Donde mueren los cuervos CAPÍTULO 43 LA FILTRACIÓN
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CAPÍTULO 43 LA FILTRACIÓN

L a desaparición de Carmen duró tres horas como información reservada.

La circular se había enviado a las patrullas de Granada y a los puestos limítrofes para comprobar hospitales, estaciones y posibles alojamientos.

No incluía detalles de la entrevista, pero sí una fotografía reciente y la referencia a Santa Brígida.

Luján pidió que se retirara de los canales generales y que cada unidad confirmara si la había reenviado.

No pretendía borrar la orden original; necesitaba saber qué versión había circulado y a qué hora.

El registro electrónico mostraba accesos de varios agentes, un administrativo y dos responsables de comunicación.

Ninguno probaba una filtración: algunos habían abierto el archivo para cumplir una diligencia y otros podían haberlo visto en una pantalla compartida.

Vera se negó a suspender las comprobaciones de campo mientras se revisaba el circuito de información.

Un agente ajeno al equipo recogería los registros y entrevistaría a los destinatarios.

A las once y veinte, una televisión nacional anunció que «una testigo clave del caso Santa Brígida» estaba desaparecida.

En pantalla apareció una fotografía que solo constaba en la circular policial interna.

Una testigo aseguró haber visto a Carmen entrar voluntariamente en un coche conducido por una mujer de pelo oscuro o recogido.

La descripción servía para cientos de personas y no permitía identificar a nadie.

El coche de Carmen apareció en un aparcamiento de autobuses.

Dentro estaban su chaqueta, una botella de agua y fotocopias de Santa Brígida.

El teléfono no estaba. Teresa tenía dos pacientes registrados en el consultorio, a las ocho y diez y a las ocho y treinta y cinco.

Ese horario hacía muy improbable que hubiera conducido el vehículo visto en Granada durante el intervalo relevante; no excluía cualquier relación con la conductora ni con los documentos que Carmen llevaba.

Luján apagó el televisor.

—¿Quién tenía esa fotografía?

La lista era corta: Guardia Civil, policía de Granada, juzgado y equipos de búsqueda. Darío no levantó la vista.

—Fui yo.

Había enviado la imagen a su hermano, que trabajaba para Montalvo y conocía caminos y cuadrillas forestales. Creyó que podía ayudar a localizar el vehículo. Le pidió que no la difundiera, pero su hermano la compartió en un grupo de trabajadores y desde allí llegó a un periodista.

—¿En qué estabas pensando? —preguntó Vera.

—En encontrarla.

—Has convertido a una testigo en noticia nacional.

—Lo sé.

Luján retiró a Darío temporalmente del acceso a información sensible y dejó constancia formal. No lo expulsó de la búsqueda física. La sanción no fue teatral; precisamente por eso pareció más grave.

—Mi hermano no sabía que era una circular reservada —dijo Darío.

—Tendremos que comprobarlo —respondió Luján.

El hermano reconoció haber compartido la imagen porque pensó que podía ayudar a localizar a Carmen.

El registro mostraba que el mensaje había llegado a Adrián después de la desaparición, aunque su nombre en el grupo alimentó enseguida la sospecha.

Vera dejó claro que una imprudencia podía explicar la difusión sin explicar la desaparición.

La lista de destinatarios permitía acotar el recorrido de la fotografía, pero no señalaba automáticamente quién había iniciado la filtración.

Las llamadas de supuestos testigos se multiplicaron.

Una persona situaba a Carmen en una estación; otra, en una gasolinera; una tercera afirmaba haberla visto en una carretera sin acera.

Los agentes comprobaron cada dato antes de incorporarlo a la cronología.

La publicidad no había producido más información útil: había producido más información que filtrar.

Vera ordenó preservar los registros del consultorio y documentar la coartada con la misma cautela que las demás. La comprobación debía limitarse al hecho y al intervalo que realmente cubría.

Darío pidió hablar con Vera antes de que asuntos internos reconstruyera el recorrido de la fotografía.

—No quiero que me quite de la investigación.

—No depende solo de mí.

—Puedo arreglarlo.

—No puedes desfiltrar una fotografía.

Darío bajó la cabeza. Después le contó que, meses antes, su hermano había visto a Nicas entrando en Santa Brígida por el lateral.

No lo había comunicado porque pensó que Nicas recogía chatarra y no había considerado importante el hecho.

La fecha era imprecisa; el testigo no sabía cuánto tiempo antes de la muerte de Lucía había ocurrido.

Vera no permitió que el dato entrara en el expediente como rumor de pueblo.

Ordenó una entrevista formal con el hermano de Darío y pidió que precisara fecha aproximada, hora, distancia, iluminación y condiciones de visibilidad.

La información procedía de una persona vinculada a quien había filtrado la fotografía, así que también debía registrarse ese contexto.

La relación no invalidaba automáticamente el testimonio, pero obligaba a comprobarlo.

En una de las fotocopias del coche de Carmen había una frase subrayada: «traslado excepcional autorizado por criterio sanitario». La firma era ilegible.

—Otra flecha hacia medicina —dijo Luján.

—O alguien quiere que la veamos —respondió Vera.

La frase podía ser un documento auténtico, una copia incompleta o una pista colocada para dirigir la investigación.

Se solicitó el expediente del que procedía y una comparación con formularios de la misma época.

No se podía atribuir la firma a Teresa ni conectar el papel con la desaparición de Carmen sin más comprobaciones.

El hermano de Darío confirmó en la entrevista que había visto a Nicas entrar por el lateral, aunque no pudo precisar el día.

Vera anotó que el dato era anterior a la muerte de Lucía, no necesariamente próximo a ella.

Nicas había hablado del camino de Santa Brígida; nunca había dicho que entrara en el edificio.

Esa diferencia justificaba una nueva pregunta, no una acusación.

La filtración había debilitado al equipo. También había devuelto a Nicas al centro del mapa sin que él hubiera hecho nada nuevo. Vera ordenó que la entrevista se realizara con garantías y que no se le presentara el testimonio como una conclusión ya tomada.