Dulce Obsesión (Sangre bajo el hielo 3) CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

La mayoría de las veces, lo normal, no es lo que quieres, pero sí lo único que conoces.

—Entonces, ¿estáis saliendo? —sostengo más fuerte el borde de la mesa mientras espero a que Declan o Martina respondan a la pregunta de Taylor. Con tanta ansiedad por la situación de Martina, olvidé que Taylor pasó la noche con nosotras y que, por ende, estaría aquí al despertar.

Declan atrae la silla de Martina hacia sí y la besa en los labios de forma posesiva. Me encojo sobre mí misma y se me calientan las mejillas de forma autómata. Supongo que no hay mejor respuesta.

—Firmaré todo el papeleo que sea necesario cuando estemos de vuelta en el edificio —sentencia sin apartar los ojos de mi amiga.

—¡Madre mía! —chilla Taylor a mi lado y hago una mueca debido a la incomodidad en los oídos—.¡Que sales con el capitán!

No comparto la emoción por esto, y tampoco estoy segura de lo que siente Briella al respecto, pero pone los ojos en blanco antes de dar un paso amenazante con los ojos fijos en Declan.

—Te asesinaré si le haces daño.

—No tengo ninguna duda —contesta enseguida el aludido—, pero eso no pasará.

—Estoy muy feliz por vosotros —interrumpe Taylor mientras Briella se sienta al otro lado—. ¡Es un milagro de Nochebuena!

—Venga ya, no es para tanto —farfulla Martina y se desenrosca a Declan de encima antes de dar un bocado al desayuno que yo misma le preparé.

La miro, esperanzada, y me complace ver, en la forma en la que entrecierra los ojos, que le gusta—.

Os habéis esmerado con esto —musita con los ojos aún entrecerrados—, muchísimas gracias, qué pena no poder teneros aquí todos los días.

—En realidad… —suelto con voz taimada, pero apresurada para aprovechar el instante de valentía. Todas me miran y me resulta complicado hablar, pero lo intento—. ¿Recuerdas el local que te enseñé en la plaza? —Martina asiente y se le entreabren los labios debido a la anticipación.

—¿Te han contestado? —pregunta Brie con sorpresa y casi se atraganta cuando me ve asentir—. ¿En Navidad?

—Es nuestro, Brie —le confieso con una sonrisa boba que sale de mis sueños más ilusos.

No es mío, es de ese hombre horrible, pero si eso me ayuda a estar más cerca de Martina, yo…

¿Qué debería hacer?, ¿rechazarlo?—. Podemos quedarnos e iniciar nuestra vida de empresarias cerquita de Martina. Nunca hemos estado separadas y…

—Lo haremos —sentencia Brie y todas la miramos.

No me sorprende, después de la conversación que hemos tenido antes, sé que ella tiene tantas ganas como yo de estar al lado de nuestra amiga.

Ambas sabemos que es un camino difícil, no tengo suficiente reconocimiento como artista como para mantenernos y ella dedica demasiado de su tiempo a mí y a ser mi mánager como para tener otro trabajo, pero le demostraré que puedo hacerlo por mí misma, que no necesita ser mi niñera, que puede tener una vida.

—Zoey no es la misma desde que te marchaste, no puedo verla así. Además, ella tiene razón, si vamos a empezar de cero, podemos hacerlo en cualquier sitio. Lo importante es estar juntas. Empezaré a mirar bufetes de la zona para ofrecerme como becaria.

—En realidad… —murmura Declan y atrae la atención de todas—. La abogada del equipo está muy próxima a jubilarse…

—¡Es cierto! —secunda Taylor emocionada—. La señora Philips quiere dejarlo el año que viene y busca a alguien a quien enseñar.

—Creo que Briella es la candidata perfecta —argumenta Declan.

—¿Y lidiar con todas las cagadas de unas estrellas de hockey subiditas y hormonadas?

—Y con sus certificados de confidencialidad. —Declan se ríe al contestar a Briella—. Esos sí que son unos cuantos.

Martina le dedica a Declan una sonrisa ladeada y una mirada cargada de intenciones.

—Oh, Dios —se queja Briella al darse cuenta.

—Si no te gusta, no…

—Me interesa —me corta Briella—. Puedo con unos cuantos certificados de confidencialidad a las tres de la mañana.

—¿Estás segura? —pregunto.

—Por supuesto que sí.

Sé que lo hace por nosotras. Y se lo agradezco.

Quiero abrazarla ahora mismo, a ella, a Martina y a Taylor, pero no a Declan, no todavía.

Por eso es un alivio cuando Martina toma la iniciativa, se levanta de la mesa y salta emocionada mientras chilla de forma adorable.

Me pongo de pie la primera y la embisto, enseguida noto los brazos de Briella y nos convertimos en este círculo de felicidad tan acogedor como familiar.

—¿A qué esperáis? —pregunta Martina al ver que Taylor y Declan nos observan inmóviles—. Moved el culo y uniros a celebrar este milagro de Nochebuena.

—En teoría, aún no es Nochebuena —reprende Declan, pero se pone en pie de todas formas, al igual que Taylor, y salta junto a nosotras.