Dulce Obsesión (Sangre bajo el hielo 3) CAPÍTULO
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CAPÍTULO

Soñar despierta con el monstruo de tus pesadillas.

Lo miro de reojo mientras conduce. Es guapo, eso es innegable, pero tiene un tipo de belleza que se augura peligrosa e imposible de controlar, y eso da miedo.

Lucien insistió en traerme a casa, aunque le supliqué, una y otra vez, que no lo hiciera.

Según él, ahora soy su mujer, bueno, en teoría piensa que siempre lo he sido, pero ahora considera que también es oficial para mí.

—Esta relación que crees tener conmigo… —inicio, pero la mirada asesina que me lanza hace que me detenga en seco—. Bueno, tú me entiendes —Nos señalo—, lo que tenemos… creo que debería ser un secreto.

—Estoy de acuerdo.

—Lucien… espera, ¿qué? ¿Has dicho que estás de acuerdo?

—Necesito tiempo para contárselo a mis amigos y sé que a ti te sucede lo mismo. Mientras decidimos cual es el mejor momento para hacer eso, lo mejor será que vivamos lo nuestro en secreto, sin que nadie interfiera.

Oh. Así que es eso, puede que tenga recelo en contarle a sus amigos que sale con alguien, pero también está asustado por la opinión que sabe que tendrán mis amigas al respecto. Sabe que a ellas no les gustará la idea y que son las únicas que pueden ayudarme a salir de su yugo.

—¿Me hablarás de mi pasado?

Tensa las manos sobre el volante y se me entreabren los labios mientras sigo con la mirada la forma en la que se marcan las venas en sus brazos fornidos.

En la galería llevaba una sudadera de las que tienen cremallera por delante, pero me la puso sobre los hombros al ver que tiritaba.

Pensó que lo hacía porque tenía frío, pero, en realidad, fue culpa del dolor que siento entre las piernas.

Dolor que parece desaparecer mientras mi cerebro admira la rudeza de Lucien, su hostilidad, su cicatriz, todo lo que, al ver su semblante, grita en señal de peligro.

Asiente.

—¿Me ayudarás a encontrar a Miguel?

Desvía la mirada a la izquierda durante unos segundos eternos y atemorizantes antes de mirar al frente una vez más y volver a asentir.

—Vale, bien, eso suena genial.

—¿Cómo perdiste la memoria? —pregunta de repente y siento que me da un vuelco el estómago. Se me encoge el pecho, se me cierra la garganta y mi mente palpita rauda y dolorosa.

¿Cómo sabe qué…?

Lo miro y, en sus ojos, encuentro toda la respuesta que necesito. Lucien esta tan obsesionado conmigo que, como ya ha dicho antes, lo sabe todo sobre mí.

—¿Podría contártelo en otro momento?

—O podrías contármelo ahora. —Lucien aparca su camioneta delante del bloque de pisos de Martina y miro con pánico a mi alrededor. ¿Cómo no me he dado cuenta de que nos acercábamos tanto? ¿Y cómo es tan idiota?

—¿Por qué me dejas en la puerta directamente? Las chicas podrían vernos, Lucien.

Me sujeta la mandíbula y atrae mi rostro hacia el suyo mientras me mira de forma amenazante.

—Entonces no deberías tardar demasiado en contestarme, tesoro.

¿Por qué? ¿Por qué una mínima y estúpida parte de mi cerebro pensó que podría relajarme durante siquiera un solo segundo en presencia de este hombre?

—Tuve un accidente, ¿vale? Me caí en mar abierto y me choqué contra unas rocas. Casi me muero, yo… no sé, no sé por qué sigo con vida, pero perdí la memoria y también…

Me detengo antes de revelarle esa parte tan dolorosa de la verdad, pero él no me da tregua.

—¿También?

—¿Te parece poco lo que te he contado ya?

—Zoey —advierte y sé que no va a dejarlo estar, así que pienso de forma rápida una excusa un poco creíble.

—También perdí mi niñez, los recuerdos de mis padres biológicos, de Miguel, todo…

Me analiza con recelo y estoy segura de que sabe que le miento, eso no era lo que estuve a punto de contarle, no lo era, pero no quiero compartir esa parte de mí con él, es demasiado personal y sí, forma parte de mi pasado, pero también de mi presente.

Soy una mujer seccionada y ese detalle nunca me permitirá olvidarlo.

—Te lo devolveré todo, tesoro. Viviré por y para ello. Lo prometo.

Veo tal sinceridad en su mirada que me desconcierta y… me engatusa. Lucien me sujeta el cuello, me atrae hacia sí y captura mis labios en un beso profundo que me hace arder el cuerpo.

De repente siento mucha sed de su boca.

Jadeo en busca de aliento, mi sangre dispara la velocidad a la que transita y mis sentidos se nublan por completo. Le poso una mano en el rostro, acompaño su movimiento, gimo cuando me envuelve un pecho con la mano y me lo presiona.

—Creo que deberíamos volver a la galería, ahora.

Sujeta mi mano y la posa sobre su entrepierna, donde puedo sentir su polla dura.

Se me agranda la mirada y recuerdo dónde estoy.

¡Joder! Que pueden bajar y vernos Briella o Martina.

—Tengo que irme.

Sujeto con fuerza el bolso, intento salir del coche, pero él tira de mi brazo con fuerza. Giro la cara para mirarlo y sus labios me sorprenden con un beso corto y… ¿tierno?

—Te amo, tesoro.

Miedo. Pánico. Terror.

Eso es un ejemplo de todo lo que me invade.

¿Me ama?

Es imposible.

No digo nada, salgo del coche despacio y me adentro en el edificio de lo más desconcertada.