto antes de mirar a su prima con los ojos como platos—.

Mierda. ¿Pero cómo pone esto en el contrato?

—¿Será que te veía venir?

—Uy, este…Tendrá mala leche. Esto es por lo que dijo Melania de que estaba enamorada.

Su hermana salió de la cocina con un envase de helado. —¿Qué pasa?

—He firmado que nada de sexo, ¿cómo no me avisas?

—Pero si yo no lo leí antes de que firmaras, ¿cómo te voy a avisar?

—Tienes razón, culpa mía, aún estoy a tiempo de remediarlo. —Rompió el contrato en dos y en cuatro. —Hala, ya está, no hay contrato.

—Él tendrá la copia —dijo su prima con ironía.

—¡Deja de ser tan negativa!

—Tienes que conseguir que sea él quien quiera llegar a la cama y para eso hay que seducirle. —Carrie miró su carísimo reloj de pulsera y juró por lo bajo. —Mierda, llego tardísimo.

—¿No será él? Por cierto, ¿cómo se llama? —preguntó con mala leche.

—Ni de coña te lo digo, que todavía recuerdo lo que le hiciste a Jimmy cuando me dejó preñada.

—Pobrecito —dijo arrepentida—. Era muy buen chico, y el diente le quedó muy bien después de visitar al dentista, casi no se le notaba que se lo rompí.

—Os llamo mañana —dijo saliendo del piso.

—¿En qué trabaja?

Melania no entendía nada, pero en silencio siguió a su hermana hasta la puerta sin perder detalle.

—No te importa —dijo su prima ya en la escalera.

—¡Te quiero, ten cuidado!

—¡Os quiero! ¡Cuidaos! ¡Y no seas tan obvia, es evidente que quiere dejarte las cosas claras!

Gruñó cerrando la puerta y miró a su hermana a los ojos. —¿Te dijo a qué hotel iba?

—Al Golden York. Pidió el Uber delante de mí.

—Coge el bolso, vamos a echar un vistacito al cliente de Carrie.

Melania corrió hacia su habitación. —¿Llevo el bate?

—No, si necesitamos algo lo agarraremos por allí.