Capítulo 4 #2
Divertido metió la mano en el interior de su chaqueta y sacó un sobre. Se lo arrebató a toda prisa. —Veo que estás impaciente…
—Me muero por saber qué pone.
—Sí que estás aburrida. —Se levantó y fue hasta la ventana. —¿Qué es ese olor?
—Curri. Mi vecina de abajo está haciendo la cena —dijo por lo bajo sin dejar de leer.
—Odio el curri. Esos olores de especias siempre me han revuelto el estómago.
—Lo tendré en cuenta —dijo distraída.
Melania salió en ese momento. —Cuñado, ¿te quedas a cenar?
—¿Cuñado?
—No sé cómo llamarte.
—Llámame Rob. —Miró su carísimo reloj de pulsera. —Tengo que irme, llego tarde a un compromiso.
—¿No esperas por los papeles?
—Nena, dice que no cuentes nada y ya está.
Gruñó alargando la mano y él levantó una ceja. —Dame el boli de oro que tienes en algún sitio.
—¿Cómo sabes que lo tengo?
—Todos los ejecutivos pijos lo llevan en las pelis.
Él gruñó metiendo la mano en el bolsillo. Por lo visto ahí cabía de todo. —Fue un regalo de mi padre, me lo hizo cuando empecé a trabajar. —Le mostró un bolígrafo con capuchón de oro.
—Los ricos sois muy predecibles —dijo cogiéndolo. Tiró del capuchón y escucharon un crujido. Le miró con los ojos como platos—. No me digas que es de rosca.
—Es una pluma Montblanc de edición limitada —dijo entre dientes—. ¿Tú qué crees?
—¿Qué clase de respuesta es esa?
—¡Sí, nena! ¡Es de rosca!
—Uy… —Sacó el capuchón y cayó un semicírculo —Qué delicada…
—Sí, lo era. Firma de una vez.
Ella lo hizo a toda prisa no fuera a ser que se arrepintiera de haberla escogido. —Pinta muy bien. —Metió el capuchón con delicadeza y giró, pero aquello ya no cerraba. —¿Le pongo un poco de celo?
—Déjalo —dijo con ganas de pegar cuatro gritos.
—¿Seguro que no quieres que te acompañe a la cena? ¿Va la de Kandinsky? Porque ya me lo sé todo.
—No, no va la de Kandinsky. —Cogió los papeles. —Te enviarán una copia por correo.
—Piensas en todo. Ahora dame un besito para que se te pase el enfado.
La miró como si le hubieran salido cuernos. —Jo, si me miras así cuando estemos con esos pijos, no se van a creer que somos pareja, es para practicar.
Él gruñó como si le estuvieran sacando una muela y se agachó para darle un pico que apenas le supo a nada. No pudo evitar mirarle decepcionada. —Si besas así a todos tus ligues no me extraña que no tengas pareja para ir a esas aburridas reuniones. No compensa.
—A ti te compensará.
Chasqueó la lengua mientras él iba hacia la puerta, pero de repente se detuvo. —¿Necesitas dinero?
Sonrió. —No, gracias.
—Pues arregla la puerta.
—Vale…
—No, vale no, arréglala mañana mismo.
—Vale.
Gruñó de nuevo antes de salir y Julieta miró a su hermana que intentaba retener la risa. —La cara que puso cuando la rompiste.
Hizo una mueca. —¿Cuánto costará arreglarla?
—Una pasta, eso seguro.
—Mierda. —Pensó en ello unos segundos. Ahora tenía trabajo y su hermana ya no necesitaba el tratamiento. —Tengo algo ahorrado, podría comprar una, aunque no sea tan cara.
—Vamos a mirar en internet.
Emocionada porque Jason ya le había quitado los puntos, en cuanto se fue entró en el baño tan aprisa como podía para coger un espejito y mirarse la herida.
Cogió el espejo que tenía sobre el lavabo y se quitó las braguitas que llevaba bajo el camisón.
Abrió las piernas y susurró —Que no haya quedado horrible, que no haya quedado horrible…
—Movió el espejo entre sus piernas para ver la imagen y entrecerró los ojos porque no es que se lo hubiera mirado mucho antes, pero no le parecía que tuviera ese aspecto.
