CAPÍTULO
No importa el tiempo perdido, salva el resto de tu vida.
Jack es muy atento y cariñoso. Ni siquiera me conoce, pero me escribe cada mañana y se esmera como el que más para conseguir información para mí procedente de su padre y de los registros de la policía.
Gracias a él he descubierto cosas, cosas que se me han mantenido ocultas y ni siquiera sé la razón.
Recibo la imagen de un cielo azul, despejado y precioso.
Oh… Sí, bueno, creo que esto ya es bastante evidente.
Jack junior, oficial de policía de Miami en el estado de Florida e hijo de una de las personas que estuvo presente el día de la muerte de mis padres biológicos, intenta ligar conmigo a saco.
Supongo que, puesto que tengo bastante claro que no me interesa en absoluto, eso supone una especie de conflicto de intereses.
Es decir, lo necesito, sí, quiero que me ayude y que intente conseguir información sobre mí, pero no que se haga una idea equivocada de lo que puede ocurrir entre nosotros.
Abro su foto de perfil y me pierdo un poco en los músculos que muestra en ella, es una imagen de él en el gimnasio en la que hace una pose y se le marcan las venas.
Sé que es majo, y que es profesional, pero, a la vez, me parece algo superficial, como un chulito, como esa clase de chico que te mira una vez y considera que tendrías que estarle agradecida por centrar en ti su atención.
El pincel que sostengo en la otra mano se estrella contra el suelo y noto como se me reseca la boca debido a la impresión. ¿Tiene el informe? ¿Sabe quién es ese niño? Madre mía, ¿por qué no lo ha dicho antes? ¿Por qué no me lo ha enviado ya?
Se me desinfla el pecho y se desvanece una parte de la emoción que sentí cuando me dijo que lo tenía.
No puedo ir a Florida o, más bien, no puedo ir ahora.
Es decir, sí, sé que me planteé ir sin pensarlo demasiado con la idea de conocer a su padre hace dos semanas, pero eso fue antes de que Jack me confesará que su Alzheimer va a peor cada día y, por supuesto, antes de que empezara a ligar conmigo en cada oportunidad.
No me desagrada su conversación, pero, a la vez, me hace sentir algo incómoda.
No me gusta la cantidad de interpretaciones diferentes a las que puede conducir esa pregunta.
Es insistente, e intento convencer a mi mente dañada de que, quizá todo ese rollo de las insinuaciones, se encuentra solo en mi cabeza atrofiada.
Quizá Jack solo es un chico demasiado amable y con una gran vocación para ayudar, tal vez por eso es policía y, sí, bueno, a lo mejor le gusto un poco, pero eso no es nada que no pueda controlar.
Si él intenta ir más allá, lo único que debo hacer es cortarlo, no es tan difícil, no es el enmascarado y sé que es una buena forma de continuar mi entrenamiento y volver a intentar perder un poco mi miedo extremo a la vida.
La pregunta me descoloca durante unos segundos antes de que él aclare.
Salgo de la conversación con Jack y, sin que pueda evitarlo, mis ojos se desplazan hasta esa conversación en específico.
El enmascarado.
Se me encoge el corazón.
El día que entró en casa bloqueé su contacto.
Tenía ansias de preguntarle muchas cosas, curiosidad de saber más, conocer los motivos por los cuales tiene esa foto, quién es y por qué me ha marcado como su objetivo; pero, a la vez, me moría de miedo, aún lo hago.
Ese hombre es peligroso, entró en el piso de Martina mientras estábamos todas dentro, me ultrajó, me tocó y…
joder, no sé como conseguí que se detuviera, pero pudo no haberlo hecho.
No soy una Sherlock Holmes, no tengo ese instinto, ni esa impulsividad, yo soy de las que se agazapan, se esconden y lloran, de las que tienen dudas, de las que suplican y piensan «ojalá esto no me estuviera pasando a mí».
No he salido de casa en dos semanas, rompí la llave dentro del pomo de la puerta y convencí a Martina de que era buena idea cambiar toda la cerradura.
No contesto a llamadas de números que desconozco y, bueno, él no está aquí, así que eso me hace sentir que voy ganando.
Estoy algo más tranquila, pero no relajada.
Sé que él puede volver en cualquier momento, y algo me dice que lo hará.
Algo me dice que no ha terminado conmigo, sino que apenas empieza.