Capítulo 4
Pasó la hoja y al escuchar cómo se reían esas brujas gruñó de nuevo. —Muy graciosas.
—Es que este meme que han hecho de tu video es para partirse. ¿Por qué no lo miras? —preguntó su hermana.
—¿Para morirme de la vergüenza? No, gracias.
—Vas a ser la de la bicicleta de por vida. —Betsy se levantó del sofá y se acercó a ella con un vaso de zumo de piña. —¿Cómoda con el flotador?
Sonrió cogiendo el vaso. —Mucho más cómoda, gracias.
—¿A que ya no te parezco tan bruja?
—Eso pregúntamelo después, cuando vuelvas a curarme.
Betsy se alejó hacia la cocina y su hermana se acercó. —¿Crees que lo del video molestará a Rob?
No podía negar que ese tema le preocupaba y bastante porque durante todo el día no había dejado de salir su video y otros muchos editados como memes en internet.
Al parecer era el chiste del momento y ante la galería Rob no querría tener una novia que fuera el hazmerreír de medio país.
Mierda de móviles, siempre dando por saco. —No sé…
Melania apretó los labios por la preocupación de su rostro. —Seguro que no le importa. Estoy convencida de que ya había visto algún video cuando vino esta mañana.
Más le valía porque sino no sabía lo que iba a hacer y no pensaba solo en el trabajo que le había propuesto.
Estaban jugando al parchís una semana después y cuando Melania movió una de las fichas, Julieta sonrió porque sus manos estaban mucho mejor.
Había dado positivo en la prueba del látex y ya no se acercaba a los guantes.
Entonces se dio cuenta de algo y miró de reojo a su enfermera que estaba hablando por teléfono con su prometido. —Mel…
—¿Sí? —preguntó distraída antes de tirar el dado.
—Con Peter tú lo hiciste, ¿no? Fue tu novio casi dos años.
Su hermana la miró sorprendida y después se sonrojó con fuerza. —Pues…
Uy, que cara de culpable. —No me lo puedo creer, ¿lo hiciste sin protección con todo lo que hablamos sobre los embarazos?
—¿Para qué recuerdas eso? Fue hace dos años.
—¡Será porque me parece muy importante! ¿Lo hiciste o no?
—Por ahí no.
Parpadeó. —¿Cómo que por ahí no?
—Te dejo, que tengo una emergencia —dijo Betsy colgando a su novio de repente—. La leche, esta lo hizo por detrás.
Julieta la miró asombrada. —¿De veras?
Como un tomate siseó —No os importa.
—Claro que me importa.
—Muchos jóvenes lo hacen por detrás para que la novia no se preñe. —Betsy se sentó al lado de Melania. —Mala idea, hay enfermedades venéreas, ¿sabes?
—¡Y puedes coger el sida! —exclamó Julieta.
Melania la miró como si fuera idiota. —¡Era con Peter!
—Eso da igual, muchos son infieles, ¿sabes? —Betsy entrecerró los ojos. —Yo nunca lo he hecho por ahí.
—Ni yo. Aunque yo lo he hecho muy poco, la verdad.
Perdí la virginidad con dieciocho y casi ni me enteré.
Después del idiota de Harry salí con dos durante unos meses, pero o no se esforzaban lo suficiente o yo no estaba motivada, así que como para que me pidieran hacerlo por ahí. —Se acercó a su hermana. —¿Qué tal?
—Fatal, ¿por qué crees que le dejé?
—A muchas les gusta —dijo Betsy.
—Uy, pues a mí no. Me hacía daño, pero insistía tanto…
—Igual no sabía lo que hacía. Michael lo está deseando, es como una fijación, pero lo lleva claro. —Betsy cogió su bote de refresco y bebió un buen trago. —Nada de retaguardia, que ya me esfuerzo mucho para que lo pase bien con lo demás.
—Así que te esfuerzas —dijo Julieta frunciendo el ceño—. Igual es en lo que fallaba yo, que no me esforzaba nada.
—Eso es porque no estabas motivada. Ya verás cuando tengas uno que te altere la sangre con solo mirarte, te dejas hasta los higadillos para que se lo pase bien y no se le ocurra siquiera mirar a otra. —Bufó dejando el móvil sobre la mesa de centro.
—¿Problemas?
—Está de lo más pesado para que pongamos la fecha de la boda.
—¿Y tú no quieres? —preguntó Melania—. Creía que le querías.
—Y le quiero muchísimo, pero… Sé lo que viene después.
Las hermanas se miraron. —¿Después? —Julieta no entendía nada. —La luna de miel.
—Y los hijos.
—¿No quieres tener hijos? —Melania no salía de su asombro. —Pero cuando uno se casa es para eso, ¿no? A mí me encantaría tener un montón de niños, siempre me han gustado.
Julieta vio que apartaba la mirada como si estuviera avergonzada. —No todos somos iguales, Melania.
—No es que no me gusten los niños, me gustan, pero los de otros para un rato.
Quiero muchísimo a mi prometido, ¿pero niños?
¿Por qué es casi obligatorio? Parece que si no quieres tener hijos, la gente te juzga como si tuvieras en la frente la letra escarlata.
Cuando tenía veinte años estábamos en una barbacoa y mi tía comentó que yo tendría unos niños preciosos.
Yo le dije que no iba a tener hijos, se hizo un silencio como si hubiera pasado un ángel y después mi madre forzó una sonrisa para decir a todos, eso es lo que piensa ahora que es joven y solo quiere divertirse, ya veréis cuando encuentre al amor de su vida.
Pues bien, lo he encontrado y él quiere tener hijos y yo no.
—Se cruzó de brazos negando con la cabeza. —Esto va a acabar con mi relación.
—No digas eso —dijo Julieta—. Cada pareja es distinta, seguro que él lo entiende.
