41. Revelaciones y lágrimas
Revelaciones y lágrimas
Al salir de la prisión, Katherine tomó un taxi de regreso a la floristería. Mientras el vehículo avanzaba por la ciudad, las palabras de John no dejaban de dar vueltas en su cabeza.
«¿De dónde le salió eso de que merezco algo mejor?
», pensó con el ceño fruncido. «¿Acaso sabe que tengo novio?
No recuerdo habérselo mencionado… ¿Alguien estará hablando con él?
¿Nasly? No puede ser otra persona. Además, ella misma me confesó que John le parecía atractivo, y su comportamiento conmigo ha sido una porquería todo el día», concluyó molesta.
Al llegar a Así la Floristería, Katherine se topó en la entrada con su vecina Rosa.
—¡Hola! Iba entrando a ver las flores. ¿Cómo estás hoy? —preguntó Rosa con su acostumbrada calidez.
Katherine, que no podía guardar más la presión en su pecho, le contó lo sucedido. Sin embargo, cuando mencionó el nombre de John Nishpor buscando una explicación, los ojos de Rosa se abrieron con evidente alarma.
—Aléjate de él mientras puedas, Katherine. Ese hombre es un criminal —advirtió Rosa con tono categórico.
—Tú no lo conoces —defendió Katherine de inmediato.
—¿Acaso tú sí? —replicó Rosa, cruzándose de brazos—.
Escucha, yo solo puse en el reportaje la información que nos entregó un fiscal llamado Nilow a través de los investigadores del periódico.
No descarto que John pueda ser alguien diferente a lo que se describe en el papel, pero informarlo es mi trabajo, Katherine.
—Entiendo… Sabía que no eras una persona de malas intenciones, Rosa —suspiró Katherine, sintiendo un alivio parcial—. Pero explícame bien cuál es la situación de John.
Rosa le resumió con claridad lo que sabía sobre la investigación judicial. Katherine escuchó atentamente cada palabra.
—Y con tu amiga… ¿ya hablaste? —preguntó Rosa, recordando el conflicto que Katherine le había mencionado antes.
—No —admitió Katherine, bajando la mirada.
—Está ocultando algo. Si actúa de esa manera, lo ideal sería que la confrontes de frente. Y sobre Jade… Katherine, déjalo ya. Por favor, no pienses en John tampoco; quédate sola un tiempo, es lo mejor.
—Bueno, entremos —invitó Katherine, intentando cambiar de tema.
—Se me fue el tiempo, me tengo que ir —dijo Rosa revisando su reloj—. Sabes que mi agenda es muy apretada durante el día.
—Esta bien. ¡Adiós!
Ambas se abrazaron cariñosamente. Katherine sintió que el abrazo de Rosa era completamente sincero y reconfortante.
Luego de ver marchar a su vecina, Katherine entró en la floristería soltando un largo suspiro.
El ambiente adentro se sentía tenso, pesado, casi como un campo de batalla.
Caminó con paso decidido hacia donde estaba Nasly.
Sin embargo, lo que no sabía era que Nasly también la estaba esperando, dispuesta a romper el silencio.
—Katherine… quiero hablar contigo —dijo Nasly antes de que ella pudiera emitir palabra.
—Yo también —respondió Katherine seriamente.
—Lo que te voy a decir… tal vez me cueste tu amistad —murmuró Nasly, y los ojos se le llenaron de lágrimas.
—Nasly, no me asustes así. ¿Qué pasó? —preguntó Katherine, perdiendo la postura firme.
—Lo siento tanto, Katherine… pero tengo que decirte la verdad. No soy la persona que crees. No soy tan inocente como tú.
—Eso lo sé, Nasly. Sé que has tenido tus experiencias en la vida —dijo Katherine, confundida.
—Es que… trabajo en un club nocturno por las noches —confesó Nasly entre sollozos—.
Por esa razón a veces no puedo chatear contigo, o cuando ves que estoy despierta de madrugada es porque estoy trabajando como bailarina y mesera.
Con ese dinero ayudo a mi madre y pago todas mis necesidades.
Por eso nunca me preocuparon las ventas bajas de la floristería…
Lo siento tanto por ocultártelo, Katherine.
Eres tan pura que pensé que no querrías tener a alguien como yo como amiga.
Nasly rompió a llorar desconsoladamente, incapaz de sostenerle la mirada.