40. Un peón en el tablero y una mentira piadosa
Un peón en el tablero y una mentira piadosa
«Momento incorrecto para Katherine», pensó John con el cuerpo tenso mientras observaba al fiscal Nilow parado frente a su celda.
—Pensé que ya no querías volver a verme. ¿Qué te trae por aquí? —preguntó John con voz fría.
—Vaya, veo que te diviertes bien aquí adentro… Te gustan jóvenes y tiernas, ¿eh? Es hermosa, la verdad. ¿Es tu novia? —inquirió Nilow con una sonrisa maliciosa.
—No tengo novia —respondió John con seriedad, buscando sacar a Katherine de la ecuación a toda costa—. Es la psicóloga que me está dando terapia. Puedes contratarla si quieres; al parecer tú también necesitas una consulta urgente.
Nilow borró su sonrisa y se acercó a las rejas.
—Me dijeron que Carol estuvo por aquí. Espero que no te hayas tomado lo que me corresponde.
—Eso nunca fue tuyo —dijo John, soltando una risa sarcástica—. Caíste en su trampa y le hiciste daño a un hombre que ni siquiera tenía asuntos pendientes contigo, fiscal.
—¿Tú crees que voy a dejar que se salga con la suya así porque sí? Sé cobrar mis cuentas en el momento preciso. Tal vez no sea hoy, pero esperaré el momento indicado —sentenció Nilow, con los ojos inyectados de rencor.
—Deberías dejarla en paz. Solo es una niña tonta jugando una partida que no le corresponde. No te rebajes. ¿Acaso no tienes a tu familia? ¿Qué ganarías con esto? —intentó persuadirlo John.
—¡Mi orgullo, John! Soy un hombre. Cumplí mi parte, hice lo que tenía que hacer y así me paga, ignorándome. Ella será la próxima presa; contigo ya terminé.
John sintió un ligero alivio al saber que el fiscal ya no tenía nada en su contra y que no investigaría a Katherine por ese lado, pero al mismo tiempo le preocupó Carol. A pesar de su traición, sabía que era solo una joven caprichosa metiéndose en un juego mortal con hombres peligrosos.
—Haz lo que tengas que hacer. Mi consejo para ti es que sigas tu camino. Si intentas hacer algo, tal vez no te guste lo que verás en el futuro —advirtió John, intentando proteger a Carol también.
—¿Me estás amenazando, John? —preguntó Nilow, dando un paso al frente.
—Sabes qué, tengo hambre. Retrasé mi hora de almuerzo, así que si me lo permites, déjame comer por favor.
Nilow, furioso por la indiferencia de John, se dio la vuelta.
—No juegues conmigo otra vez —dijo saliendo del pasillo.
Al caminar por la comisaría, el fiscal se topó con el oficial Luke. Lo agarró fuertemente del brazo y le habló en tono amenazante:
—Investiga a esa chica que acaba de salir de la celda de John. Búscala en las cámaras de seguridad y tráeme toda su información de inmediato.
Luke quedó paralizado por el susto. «¿Y ahora qué pasó?», se preguntó, totalmente confundido. En cuanto Nilow se alejó, Luke corrió de prisa hacia la celda de John.
—John, ¿qué le dijiste al fiscal Nilow? —preguntó agitado.
—Nada —respondió John tranquilamente.
—¿¡Entonces por qué me mandó a investigar a Katherine!?
John se puso de pie de inmediato, con la mirada endurecida.
—No la relaciones conmigo. Quiero que prepares un informe falso. Pon que es una psicóloga que trabaja en un hospital y que se va del país si es necesario.
—¿Tú crees que no se enterará de la verdad? Si descubre el engaño, pensará que soy tu cómplice. ¡Mi trabajo está en juego, John! —exclamó Luke, aterrorizado.
—Todo saldrá bien, tengo una idea —dijo John con frialdad analítica—.
Enfermate. Pide una licencia médica hoy mismo y deja en tu escritorio el informe ya redactado.
Cuando Nilow designe a otro oficial para el caso, este buscará el expediente que dejaste listo y se lo entregará directo al fiscal. Así tú quedas limpio.
Luke lo pensó por un par de segundos y sonrió con alivio.
—Está bien. Manos a la obra.