—¿Nunca se lo has comentado a él?
—Claro que sí, le he insinuado mil veces que no me apetecía ser madre, pero cuando algo no le conviene, desvía el tema muy hábilmente.
—Cree que vas a cambiar de opinión. —Julieta apretó los labios. —Él no lo acepta y tú no quieres, estás en un problema.
—Lo sé, por eso no pongo la fecha de la boda. Quiero que cuando diga sí quiero sepa que en esta familia no va a ver más de dos personas.
Melania chasqueó la lengua. —Le invitas a cenar con ropa sexy y después de darle la mala noticia, dejas que te la meta por detrás para que se le pase el disgusto, te aseguro que va a estar tan contento que se le olvidarán los niños.
Alguien carraspeó y las tres se volvieron hacia Rob que estaba en la entrada con la puerta abierta. —Deberíais arreglar la cerradura. —Cerró. —Y si quieres el consejo de un hombre, si te quiere de veras aceptará que no quieres hijos.
—¿Eso crees? —preguntó Betsy indecisa.
—Pondrá en una balanza lo que siente por ti y esos hijos que aún no ha tenido, si te quiere ganarás tú, te lo aseguro.
Y sobre el sexo anal… —Hizo una mueca. —Está sobrevalorado.
No hay nada como hacerlo de manera tradicional, alargando el placer de tu pareja hasta que se vuelva loca. A mí no hay nada que me excite más.
Ay, que se le estremecieron hasta las pestañas del gusto. —¿De veras? —preguntó casi sin aliento mientras las demás suspiraban.
—De veras. —La miró a los ojos deteniéndole el corazón. —Ha pasado una semana.
—Ya.
—¿Estás mejor?
—Bueno…
Él chasqueó la lengua antes de mirar a Betsy. —Hemos evitado las infecciones y ya queda menos para que se le quiten los puntos. Pero ya le duele mucho menos.
—Sí, me duele menos, así que si quieres…
—No quiero nada.
Hala, toma corte.
—Excepto una cerveza, ¿tenéis?
Julieta abrió la boca para contestar, pero él ya iba camino de la pequeña cocina. —Hostia, ¿esto es asado? Huele de maravilla.
Se sonrojó de gusto.
Melania gritó —¡Lo ha hecho mi hermana! ¡Es una cocinera de primera!
—Sí, yo ya he engordado dos kilos. —Betsy cogió una galleta. —Entre ella y Melania que hace los mejores postres de la ciudad, no voy a encontrar vestido de novia.
Rob salió de la cocina con una cerveza en la mano y se acercó a ella. —¿Puedes cocinar?
—Bastante tengo con no salir de casa, en algo tengo que entretenerme.
Su hermana y Besty la miraron levantando una ceja. —¡Dejar de quejaros, había que limpiar la casa a fondo! —Se volvió hacia Rob rogándole con la mirada. —Dime que…
—No.
—Mierda.
—Tendrás que esperar. —Dio un sorbo y se sentó a su lado. —¿Os da mucho la lata, chicas?
—No lo sabes bien —dijo Betsy levantándose—. Bueno, yo me largo.
—¿No te quedas a cenar? —preguntó Melania algo decepcionada.
—¿Y que mi prometido crea que sigo enfadada porque no le he visto en casi toda la semana por culpa de ese congreso de medicina en las Vegas? —Cogió su bolso y sonrió radiante. —Además, seguro que me ha traído un regalito.
—Además, tenéis que hablar.
—Bueno, eso ya lo veremos. Hablaré con él según como vaya yendo la noche.
—Cua, cuacua, cua… —dijo Rob divertido.
—¿Me estás llamando gallina? —Levantó la barbilla ofendida. —¡Muy bien, hablaré con él!
Rob rio por lo bajo antes de beber mientras su enfermera salía del piso. —No cambiará nunca. Llámala gallina y puedes hacer lo que quieras con ella.
Le miró sorprendida. —¿La conoces mucho?
—Nuestros padres son amigos de toda la vida, ¿no te lo ha contado?
—No, no hemos hablado mucho de ti. Por lo del contrato y eso.
Su hermana carraspeó levantándose. —Me voy a la cocina.
Rob elevó una ceja. —Veo que se lo has contado. ¿Sabes que es la confidencialidad?
—Fue la fiebre —dijo atropelladamente.
—Ah, ¿has tenido fiebre? Tu enfermera no me ha contado nada y te aseguro que si hubiera habido infección me informaría.
Se sonrojó. —Ella ya se había ido a casa, me subió de repente.
Sonrió. —Mientes fatal.
Hizo una mueca con pesar. —Sí, siempre me pillan. —Miró hacia la cocina. —Tranquilo, que mi hermana no dirá nada. —Cambia de tema, cambia de tema. —¿Qué tal la vida fuera de este piso?
—Ocupada.
Él bebió de nuevo como si ya hubiera acabado su respuesta y Julieta bufó —¡Venga ya, cuéntame algo!
—Las obras del nuevo hotel me traen de cabeza. No hay mano de obra para…
Julieta bostezó exageradamente y Rob rio por lo bajo. —Muy bien, ¿qué quieres que te cuente?
—¿Has ido a algún sitio interesante en estos días? —Sus preciosos ojos brillaron. —¿Al teatro o a alguna fiesta? ¿Qué viste? Y sobre todo, ¿con quién fuiste?
—Asistí a dos cenas de trabajo y fui solo porque mi acompañante camina como un pato, según tengo entendido.
—Ja, ja. —Puso mala cara. —Me parece que este trabajo va a ser de lo más aburrido si solo voy a ir a cenas para escuchar que los obreros no cumplen los plazos.
—Si quieres me busco a otra.
Se echó a reír. —Más quisieras. ¿Has traído los papeles?