Dile No al Deseo 39. Conexiones peligrosas y verdades a medias
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39. Conexiones peligrosas y verdades a medias

Conexiones peligrosas y verdades a medias

Katherine se quedó sin palabras ante su frialdad.

—¿Por qué dices eso? Pensé que sentías algún interés por mí —dijo con la voz entrecortada—. Quiero conocerte, John. No quiero ir de prisa como supones, quiero que sea despacio.

—Es que yo no voy a conocerte, Katherine. No soy el tipo de hombre que sueles conocer —dijo John, mirándola fijamente.

—Pero que estés en prisión no significa que seas malo, John. Tal vez solo fue un error. Por favor, no me apartes de tu lado —suplicó Katherine, aferrándose con fuerza a sus brazos.

—No soy para ti, Katherine. Confórmate solamente con imaginarme —sentenció John, apartándose de su agarre.

—Pero, John…

—Estarás bien —la interrumpió él.

Sin previo aviso, acortó la distancia, la besó nuevamente en los labios y la abrazó con suavidad. Katherine sintió un calor y una sensación de protección que hacía años que no experimentaba. Quería sentirse suya, pero la barrera invisible que John levantaba a su alrededor lo impedía.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó Katherine, apoyada en su pecho.

—¿Leíste el periódico? —preguntó John a su vez.

—No —respondió ella.

—Cuando llegues a tu casa, puedes leerlo. Ahí lo entenderás.

—Tengo una vecina que es periodista. Creo que trabaja en un periódico importante, voy a decirle que me preste uno —comentó Katherine con inocencia.

—¿Cómo se llama tu vecina? —inquirió John, alzando una ceja.

—Se llama Rosa. Es una chica muy agradable.

—Conque Rosa… —John soltó una carcajada seca y carente de humor—.

Pues ella no solo puede pasarte el periódico, sino también informarte muy bien, porque fue precisamente ella quien escribió ese artículo tan denigrante hacia mí.

Tiene mucha creatividad. Por favor, envíale saludos de mi parte, y dile que no lo tome como una amenaza… solo son los saludos de John.

—¿En serio? —Katherine frunció el ceño, confundida—. Tal vez solo le pasaron la noticia y ella la redactó. Es una chica muy dulce, la verdad no creo que se atreva a hacerle daño a alguien que no conoce.

—Te sorprendería lo que son capaces de hacer las personas que tenemos a nuestro alrededor —afirmó John con tono sombrío.

Katherine se quedó pensativa.

—Cuando esté en casa hablaré con ella. Tal vez pueda escribir un nuevo artículo si me explicas lo que no está bien —dijo Katherine, encogiéndose de hombros.

—¡Que lo deje como está! Creo que sin esa descripción sensacionalista, a nadie le importaría leer sobre mí —replicó John con cinismo.

Katherine rio por lo bajo ante su comentario. En ese instante, los oficiales de custodia se acercaron a los barrotes.

—Solo le quedan diez minutos de visita, señorita —anunciaron antes de volver a darles la espalda.

John le acomodó el cabello a Katherine y le dio un beso suave, acariciando sus mejillas y su piel con inmensa delicadeza.

Katherine simplemente se dejaba llevar, sintiendo el amor y la profunda conexión que vibraba entre ellos.

Levantó las manos, tomó el rostro de John y lo miró a los ojos con determinación.

—Yo sé que no eres malo, John. Y voy a demostrarte que estás equivocado contigo mismo —le prometió, acariciando su rostro con los pulgares.

Al sentir las manos de ella sobre su piel, John cerró los ojos y se dejó llevar. Por un instante olvidó el encierro, el juicio y a sus enemigos; se sentía como si flotara en el cielo, envuelto en la abrumadora dulzura de Katherine.

—Me tengo que ir —susurró ella, rompiendo el momento mágico.

—Es lo mejor —dijo John, abriendo los ojos y apartándola lentamente para volver a la realidad.

—Vengo mañana —sonrió Katherine, caminando hacia la puerta.

—Espero que no —murmuró John, genuinamente preocupado por el peligro que él representaba para ella.

Los oficiales abrieron la pesada puerta de hierro. Al salir de la celda y adentrarse en los pasillos de la prisión, Katherine chocó de frente con el fiscal Nilow. Ambos se miraron a los ojos durante un segundo cargado de tensión, y luego, sin decir palabra, cada uno siguió su camino.