Capítulo 2 #3
—¡Eso te lo ha hecho alguien! —Pálida sacó el móvil del bolsillo trasero del pantalón. —¡Vamos a llamar a la policía!
—No, no, me han atropellado.
—¡Entre las piernas! ¡Tú me estás ocultando cosas! —Señaló a Rob con el móvil. —¿No habrá sido este? Espera, que voy a por el bate de béisbol y el cuchillo de carnicero.
—Eh, eh… —dijo Rob—. Te aseguro que yo no le he tocado un pelo.
—¡Y yo me lo creo! ¡Tú eres un cliente!
—Iba a serlo, pero me atropellaron cuando me subía a su coche.
—¿Qué?
—Una bici y me clavé el enganche de la luz en…
Melania dejó caer la mandíbula del asombro. —Estás de coña.
—La coña es que me grabó un montón de gente con la bici entre las piernas.
—Dios mío, ¿tú eres la de la bici?
Entró en pánico. —¿Lo has visto?
—No, pero Judy me ha enviado un mensaje que decía que tenía que verlo.
—Qué graciosa Judy, espera que la pille.
—¿Estás bien? ¿Ha sido mucho?
—Nueve puntos.
—Ay…
—Sí, eso lo voy a decir mucho próximamente.
Entonces su hermana palideció. —Tu trabajo, te echarán.
—Eso me temo. Pero tú no te preocupes que en cuanto me recupere vuelvo a intentarlo.
—¡Por encima de mi cadáver! —gritó Melania sobresaltándola.
Rob carraspeó. —Chicas, debería irme.
Ninguna de las dos le hizo caso mientras discutían acaloradamente por lo que consideraban que debían hacer en el futuro.
Él metiendo las manos en los bolsillos del pantalón miró a su alrededor y frunció el ceño al ver una foto enmarcada sobre el aparador del televisor. Se acercó y la cogió para mirarla bien.
—¡He dicho que no! —dijo Melania muy enfadada.
—¡Muy bien, igual hay suerte y me toca ese boleto de lotería!
—Perdonar.
Las dos miraron hacia él y volvió la foto. —¿Quién ha sacado esta foto?
—Yo —dijo Julieta antes de mirar a su hermana—. Igual nos volvemos millonarias de golpe.
—Es mi casa.
Ambas miraron hacia él, que les mostró la foto de nuevo. —Es mi casa. ¿Por qué le has sacado una foto a mi casa? —preguntó mosqueado.
Julieta miró el edificio de estilo victoriano que había fotografiado en blanco y negro. —¿Esa es tu casa?
—¡Pues sí!
—Leche, qué casualidad —dijo Melania—. Mi hermana saca muchas fotos de los edificios que más le gustan de la ciudad. Y esa es su favorita, por eso la enmarqué. —Abrió el armario de debajo de la tele y sacó un álbum. —Puedes verlo si quieres. Son muy buenas.
—No querrá ver eso —dijo Julieta—. Además, tiene que irse. ¿Me pasas una pastillita? ¿O todo el bote? ¿O lo que sea?
—No tienes que tomarla todavía —dijo él distraído abriendo el álbum.
Ella gruñó alargando la mano. —¿Me ayudas a levantarme?
Rob levantó una ceja mirando la primera foto. —Estoy ocupado.
Jadeó indignada mientras él pasaba la hoja. —Vaya, gracias.
—Joder, son muy buenas.
Melania sonrió. —Te lo dije. Tiene mucho talento.
—¿Alguien puede ayudarme?
Su hermana se acercó de inmediato, pero rechazó su ayuda con un gesto porque no quería que al tirar de ella se hiciera daño en las manos. Melania lo entendió. —No importa.
—Claro que importa.
Rob suspiró como si fuera muy pesada. —¿Y cómo te vas a arreglar mañana? —Se acercó y la cogió en brazos.
—¿Tienes el día libre? —preguntó divertida.
—Pues casualmente sí.
Se le cortó el aliento mirando sus ojos. —Era broma.
—Yo nunca bromeo.
Antes de darse cuenta estaba tumbada en la cama.
Cuando se incorporó ella aún sorprendida vio que parecía indeciso, incluso frustrado y lo demostró jurando por lo bajo antes de ir hacia la puerta.
Pero de repente se detuvo y sacó algo del bolsillo interior de la chaqueta para dárselo a Melania.
—Si me necesitáis, ahí tienes el número de mi despacho, el otro ya lo tienes.
—Gracias —dijo su hermana tan impresionada como ella.
—A ver si podéis descansar un poco —dijo antes de irse.
Escucharon como cerraba la puerta y ambas se miraron. —Parece un buen hombre.
Julieta asintió.
—Te gusta, ¿verdad?
Apretó los labios. —Total, es una tontería, es como si fuera de otro mundo, ¿no crees?
—No, Julieta, es de este mundo y está al alcance de tu mano.
—¿Con una mujer que quiere ser puta? ¿De veras?
—No has hecho nada malo, incluso si hubieras hecho lo que pretendías no habrías hecho nada malo.
—No quiero hablar de esto, son sueños tontos.
Su hermana la miró sorprendida. —Dios mío, te has enamorado de ese hombre.
Se sonrojó. —No, qué va. Solo me ha impresionado un poco.
—A mí no me engañas, te mueres por él.
Alguien carraspeó y las dos miraron hacia la puerta de la habitación con los ojos como platos. Rob dijo —Disculpad, pero la cerradura no funciona si no cerráis con llave.
Ambas asintieron.
—Así que cerrad, joder —dijo antes de largarse.
Las dos estiraron el cuello para verle salir de la casa farfullando algo por lo bajo y cuando se cerró la puerta Julieta fulminó con la mirada a su hermana que forzó una sonrisa. —¿Te ayudo a ponerte un camisón?
—Es como para matarte —dijo entre dientes.
—Mira, esto tiene algo bueno, si vuelve es que le gustas también.
Puso los ojos en blanco porque llevaba todo el día haciendo un ridículo mayúsculo para rematarlo en el último momento. Rob no volvía por allí ni loco. —Trae las vendas, voy a curarte las manos.