43. Finales y nuevos comienzos
Finales y nuevos comienzos
Katherine la abrazó con fuerza.
—¿Cómo crees? Esa es tu vida personal; lo que decidas hacer, lo haces y ya.
En eso no me involucro —dijo Katherine, tranquilizándola—.
Qué alivio me da saber que solo era eso, Nasly.
No te vuelvas a alejar de mí, puedes confiar en mí.
Jamás dejaría de hablarte por algo así, hemos construido demasiado juntas como para tirarlo por la borda por cosas irrelevantes.
Nasly empezó a llorar más fuerte.
—Es que… aún no te he contado la peor parte.
—¿A qué te refieres, Nasly? —preguntó Katherine, confundida.
—Tu novio, Jade, estaba en el antro. Mientras yo estaba en una presentación de baile él me vio, pero no me reconoció por la máscara que tenía puesta.
Luego, cuando terminó el show y bajamos a trabajar sirviendo tragos, yo me quité la máscara y Jade se me acercó por detrás invitándome a bailar.
Cuando me volteé, era él. Ambos nos asustamos al vernos y él me hizo prometer que no te diría nada. Lo siento tanto, Katherine.
Katherine soltó a Nasly, dando un paso atrás mientras intentaba procesar la información. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos al comprender la magnitud del engaño.
—No me arrepiento de haberlo abofeteado —dijo Katherine, con la voz temblando de rabia contenida.
—Lo siento… —sollozó Nasly.
—A ti te perdono. Pero Jade de esta no se libra —sentenció enojada.
En ese preciso instante, la campanilla de la puerta sonó. Jade acababa de entrar al local.
—¡Katherine! —la llamó.
Katherine salió de la trastienda con el rostro hinchado y los ojos llenos de lágrimas.
—Katherine, vine a disculparme por lo tonto que fui contigo. No quiero que sigas sufriendo por mí —dijo Jade, intentando poner una mano en su mejilla.
Katherine de inmediato le apartó la mano de un manotazo.
—Me enteré de todo, Jade. Ya lo sé.
Jade se quedó pasmado por un segundo, pero rápidamente intentó justificarse:
—Tu amiga no es como crees. Nadie es como crees, Katherine, y eso no es malo. Cada quien tiene sus defectos y yo tengo los míos… Soy el único que te ha respetado de verdad y lo seguiré haciendo. No encontrarás a un hombre que te ame como yo.
—Espero que no —respondió Katherine fríamente, mirándolo con absoluto desprecio—. Terminamos, Jade. No vuelvas por aquí ni por mi apartamento. A partir de hoy, estos lugares no existen en tu mapa.
—Lucecita, no me dejes, por favor. Te amo —rogó Jade, cambiando su actitud a una de profunda tristeza.
—Adiós, Jade —sentenció Katherine, dándole la espalda y marchándose hacia el interior de la tienda.
Jade salió de la floristería indignado y con el ego destrozado. Subió a su moto y arrancó a toda prisa. Nasly corrió hacia Katherine y la abrazó, consolándola mientras ella dejaba salir toda su tristeza y decepción en un llanto liberador.
Horas después, cerraron la floristería y cada una se marchó a su hogar.
Katherine llegó a su edificio, subió las escaleras con pesadez y entró a su apartamento.
Se dirigió directo al baño, tomó una ducha larga y se puso su pijama.
Estaba recostada en su habitación cuando escuchó que tocaban a la puerta.
Fue a abrir y se encontró con su vecina, Rosa, que traía un enorme tarro de helado en las manos.
—¿Puedo pasar? —preguntó Rosa con una sonrisa solidaria.
—Claro, pasa —dijo Katherine, haciéndose a un lado.
Fue a la cocina por dos cucharas y ambas se sentaron en el sofá a comer del tarro juntas. Mientras comían, Katherine se desahogó; le contó a Rosa todo lo que había sucedido en el día: la confesión de Nasly, el descubrimiento de la traición y cómo finalmente había terminado con Jade.
Rosa analizó la situación y asintió.
—Eres muy fuerte, Katherine. ¡Hoy diste un gran paso!
Terminaste con Jade y enfrentaste a tu amiga, realmente te admiro por eso.
Pero ya es hora de que resuelvas otro asunto que no te hará bien.
Tienes que hablar con John y ponerle punto final a tu cercanía con él.
No tienes un futuro estable con alguien que está preso.
Tienes que seguir adelante sin asuntos pendientes; tú sola, Katherine.
—Mañana iré a hablar con él —admitió Katherine, triste pero decidida—. La verdad, Rosa, tienes toda la razón. Debo empezar de cero, pero esta vez sola. Iré mañana, me despediré y no volveré más.
—Muy bien. Ahora, vamos a ver una película —sugirió Rosa para animarla.
—Las que tengo guardadas son de romance porque me encantan, pero si quieres podemos buscar otras opciones… —ofreció Katherine, limpiándose las últimas lágrimas.
—¿De romance? ¿Bromeas? ¡Me encantan! —exclamó Rosa emocionada.
Ambas se quedaron viendo películas, divirtiéndose y bromeando toda la noche como dos niñas pequeñas.
Mientras tanto, en el club nocturno, Nasly por fin sentía una inmensa tranquilidad en su trabajo.
Ya no tenía que ocultarse de su mejor amiga, así que, con total libertad, comenzó a tomarse fotos con su atuendo y a grabar su presentación de baile para enviarle los videos a Katherine.