Dile No al Deseo 42. Jugadas de ajedrez y un juego peligroso
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42. Jugadas de ajedrez y un juego peligroso

Jugadas de ajedrez y un juego peligroso

Apenas llegó a su oficina, el oficial Luke redactó de prisa el informe falso con la información sobre la “psicóloga”.

Evitó firmarlo con su nombre y lo dejó estratégicamente sobre el escritorio de uno de sus compañeros.

Luego, fue a la dirección general, se reportó enfermo para solicitar una licencia médica y se marchó a su casa.

Horas más tarde, John preguntó a uno de los guardias por el paradero de Luke.

—Se fue a su casa, se sentía mal —le informaron.

—Qué pena —comentó John, disimulando una sonrisa de satisfacción por dentro—. Espero que se mejore.

Con la mente más tranquila, se recostó en su cama.

Poco después, el fiscal Nilow se enteró de la repentina baja médica de Luke y designó a otro oficial para que tomara el caso.

Casualmente, el fiscal asignó al mismo oficial en cuyo escritorio Luke había dejado el expediente redactado.

Tal como Luke había previsto, sabiendo que sus compañeros no solían indagar demasiado y se limitaban a usar lo que tenían a mano, el guardia tomó el documento, lo leyó por encima y fue directo a la oficina de Nilow para entregárselo.

El fiscal Nilow tomó el papel, lo leyó rápidamente y, con un gesto de frustración, lo rompió en varios pedazos.

—¡Qué pérdida de tiempo! —exclamó molesto, levantándose de su escritorio para salir del recinto.

Mientras tanto en su celda, John respiraba en paz sabiendo que Katherine estaba fuera de peligro. Sin embargo, no podía dejar de preocuparse por Carol; sabía de lo que Nilow era capaz y él, estando tras las rejas, no podía hacer absolutamente nada para protegerla.

Las horas pasaron y el fiscal Nilow volvió a aparecer frente a los barrotes de la celda.

—He estado pensando detenidamente en lo que me dijiste, John —comenzó diciendo Nilow con ironía—. Decidí dejar a Carol en paz… por ahora. De todos modos, tú tampoco puedes hacer nada con ella; sé que tarde o temprano terminará volviendo a mis brazos.

—Lo que tú digas —respondió John sin darle importancia.

—También pensé seriamente en agendar unas consultas con tu hermosa psicóloga, pero leí en el expediente que se fue del país. Tal vez cuando regrese pueda hacerle una visita —añadió el fiscal con una risa burlona.

—Pues le mandas mis saludos de mi parte —siguió John su juego con absoluta frialdad.

Al ver que no lograbas provocar ninguna reacción en él, el fiscal se marchó enojado.

Horas después, un par de guardias se acercaron a la reja:

—Tienes visita, Nishpor.

Lo escoltaron hasta la sala privada de visitas. Al abrir la puerta, John se encontró con Carol esperándolo. Apenas la puerta se cerró, Carol se lanzó sobre sus brazos y John la besó con una pasión desenfrenada y agresiva. Sin embargo, a los pocos segundos, la apartó firmemente.

—Tengo que decirte algo serio. El fiscal va tras de ti; no le hiciste ningún jaque mate como pensabas.

—Dejemos la charla para después —murmuró Carol, comenzando a desabrocharle la ropa.

John sacó un preservativo de los que Luke le había comprado y se entregaron a un par de horas de intensa pasión. Tomándola suavemente del cuello, John le susurró al oído entre jadeos:

—Ya no puedes volver por aquí, Carol…

—Yo no sigo órdenes —respondió ella, sellando sus palabras con un beso.

Minutos después, se vistieron y se sentaron frente a frente.

—No voy a poder protegerte, Carol. Recuerda que tú misma fuiste quien me metió en prisión… Vete de la ciudad de una vez —le advirtió John con tono firme.

—Me gusta cómo están sucediendo las cosas. Además, mi juego aún no ha terminado, John —respondió Carol con una sonrisa enigmática, poniéndose de pie para despedirse y marcharse cruzando la puerta.