Dulce Obsesión (Sangre bajo el hielo 3) CAPÍTULO #4
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CAPÍTULO #4

Me convierto en un desastre de gritos, espasmos y temblores. El corazón nunca me había latido tan deprisa y, por un segundo, mis oídos se taponan y todo se apaga, me desconecto. La sensibilidad es demasiada y no termina nunca, porque él continúa masturbándome.

No se detiene.

Creo que he hecho un desastre en mis vaqueros, pero estoy demasiado ida, confusa y abrumada.

—Di que me conoces, tesoro —suplica, o, al menos, me lo parece.

No puedo hacer eso.

—Juro que no —farfullo y me sobreviene una oleada de lágrimas.

No entiendo nada de lo que acaba de pasar.

¿Es así cómo se siente un orgasmo? ¿Es lo que he tenido? ¿Me he corrido por un maldito desquiciado que amenaza mi vida y me folla con los dedos sin mi consentimiento?

—Juras que no me conoces, pero te has corrido para mí mientras mis dedos te masturban y mi boca se merendaba tus tetas —susurra muy cerca de mi rostro mientras me sujeta el cabello y me obliga a mirarlo—. Pensar que cualquier otro cabrón te hubiera podido hacer lo mismo me cabrea muchísimo más.

Grito, pero no sirve de nada.

—¿Sabes cómo funciona la ley de los piratas, tesoro? —Niego—. Te di algo y eso significa que me debes algo a cambio.

Me hace descender despacio hasta que estoy de rodillas, me suelta el cabello y se desabrocha el pantalón.

—No —sollozo y niego antes de que una polla enorme y llena de venas me rebote sobre los labios—. Eso no, por favor…

No.

—Un desconocido hizo que te corrieras como una sucia putita, ahora es tu jodido turno.

Niego y grito, pero es inútil, me sujeta las muñecas y me eleva ambas manos, las aprisiona sobre mi cabeza, me mete la polla en la boca y me la hunde en lo más profundo de la garganta.

Tengo arcadas de inmediato, pero eso no lo hace detenerse, todo lo contrario, embiste con mayor fuerza, con menos piedad.

Me folla la boca como si pretendiera romperme en el proceso.

Me convierto en un desastre en pocos segundos, en un mar de lágrimas, líquido preseminal y saliva, me noto pegajosa por todas partes y me descubro con los pechos al aire, dando botes por la intensidad con la que me folla.

Intento mover las manos, pero me las retiene más fuerte, así que miro hacia arriba y solo logro ver su cabeza echada hacia atrás mientras hace lo que se le antoja conmigo sin ningún tipo de piedad.

Como si yo no fuera una persona, como si fuera un maldito objeto al que tiene todo el derecho solo porque mi estúpido cuerpo respondió a su ataque.

Los sonidos que brotan de nuestro choque son demasiado obscenos, somos una sinfonía de gorgoteos, chapoteos, siseos y arcadas.

Le araño las manos mientras utiliza mi garganta sin ningún tipo de clemencia.

No le gusta que haya hecho eso y se hunde hasta lo más profundo, se queda unos segundos eternos ahí y… no puedo respirar.

Duele.

Pero, a la vez… Joder, no lo sé, pero se me ponen los ojos en blanco y siento algo diferente.

Me saca la polla de la boca y recupero el aliento con grandes bocanadas, tres, porque a la cuarta se vuelve a hundir en mi boca y se folla mi lengua.

—Chupa —ordena y niego—. Chúpame la puta polla o no saldré de tu boca hasta destrozarte las cuerdas vocales.

Obedezco de forma torpe, porque, con la velocidad a la que se mueve, es imposible pillarla.

—Ahueca las putas mejillas, eso es, joder, mierda…

Sus movimientos se vuelven más torpes, pero no más lentos, mantiene la misma velocidad y casi me ahogo cuando un líquido caliente, espeso y de sabor extraño me llena por completo la boca.  El muy idiota me la cubre junto a la nariz con la mano para impedirme escupir.

—Traga —Niego con la cabeza, pero no me queda más remedio que hacerlo cuando mis pulmones gritan por un poco de aire.

Me libera y el baño se llena con el sonido de mis arcadas. Cuando recupero un poco la compostura y levanto la mirada, después de llorar durante unos segundos, lo encuentro con el móvil en mi rostro, grabándome en vídeo.

—No —sollozo, empujo el móvil con la mano e intento cubrirme.

—Sí. Las mentirosas como tú se merecen que las graben en vídeos cuando tienen la boca llena de lefa, tesoro.

—¡¿Por qué me has hecho esto?!

—¿Por qué finges haberme olvidado, Zoey? —pregunta como respuesta, pero a mí me suena a burla. Sin embargo, murmura mi nombre como si se tratara de una maravilla.

No doy crédito a lo que acabo de vivir, ni a la forma en la que ese desalmado se da la vuelta y desaparece en la esquina antes de salir por la puerta.

Estoy en shock , con el cuerpo arqueado hacia abajo, paralizada. Tengo la camiseta destrozada, los pechos rojos, amoratados y al aire, las bragas empapadas y la dignidad por los suelos.

Me levanto despacio y me caigo un par de veces debido al temblor en mis piernas, me acomodo el sujetador y la camiseta rota, me miro al espejo mientras me muevo despacio, temerosa de que él cambie de idea y vuelva a aparecer en cualquier momento para hacerme cosas aún más terribles, y lloro al entender que, lo que acaba de suceder, es del todo real.

Acaban de ultrajarme dentro de un baño público, y mi mente no deja de visualizar el rostro de ese jugador famoso de la NHL debajo de esa máscara. No tengo pruebas en su contra, me ha grabado en vídeo y yo… yo me he corrido por primera vez en mi vida.