¿Estaba aún inflamado? Dios, la cicatriz ponía los pelos de punta porque sí que había quedado muy cerca del agujerito por donde orinaba.
Movió el espejo para seguir la cicatriz con la mirada.
—¿Qué haces?
Chilló del susto sobresaltándose y al ver a Rob en la puerta chilló de nuevo horrorizada porque la hubiera visto hacer algo así. —¡Cierra la puerta!
—Has sido tú quien la ha dejado abierta —dijo sin hacerle ni caso.
—¡Porque creía que estaba sola!
—¿Dónde están los demás?
—Melania ha ido a hacer la compra y ha bajado con Jason que me acaba de quitar los puntos. Mi enfermera ya trata a otra paciente en la otra punta de la ciudad, así que no, ¡no he cerrado la puerta porque estaba sola!
Él miró hacia sus piernas al descubierto. —¿Y cómo está?
—¡Largo de aquí!
—Nena, no es el primero que he visto. —Se acercó a ella y se agachó. —Abre las piernas.
Aquello era surrealista. Surrealista, pero ya que lo pensaba ella era tonta. ¿Acaso no quería conquistarle? Sonrojada dijo —Está hinchado.
—Lógico. Venga, abre las piernas.
—No sé… ¿Por qué quieres verlo? Si no te interesa nada para el sexo.
—Es curiosidad. Me gustaría saber dónde te cortaste exactamente.
Se mordió él labio inferior y separó las rodillas lentamente. —¿Está horrible?
Él bajó la vista poco a poco y separó los labios de la impresión.
—Hostia, nena. Creía que había sido mucho menos.
—Sin cortarse le abrió más las piernas y se agachó para mirar.
A Julieta le dio un vuelco al corazón cuando se acercó más.
—Podría haber sido muy grave. ¿Sientes todo?
Cuando a las mujeres les practican la ablación dejan de sentir placer.
—¿Que si siento? —dijo conteniendo la respiración porque se estaba excitando muchísimo—. No sé… —Se moría por decirle que la tocara a ver si sentía, pero tampoco quería ser muy descarada. Se mordió el labio inferior.
—Deberíamos comprobarlo —dijo él.
¿Tenía la voz ronca? Ella le miró y sus ojos se encontraron.
—¿No crees, nena?
—No sé, ¿no será un poco pronto? —¿Había soltado un gallito? Dios, qué vergüenza.
Rob le miró el sexo y frunció el ceño como si estuviera muy concentrado en lo que ella había dicho. —Tendrás que preguntárselo a Jason.
—Sí, sí, ¿por qué no se lo preguntas tú? ¿Tienes el móvil ahí?
—¿Ahora?
—Claro, para no perder el tiempo.
—¿Cuando él te tocó para quitarte los puntos sentiste algo?
—Estaba algo tensa, como comprenderás.
—Claro.
—Vamos, llama.
—¿No te ha dicho nada del sexo?
—Te aseguro que en aquel momento no pensaba en el sexo en absoluto. ¿Quieres llamarle de una vez? —preguntó alterándose de la frustración.
—¿Y ahora estás pensando en el sexo? —Sonrió incorporándose. —Bien —dijo como si nada—. Eso es buena señal.
Salió del baño dejando la puerta entornada y Julieta frunció el ceño. —¿Eso significa que tengo que llamar yo?
—Mañana tenemos una cena —dijo desde el salón—. Haré que te envíen algo.
Ilusionada se puso de pie de golpe. —¿Mañana? —No le contestó y salió del baño a toda prisa estirando el cuello para ver si estaba en el salón. —¿Rob?
Cuando llegó al salón no estaba y fue hasta la cocina.
—¿Te has largado? —Nada, no había respuesta.
Jadeó indignada. —¿Y mi beso? —Gruñó. —Que novio de pega más despreocupado, ya le pondré yo las pilas, ya…
—Fue hacia la nevera y sacó un zumo loca de contenta porque la noche siguiente pasaría un ratito con él.
Sonrió de oreja a oreja antes de beber de la pajita. —Será una noche inolvidable.