CAPÍTULO
Este es el verdadero inicio de nuestro para siempre.
En cuanto atravieso la puerta de entrada, noto que algo es diferente. No miro a mi alrededor, no busco algo extraño en el ambiente, porque lo diferente se encuentra dentro de mí.
¿Qué demonios hago? ¿Qué demonios hice? ¿Y por qué no me siento culpable por ello?
Me sacudo la frustración y las lágrimas de aturdimiento, por si mis amigas están cerca.
No quiero que noten lo confusa que estoy, no quiero que vean lo mal que va todo solo en la expresión de mi cara.
Agarro el móvil en la mano y lo pongo en sonido.
Entonces, enseguida, escucho como entra una llamada, que ignoro, porque no tengo las fuerzas ni los ánimos necesarios para explicar a Jack que no podré volver a verle… nunca.
Niego, camino con pasos temblorosos hasta el frigorífico y observo una nota amarilla que capta toda mi atención, es de Briella, dice que se quedará en el edificio del equipo hasta tarde, que Martina duerme con Declan y que hay pavo con patatas asadas en un tupper .
Dejo la nota sobre la encimera, pongo el móvil a su lado y camino con paso taimado en dirección al baño, coloco el agua caliente, unas gotas de esencia de rosa y dejo que se llene por sí sola.
Necesito un baño, un analgésico y que el dolor cese. Estoy segura de que, cuando me baje los leggins , aún tendré la evidencia de lo que Lucien me hizo en forma de sangre seca y pegajosa.
Perdí mi virginidad. Él la tomó y no se pareció en absoluto a lo que yo creí que sería, pero, aún así… No.
Me desnudo despacio, con tranquilidad y, en efecto, tiemblo al ver el rastro de sangre en medio de mis piernas.
—Joder —farfullo, me meto en la bañera y permito que el calor del agua me abrase la piel.
Apoyo la cabeza en el borde, el agua me llega hasta el cuello y, entonces, con esa placidez calmando mi desasosiego, cierro los ojos.
La cantidad de imágenes que se cuelan a la vez en mi cabeza es apabullante.
Veo el recorte de periódico, esos niños abrazados en la playa, la cara de Lucien entre mis piernas, su cicatriz…
y entonces veo el agua, siento los golpes que me di cuando caí, la forma en que impacté contra las rocas, primero la pelvis y luego la cabeza.
Rojo. Todo se tiñe de un color rojo oscuro y, a partir de ese momento, no sé nada de mí.
Me incorporo y lloro en la realidad. Me cubro la cara con las manos, sollozo, muerta de miedo, y me lamento en alto por no ser capaz de recordar nada.
Entonces noto el movimiento, lo veo, veo la sombra que produce su silueta y, lo siguiente que sé, es que un cuerpo cálido y enorme se mete delante del mío en la bañera, derrama casi toda el agua.
Pero cuando logra sentarse, me atrae hacia sí.
—Lucien, ¿qué haces aquí? ¿Cómo has conseguido volver a entrar?
Siento miedo y recelo, no puedo negarlo, pero me dejo llevar. Me subo a horcajadas sobre sus piernas tal y como me indica, acomodo la mejilla sobre su pecho donde dejo escapar el llanto que me sobrecoge y sollozo sin tapujos mientras él me acaricia el pelo y después me lava la espalda.
—¿Te he hecho mucho daño, tesoro? —pregunta. Debería contestarle que sí, quizá eso me ayude a alejarlo, pero niego con la cabeza.
—Solo estoy muy cansada. Cansada de no lograr recordar, aunque me muero de ganas.
—Voy a ayudarte —musita y me besa la mejilla despacio—. He surcado los siete mares hasta encontrarte y he atravesado el infierno con tal de verte de nuevo. Nada, Zoey, ni siquiera tu cabeza logrará apartarme de nuevo de ti.
Ojalá fueran verdad todas las cosas que dice, ojalá él fuera mi pirata y yo fuera un tesoro. Ojalá pudiera recordar con sus palabras, o vivir en un barco en el que el mundo exterior no exista y todo sea tranquilidad.
—Este es el verdadero inicio de nuestro para siempre.