CAPÍTULO 9
L
Alguien que te considera valioso en medio de un mar de gente que te trata como basura.
Florida. Hace trece años.
(Horas después).
—¿Por qué está tan apegada a ti? Dijiste que no os conocéis de antes.
Miro a la niña medio dormida que babea a mi lado con el cuello en una posición algo incómoda y una venda en la cabeza, mientras la enfermera del centro me cura algunos cortes que no quise mostrar en el hospital.
—Necesito usar las manos un momento —le digo y ella retira la pinza que sostiene el algodón impregnado en alcohol. Acomodo a Zoey en la cama, pero ella se aferra a mi cintura y solloza.
—No te vayas, pirata. No me dejes…
—No lo haré, princesa —le aseguro y se me calientan un poco las mejillas.
Nunca he llamado con un apodo bonito a nadie, ni siquiera a Mía, y ella era lo más bonito que he tenido jamás, pero así es como se refirió la madre de Zoey a ella, como una princesa, un tesoro, y ella me llamó su pirata, así que… no lo sé.
Giro la cara en dirección a la enfermera y la descubro mirándonos con intensidad.
Arrugo la frente. No me gusta cuando la gente me analiza o intenta calarme, nunca dan en el calvo con respecto a quién soy en realidad y solo me juzgan, creen que, porque soy un niño de la calle y robo para comer de vez en cuando, soy una mala persona, alguien capaz de asesinar… y no es así.
—Su madre me pidió que la salvara y cuidara de ella —le confieso, aunque me arrepiento en el acto.
No le debo explicaciones a nadie, y mucho menos a esta mujer que no me conoce de nada.
—Debe de ser por eso —musita en tono condescendiente—, pero sabes que no estás obligado a hacerlo, ¿verdad?
Odio a los adultos.
Fin de la transmisión.
¿Cómo puede decirme eso? Es una niña pequeña y acaba de perderlo todo, yo no tengo absolutamente nada, me dejé pillar por ella y, por supuesto, joder, por supuesto que voy a cumplir la promesa que le hice a su madre moribunda.
—¿Por qué no lo haría?
Ella parpadea, frunce un poco el ceño y me mira con atención.
—Odias estos lugares. —Sonríe por lo bajo y entonces soy yo el que frunce el ceño y la mira con duda—. He leído tu expediente, te has escapado cuatro veces, Miguel.
No me gusta ese nombre. Lo odio, en realidad.
—Me llamo L.
—¿L?
—De Lucien, como Lucien Mercury, la estrella de hockey sobre hielo. —La enfermera asiente y se le escapa una carcajada, siseo cuando frota un poco el algodón impregnado por la herida—. Casi he terminado. ¿Te gusta el hockey sobre hielo?
—Es el único canal que se ve en la tele vieja que encontramos.
—¿Encontrasteis?
Se me hace un nudo en el pecho y se me calientan las mejillas mientras se me humedecen un poco los ojos, siempre me pasa lo mismo cuando tengo que mencionarla, me duele de tal forma que soy incapaz de reprimir el dolor como consigo hacer con todo.
Estoy a punto de girar la cara, ignorar a esta enfermera y cerrar el pico por el resto de la eternidad, cuando Zoey me abraza con mayor fuerza y solloza.
—Mamá —lloriquea.
—Hemos terminado.
Aparto mis manos sin esperar una confirmación. Me giro hacia Zoey, me tumbo a su lado y la acuno entre mis brazos mientras chisto para que se calme y le acaricio el pelo.
—Estoy aquí, tesoro, le prometí a tu madre estar contigo.
Parece que eso la calma un poco, se agarra a mi camiseta del pijama, que es igual al que le dieron a ella, pero de color azul, y la sujeta con fuerza hasta que se vuelve a quedar dormida.
—Sabes que no puedes dormir aquí, ¿verdad? —musita la enfermera.
—Está muy asustada.
La escucho suspirar y ya sopeso mentalmente cuál sería la mejor opción, si pelearme con ella y sus estúpidos argumentos, o solo salir por patas y volver a colarme en el primer descuido.
No me gusta la segunda opción, no quiero que Zoey pase un solo segundo sin mí, no quiero que despierte y crea que la he abandonado. Entonces, por primera vez en años, surge una tercera opción en mi mente, aunque la descarto sin dudar: suplicar.
—Si te pillan, di que te obligué a irte a tu cuarto, pero que volviste a entrar después de que me fuera.
Me brillan los ojos de asombro.
—Lo que haces, L, me parece muy bonito. Sé que encontrarás una buena familia, puedes pedirles que te pongan Lucien al adoptarte.
¿Puedo hacer eso?
Da igual. No quiero parecerle bonito. Ella y todos los adultos son una mierda. Yo solo quiero estar con Zoey, así, porque abrazarla y reconfortarla a ella me hace sentir mejor conmigo mismo.