Easton Davis me (odia) quiere Capítulo 11 Pánico #2
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Capítulo 11 Pánico #2

—Adelante —dice finalmente, apartándose con una deliberada lentitud que me crispa los nervios—. Todo tuyo. Procura no gastar todo el agua caliente.

Recoge su camiseta que tenía doblada sobre la cisterna y, al pasar junto a mí en el estrecho umbral, su hombro desnudo me roza el brazo.

Otra vez esa descarga insoportable. Contengo el aire.

Él no se detiene, no reacciona. Sale al pasillo y lo escucho entrar en su cuarto y cerrar la puerta tras de él con un clic lento y controlado.

Me quedo sola en el baño, rodeada del vapor que ahora parece sofocante y el eco de su presencia.

Las manos me tiemblan y el corazón sigue desbocado.

La imagen de su cuerpo semidesnudo está grabada en mi retina.

La rabia por la broma de Jace y Theo hierve, pero debajo hay algo más: una agitación profunda, una respuesta física a Easton que me asusta y me confunde más que su propia hostilidad.

Respiro hondo; necesito esa ducha. Necesito que el agua caliente se lleve esto que me vibra dentro.

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Después de una ducha que no ha logrado calmarme, vuelvo a la cocina. Mi determinación arde. Jace y Theo están riéndose de algo en sus móviles y Brooke, que ya se ha despertado y también desayuna, me da los buenos días con un abrazo.

Me planto frente a los chicos y me cruzo de brazos.

—Muy gracioso lo del baño —digo calmada, aunque con la voz como un filo de acero.

Jace levanta la vista del teléfono y su sonrisa se tambalea al verme la cara y Theo se aclara la garganta.

—Eh, Mia, solo era una broma —empieza Jace.

—No. No era «solo una broma» —lo corto, y los miro fijamente a ambos—. Era una estupidez. Y una falta de respeto. Entiendo que os divierta la situación entre vuestro amigo y yo, sin embargo, para mí no tiene ninguna gracia.

Me inclino un poco sobre la mesa y me aseguro de que entiendan cada palabra que les digo.

—Estoy aquí porque no tengo otro sitio donde ir ahora mismo, no para convertirme en el entretenimiento de nadie ni para aguantar la hostilidad gratuita de Easton.

No soy ninguna niña indefensa a la que podáis manejar con bromitas tontas.

Si este es vuestro mood, mejor que me lo digáis sin tapujos y en diez minutos me largo de aquí.

Prefiero pagar un hotel a plazos que aguantar una broma similar a esta.

Sé que mi imagen puede parecer la de una chica tímida y callada, pero os advierto que mi paciencia tiene un límite y araño si me pisan.

El silencio que sigue a mis palabras es denso, casi palpable. Jace y Theo me miran con los ojos muy abiertos y sus expresiones han pasado de la sorpresa a algo que se parece mucho a la vergüenza. Brooke, a mi lado, tiene una pequeña sonrisa de orgullo en los labios.

—Mia —empieza Jace con voz arrepentida—. Joder, lo sentimos. En serio. —Levanta la vista y su mirada es sincera—. Tienes razón. Ha sido una gilipollez de críos. No pensamos. Hostia, no medimos bien la situación. Perdona.

—Sí, Mia —añade Theo, asintiendo con seriedad—. Nos hemos pasado de listos. No volverá a pasar. Te lo aseguramos.

Asiento una vez y acepto sus disculpas sin necesidad de más palabras. No busco humillarlos, solo dejar claras las reglas del juego.

—Vale —digo ya más calmada—. Gracias. Solo… eso. Basta de tonterías, ¿sí?

Brooke me da un apretón rápido en el brazo cuando Jace y Theo se concentran de nuevo en sus cafés, visiblemente incómodos.

—Bien hecho —susurra con una sonrisa orgullosa antes de empezar a recoger el plato de su desayuno.

Un rato después, Brooke y yo salimos hacia nuestras respectivas clases.

El aire exterior es frío y húmedo después de la lluvia intermitente que ha seguido cayendo toda la noche.

Caminamos por las aceras del campus, rodeadas del flujo constante de estudiantes que van y vienen.

El incidente de la mañana aún me ronda por la cabeza, aunque con sentimientos encontrados.

Por un lado, la imagen de Easton semidesnudo y la descarga eléctrica de nuestro roce accidental siguen grabadas en mi retina y en mi piel, provocando un calor incómodo que intento ignorar.

Por otro, la firmeza con la que enfrenté a Jace y Theo me deja una sensación de poder inesperada.

Hace unas semanas me planteaba no salir del coche de mi padre para entrar en la residencia y ahora les planto cara a dos de mis nuevos amigos. Y eso me hace enorgullecerme.

Aunque, pararles los pies a los chicos fue fácil.

Eran culpables, lo sabían, y mi enfado estaba justificado.

Con Easton es diferente. Su hostilidad es un muro contra el que mis palabras parecen rebotar sin efecto.

¿Por qué? ¿Y por qué, a pesar de todo, me afecta tanto su desprecio?

¿Por qué una parte de mí busca desesperadamente una tregua, una mirada que no esté cargada de hielo?

Sacudo la cabeza. No puedo permitirme caer en ese bucle.

Tengo clases, tengo exámenes, tengo una vida nueva que construir.

Él es solo un obstáculo. Un compañero de piso temporal y borde. Nada más.